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Llego a mi casa y vuelvo a hablar un rato con Dani y le comento que sé que Sandra también ha hecho esa promesa.

-Sí, y te diré que David, Daniela y Jaime también me la han hecho.

-Si te soy sincera, no entiendo su sentido.

-Lo sabrás cuando llegues.

-Dani, no seas así, no me tengas en ascuas.

-Es mejor que lo sepas en su debido momento.

-¿Por qué?

Con la misma, se despide porque le llaman para cenar. Me quedo un tanto intranquila, puesto que pienso que tiene razón cuando dice que lo sabré a su debido tiempo.

Al día siguiente, llamo a David para convencerle de ir todos a la playa, ya que voy a estar una semana sin verles. Acepta mi propuesta y decide avisar al resto vía Tuenti.

Al cabo de un rato, me manda un mensaje y me comenta que han quedado a las 2 y cuarto en el Sardinero, en el mismo sitio de siempre.

 

-Narra David-

La veo bastante ilusionada, pero tengo una sensación rara en el cuerpo. Pienso que va a pasar algo que no la va a gustar mucho. No sé si eso ocurrirá, pero tengo esa sensación.

Creo que no es buena idea comentarlo, me va a decir que hay una extraña razón por la que no quiero que vaya a su lado. Al contrario, yo he sido el principal interesado en ese viaje, pero, tras la promesa de Dani, hay algo que me ha hecho cambiar de parecer.

Sí, es verdad que ambos se merecen estar juntos con todo lo que han pasado, aunque… da igual, sé que si pasa algo, yo seré uno de los que esté a su lado.

A las 13.30, decido salir de casa para ir con cierta tranquilidad hacia la parada del autobús. Sigo dando vueltas a la promesa de Dani, porque me ha comentado por el Tuenti que no va a soltarme prenda, que la única que tiene que saberlo es Elena cuando esté allí.

 

-Narra Elena-

A las 2 y diez llego a los “bajos” y me siento en las escaleras para esperarles. La primera que llega es Sandra y se sienta a mi lado. Me comenta feliz que tiene un montón de ganas de que tiene la sensación de que lo voy a pasar genial.

-Sí, tienes razón.

-Creo que lo pasaréis mejor que en el campamento.

-No será ni mejor ni peor. Será diferente.

-Cierto.

A los pocos minutos, aparece David y, detrás y, sin que éste se percate, llegan Jaime y Daniela. David me da un abrazo y me pregunta al oído sobre cómo llevo la maleta. Le comento que ya no me falta de meter nada y que esa noche no voy a dormir.

Al cabo de un rato, Jaime me pregunta sobre la hora en la que sale mi autobús. Contesto que sale a las 9 de la mañana, por lo que es probable que llegue a Cáceres sobre las 6 de la tarde.

Al cabo de un rato de colgar con Dani, mando un mensaje a Sandra a ver si la apetece quedar un rato esa tarde. Me comenta que sí, porque dice que tiene ganas de ir a ver una película al cine.

-Aparte de querer ir al cine, tengo ganas de preguntarte una cosa.

-¿Y no lo puedes hacer ahora?

-No, prefiero decírtelo en persona. Creo que me conoces lo suficiente.

-Bueno, pues entonces a las 5 en la parada del Ayuntamiento.

-Vale, allí nos vemos.

Llega la hora de comer y decido parar un poco de hacer la maleta, alegando que prefiero dejar ciertos detalles para el final.

A las cinco menos veinte de la tarde, decido salir de casa para bajar tranquilamente hacia el Ayuntamiento. Cuando llego a la parada, Sandra todavía no ha llegado. “Es pronto, creo que no tenía que haber salido tan pronto de casa”.

Sandra llega un par de minutos antes de las cinco. Me da dos besos y nos ponemos a hablar tranquilamente. Llega el autobús y seguimos hablando de cosas sin importancia. Al cabo de un rato, más o menos un cuarto de hora, la pregunto sobre lo que me comentó que me tenía que decir.

-No sé si te va a gustar, pero creo que he de decírtelo.

-Dímelo y, si no me gusta, trataré de llevarlo lo mejor que pueda.

-A ver, intentaré ser clara. Creo que Dani te ha pedido que vayas porque le pasa algo.

-Yo también lo he notado, puesto que el otro día me hizo prometerle que no le olvidase nunca, pasase lo que pasase.

-A mí también me lo ha dicho, pero no estoy del todo segura que vaya a pasar algo cuando estés allí.

Llegamos al cine y cogemos unas entradas para ver una comedia que Sandra tenía ganas de ver. Tras coger las entradas, bajamos a Hipercor con el fin de aprovisionarnos de algo para beber.

Vemos la película que trata sobre una pareja que se encuentra por las calles de Manhattan después de unos cuantos años sin tener noticias el uno del otro. Esa pareja comparte bastantes cosas con Dani y yo, pero con una diferencia, que ellos viven en la misma ciudad. Esas cosas que Dani y yo compartimos con esa pareja es, principalmente, que ellos también se conocieron en una acampada de verano.

Salimos de la película y comento que la pareja me ha hecho acordarme un montón de Dani.

-Es cierto, compartís muchas cosas. Por eso quería verla.

-¿Me has hecho venir a verla para que pensase en él?

-Sí, porque confío en que Dani y tú podáis cumplir todos los sueños que os propongáis.

-Sandra, creo que la promesa que le hemos tenido que hacer significa que algo pasa y confío en saberlo dentro de dos días.

-Ahora que sacas el tema de ir a su casa, he de pedirte una cosa: sé feliz y disfruta, al máximo, de su presencia.

-Sabes que lo haré, pero sabes que no tengo pensado hacerlo porque me lo pidas, si no porque, tanto él como yo, nos lo merecemos.

Cuando nos dirigimos a coger el autobús para volver a casa, me suena el teléfono. Es Dani. Se le cojo y me pregunta dónde estoy, que me lleva un rato llamando a casa y no le cojo el teléfono. Le comento que estoy con Sandra, que hemos estado viendo una película, a lo cual Dani responde que le parece bien que me airee por las tardes y que no pase demasiado tiempo preparando la maleta, alegando que le voy a gustar lleve la ropa que lleve.

-Dani, no sé como haces para sacarme siempre una sonrisa.

-Lo hago sin proponérmelo. Aunque reconozco que a mí me pasa lo mismo.

-Bueno, te dejo que sigas hablando con Sandra, llámame cuando llegues a casa. Un beso, peque.

-Otro para ti de parte de Sandra y mío.

Subimos al autobús y voy, durante todo el trayecto, con una sonrisa dibujada en mi cara. Comento que la llamada de Dani me ha alegrado la tarde y Sandra confirma el hecho.

Ya en el Ayuntamiento, bajamos del autobús y seguimos hablando unos diez minutos más hasta que miro el reloj y me alarmo de la hora que es.

-Creo que, por tu cara, es hora de irse a casa, ¿me equivoco?

-Para nada, tengo que llamar a Dani, es en lo que hemos quedado antes.

-Bueno, Elena, me lo he pasado genial. Espero poder repetir más tardes como esta a tu lado.

-Yo también me lo he pasado genial.

Vuelvo andando hacia mi casa y, por una extraña razón, empiezo a comerme la cabeza con la promesa que hemos tenido que hacer a Dani. Se me hace extraño que nos lo haya pedido a Sandra y a mí y, tras estar pensándolo un rato, llego a la conclusión de que pasa algo, pero no creo que sea buena idea preguntarle antes de tiempo y que tengo que sonsacárselo cuando ya esté en su casa.

Cállame con un beso

Hoy, después de terminar a las tantas de la noche Cállame con un beso, la tercera y última parte de Canciones para Paula, me gustaría hacer una entrada para expresar mis emociones durante la lectura del libro.

El tiempo pasa en la vida de Paula. Nuevas experiencias, nuevos amigos, nuevas dificultades… La distancia es mal rival para el amor. Tendrá que tomar decisiones importantes, pero ninguna de ellas será fácil. Y menos después de todo lo que pasa en Londres… Alex está empeñado en convertirse en un gran escritor, aunque tiene otras cosas en su mente que le preocupan. Diana y Mario, por su parte, se verán envueltos en situaciones al límite donde deberán elegir cuál es la mejor opción. Las Sugus se han distanciado, pero… ¿algún día podrían volver a unirse? En aquellos días de diciembre, parece muy complicado…

Tras sentir una gran cantidad de emociones con Canciones para Paula y Sabes que te quiero, llegaba la hora de leer Cállame con un beso, el final de los tres libros, el desenlace de la historia que ha robado el corazón a un montón de lectores, tanto en la edición de papel como en las redes sociales. Al fin he tenido la oportunidad de saber cómo la iba a ir a Paula en Londres, porqué Miriam estaba tan cambiada… Dicen que la distancia es mala consejera en las relaciones de pareja, pero, si uno se rinde antes de tiempo, todo está perdido, o al menos, en parte.

Para mí, Cállame con un beso me ha conmovido de tal manera que, al final del libro, me he echado a llorar como una tonta -sí, lo sé, en realidad no voy a tener la historia de amor de Paula y Alex, pero el final del libro le puede pasar a cualquier persona-.

Me encanta la manera que tiene Francisco de Paula, o Blue Jeans, como es conocido en sus libros, de escribir los capítulos, de terminarlos de tal manera que te dan ganas de leerte el libro hasta el final.

Los días van pasando lentamente a la vez que, poco a poco, se acerca el día.
Durante todo el mes de agosto voy, a diario, a la playa con “el grupo”, siempre que podíamos. Cuando no se podía ir a la playa, por lo general era porque el tiempo no lo permitía, solíamos ir a dar una vuelta y a tomar algo por el centro.
Una de esas tardes que estuvimos por el centro, recibí una llamada. Cogí el teléfono y solo se entendía, tras todos los ruidos, “No te olvides de mí. Ven a mi lado y no te vayas”. Comento a Sandra el contenido de la llamada y ésta me dice que supone que sea alguien que se aburra mucho, porque, tanto ella como yo, no conocemos el número del destinatario.
Pasamos la tarde y, cuando estamos a punto de irnos para casa, David me pide que me quede un rato más con él.
-¿Qué quieres?-pregunto con una sonrisa.
-Te queda poco para irte a casa de Dani. ¿Estás nerviosa?
-Llevo todo el mes con los nervios a flor de piel. ¿Cómo no iba a estarlo ahora?
-Sé que te lo vas a pasar bien. Te mereces estar a solas con él.
-¡Qué mono! ¿Te he dicho alguna vez que soy feliz gracias a ti?
-No te entiendo.
-Si no fuese gracias a tus consejos, no habría conseguido la amistad que he conseguido al lado de Dani. Bueno, te dejo, me voy a ir yendo para casa.

-Narra David-
Se va alejando poco a poco. Hay algo en ella que me hace ver cierto temor en la idea de estar con Dani, pero, eso sí, he de reconocer que la veo muy ilusionada con la idea de irse de nuevo a Cáceres.
Al cabo de un rato, me llama Dani y estoy hablando un poco con él. Le noto ilusionado, más incluso de lo que está Elena.
-¿Tienes ganas de que llegue Elena?
-No lo sabes tú bien. Sé que lo vamos a pasar bien, mejor que en el campamento, pero sigo sin estar del todo convencido de que quiera venir.
-Dani, tío, escucha. Te voy a ser sincero, tiene muchas ganas de ir. Hace cinco escasos minutos que me he despedido de ella y te diré que sí, que tiene muchas de ir.
-¿Me lo dices en serio o para que me tranquilice?
-Me conoces y sabes que en estas cosas nunca suelo mentir.
Seguimos hablando mientras espero a que llegue el autobús para irme a mi casa.
Cojo el autobús y, al poco de sentarme en la parte trasera, cuelgo con Dani, que me asegura que la va a hacer la chica más feliz del mundo durante la semana que va a pasar en su casa.

-Narra Elena-
Creo que Dani y yo nos hemos convertido en la “obsesión” de la otra persona.
Esa noche, antes de irme a dormir, recibo un mensaje en el móvil, que dice lo siguiente: “Son tres días los que quedan para vernos, cada día que pasa tengo más ganas de estar contigo. Te quiero, pequeña. Buenas noches”. El mensaje es de Dani y decido responderle deseándole unas buenas noches y que también tengo ganas de verle.
Al día siguiente, empiezo a preparar la maleta para que no se me eche el tiempo encima. Me pongo a hablar con Dani y le comento que ya estoy en plena preparación de la maleta.
-Peque, te quedan dos días. Se puede preparar mañana.
-Ya, tú te pondrías mañana, pero yo escojo la ropa con mucho cuidado. Porque ahora me apetece llevar una camiseta y dentro de cinco minutos me arrepiento.
-Reconozco que a las chicas no hay quien os entienda en materia de ropa.
-Me estás vacilando, ¿no? A vosotros tampoco hay quien os entienda, y no te digo nada.
-Bueno, Elena, no te incordio más y te dejo que sigas con la maleta.
-Sabes que tus llamadas no me molestan en absoluto.
Sigo hablando un rato con él hasta que se va alegando que tiene que hacer unos recados.
Cuelgo y sigo pensando un rato en él. Le sigo dando vueltas a la promesa que tuve que hacerle varios días atrás. Se me ha olvidado preguntarle a qué se refería con ello, pero me queda la cosa de que puedo preguntarle todo lo que quiera cuando llegue allí.

Quisiera informaros de que, a partir de este capítulo, en algunos de ellos voy a escribir los capítulos con cambios en la narración. En ocasiones pondré de narrador a otra persona.
Espero que os guste. Ahora, os dejo el capítulo 28.

-En un pueblo de Cáceres-
La echo de menos, todo lo que he vivido con ella es imposible de olvidar.
Es por la mañana, Elena no ha dado señales de vida. No sé si la dejan venir o no. De repente, suena el teléfono de casa. Es ella. Le cojo. Me da una buena noticia, la primera semana de septiembre viene a pasarla a mi casa. Estoy completamente feliz.
Reconozco que los diez días que he pasado con ella no han sido del todo buenos, he empezado a disfrutar a su lado cuando ya era un poco tarde, pero bueno, sé que cuando venga voy a poder mostrar mis cartas.
Recuerdo que cuando David nos presentó predije que sería una persona especial en mi vida, y así es, es una persona con la que quiero compartir todos los momentos, tanto buenos como malos, de mi vida.
Empieza a sonar en mi móvil “Cuéntame al oído” de La Oreja de Van Gogh. Esa canción me hace darme cuenta de que puedo confiar en ella.
Miro la foto que ella me ha regalado. En ella sale con una sonrisa en la cara, esa sonrisa que me ha conquistado. La mañana anterior, antes de irse a su casa, decidió dármela porque, según ella, quiere que tenga un grato recuerdo suyo. No sé cómo, pero sabe que esa foto, su favorita, se queda en buenas manos.
No sabría cómo explicar lo que siento por ella. Creo que es una mezcla de cariño y admiración, cariño porque tengo ganas de protegerla ante las cosas que pretendan hacerla daño, y admiración por la manera que tiene de hacer las cosas, posee un don extraño para hacer y deshacer las cosas a su antojo.
Al día siguiente, me llama con el fin de saber cómo me encuentro. Pienso que es una pregunta absurda, porque sabe que voy a pasar un mes pensando en su llegada.
-Vale. Sé cómo vas a pasar el mes, pero has de reconocer que yo también voy a estar nerviosa-comenta con tono alegre.
-¿Puedo pedirte una cosa?-pregunto, a pesar de que sé la respuesta.
-Las que tú quieras.
-Prométeme una cosa: prométeme que no te olvidarás nunca, pase lo que pase.
-Sabes que no puedo olvidarte, que eres de lo mejor que me ha pasado en la vida.
-En definitiva, que me lo prometes, ¿me equivoco?
-Claro que te lo prometo. Prometo no olvidarme de ti.
Seguimos hablando un rato, pero, tras la promesa que me ha hecho, empiezo a notarla algo rara. No sé qué es lo que pensará, pero supongo que no sea nada bueno, porque, aunque la conozco poco, sé que, cuando la noto rara, es porque no la pasa nada bueno, o porque he dicho algo que no la ha gustado, que es lo más probable.

-En Santander-
No entiendo el significado de la promesa que le he hecho, pienso que le pasa algo y que, por alguna razón, no me lo quiere contar. Confío en que me lo cuente cuando esté allí mientras pienso que ahora no lo cuenta para no preocuparme.
Estoy en casa, tirada en la cama, deseando, a cada minuto con más ganas, estar a su lado, hablando de cosas sin sentido, recordando los mejores momentos de los diez días.
De pronto me levanto hacia el ordenador con el fin de mirar las fotos de su Tuenti. Nada más entrar en su perfil, veo que, de principal, tiene una de las fotos que se hizo conmigo durante la última noche. Al ver la foto, empiezo a sonreír como una tonta. “¡Qué majo! Me acaba de convencer para ponerla yo también de principal” pienso mientras intento decidirme si poner o no un comentario.

Llego a los bajos del hotel Rhin, lugar donde había quedado con David, Sandra, y Daniela.
El primero en llegar es David, el cual me da un abrazo y me pregunta si he tenido alguna noticia de Dani. Le comento que he estado hablando con él por la mañana, para confirmarle que aceptaba su propuesta de ir a su casa la primera semana de Septiembre. David se alegra por la noticia, dándome otro abrazo. Al cabo de un rato, Daniela y Sandra llegan juntas y nos dan dos besos a cada uno, antes de comentarnos que Jaime se ha apuntado a pasar la tarde junto a nuestra compañía. El último en llegar es Jaime, que pide disculpas por la tardanza.
Bajamos a la playa y nos disponemos a buscar un sitio en el que poder, al mismo tiempo, darnos un baño y mirar nuestras pertenencias. Colocamos las toallas, mochilas y demás bártulos con el fin de bajar a refrescarnos al agua –es un día con bastante calor-.
Mientras bajamos al agua, Sandra me pregunta si he hablado con Dani, puesto que había hablado con él por el Tuenti y le había notado bastante emocionado por algo, solo que no le había preguntado el porqué de su emoción.
-Voy a ir la primera semana de septiembre a su casa. ¿O es que no te habías dado cuenta de que estaba demasiado contenta después de todas las emociones vividas?
-Te voy a ser sincera, te había notado demasiado feliz, más feliz que cuando me contaste que Dani y tú os habíais liado.
-Tengo ganas de ir, sé que va a ser buena idea conocerle en profundidad, aunque no estoy del todo convencida.
-¿Piensas que no vas a pasarlo bien?
-No es eso, solo que…
-Continúa.
-No creo que podamos conocernos tanto como queremos.
-No te entiendo, explícate.
-Dani me ha intentado convencer de que la presencia de sus padres no va a suponernos ningún problema, pero no estoy del todo segura. Sigo sin estar convencida de que vaya a caerles bien.
-Seguro que les caes bien, por eso no has de preocuparte. Has de pasarlo a su lado lo mejor que puedas.
Estamos en el agua haciendo el tonto durante, aproximadamente, media hora hasta que Sandra empieza a tener un poco de frío y Daniela se ofrece a salirse con ella. David, Jaime y yo nos quedamos un rato más y Jaime se interesa sobre Dani, queriendo sonsacarme novedades de nuestra amistad. “No sé cómo decirle que deje de meterse en donde no le llaman. Cada día le soporto menos” pienso intentando no hacer caso a lo que me ha dicho. David y yo nos miramos y me dice al oído que puedo contarle cosas, que no he de ser brusca con él, que lo hace desde la curiosidad.
Al cabo de unos diez minutos, salimos del agua con la intención de tomar un rato el sol antes de irnos a las ferias. Ya en el grupo, propongo que echemos unas partiditas de cartas. Para animar la partida, saco mi móvil y pongo algo de música. Empieza a sonar “Ni rosas, ni juguetes” de Paulina Rubio. A las 6 decidimos prepararnos e ir andando tranquilamente hacia las ferias.
Antes de salir de la playa, decido recogerme el pelo en una coleta para intentar que el pelo me moleste lo menos posible.
Mientras vamos caminando hacia las ferias, mi mente se ausenta y recuerda todos los momentos vividos junto a Dani. Vuelvo a pensar en todas las cosas que he pasado a su lado. Cuando me quiero dar cuenta, estamos ya en las ferias.
-Te he notado ausente durante todo el camino. ¿En qué pensabas?-pregunta David.
-Sabes perfectamente en quién pensaba.
-¿Vas a estar todo el mes igual?
-No me seas así, que no te cuento más.
-No te pongas así, que era una broma.

Hoy, 8 de marzo, es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre el tema.
He de reconocer que España es un país en el que se han conseguido ciertos adelantos en el tema de la igualdad entre hombres y mujeres, pero todavía quedan algunas cosas por hacer.
Esta mañana he oído una noticia que me ha chocado bastante, pero que es la realidad: en el único sitio de España en el que, por el mismo trabajo, los hombres y las mujeres cobran lo mismo, y este sitio es la fábrica de SEAT en Mataró. Es una noticia que, como ya he anunciado, me ha chocado bastante y creo que, si todos ponemos de nuestra parte, conseguiremos la igualdad total.
La igualdad tiene que empezar por la aceptación total de la mujer, porque si no nos aceptamos a nosotras mismas, no conseguiremos nada.
Gracias a Dios vivimos en un país en el que cada uno puede decidir con quien salir y con quien decidir formar una familia.
Creo que, entre todos, podemos conseguir que la mujer consiga llegar a los mismos puestos de responsabilidad de los hombres, todo ello con preparación y esfuerzo, claro está, y creo que tendría que ser, en cierto modo, obligatorio que hombres y mujeres cobrasen lo mismo por realizar las mismas tareas.

Después de estar dando una vuelta, llegamos a casa, ya que el viaje ha sido demasiado largo y me apetece meterme en la cama a descansar.
Justo antes de meterme en la cama, decido mandar a Dani un mensaje. Le pido disculpas por la tardanza y le digo que tengo ganas de ir a su casa, que me diga el día que le viene bien para ir.
De pronto, me encuentro sentada en el árbol, en nuestro árbol, con el móvil en la mano, esperando a Dani. Después de estar un largo rato esperándole sin que dé señales de vida, me dispongo a levantarme e irme. A lo lejos, oigo una voz que me llama. Dirijo mi mirada hacia la procedencia de la voz y no veo a nadie. Intento acercarme hacia ese sitio, pero no lo consigo, puesto que tras cada paso que doy, siento que no avanzo nada y que ese lugar se encuentra cada vez más lejos. Con la misma, me doy la media vuelta para irme hacia otro lugar. Al cabo de unos minutos andando sin rumbo fijo me siento a la sombra de un árbol a descansar y veo que una silueta se acerca a mí. No puedo distinguir quién es ya que la niebla me lo impide. Intento concentrarme para descubrir de quién es la sombra que se acerca poco a poco a mí.
Me despierto sobresaltada y tardo en darme cuenta de en dónde estoy. Cojo mi móvil para mirar la hora y mi sorpresa es que casi no he dormido nada, que apenas han pasado dos horas desde que me he metido en la cama. Vuelvo a posar el móvil en el mismo lugar en el que le había dejado al irme a dormir.
Me doy en la vuelta a la cama y, sin quererlo, me pongo a pensar en Dani y en todo lo que he vivido con él. Ese recuerdo me hace emocionarme, pero mi conciencia me pide que sea fuerte, que voy a pasar unos días a su lado. Con la misma, empiezo a pensar que, en realidad, solo le tengo un cariño enorme, pero, a pesar de conocerle de poco tiempo, hay algo que me hace querer saber de él en todo momento, controlar sus movimientos…
Al día siguiente, me levanto tarde y bastante descansada. Según miro el móvil, descubro algo que me ilumina la cara: tengo un mensaje de Dani en el que me comenta que me invita a su casa la primera semana de septiembre. Llamo a mis padres para preguntarles si me dejan en esas fechas ir a Cáceres a pasar esos días junto a él, ellos aceptan, puesto que saben que pasar esos días con Dani me van a permitir conocerle mejor y ser feliz a su lado.
Rápidamente, le llamo a su casa para hablar con él.
-¿Qué? ¿Te dejan o no?
-Pues claro que me dejan, ¿o pensabas que mi llamada te iba a dar malas noticias?
-Podía ser, pero me acabas de alegrar el día. Ya estoy deseando que llegue el día 1 de septiembre. Este mes se me va a hacer eterno.
-A mí también, pero sé que lo pasaré genial contigo.
-Genial es poco, tonti, prometo hacerte la mujer más afortunada del mundo durante esa semana.
-Bueno, pequeño, he de dejarte. He quedado a las tres con estos para ir a la playa.
-Pasarlo bien y diles que ya les echo de menos.
-Yo sí que te echo de menos.
Empiezo a prepararme para comerme un bocadillo en la playa con mi familia y marcharme a pasar la tarde con ellos. Bajo tranquilamente al centro a coger el autobús y empieza a sonar mi móvil. Me llama David para comentarme que, sobre las 6.30-7.00 de la tarde, vamos a ir a las ferias. Me pregunta que si me parece buena idea y le digo que sí, que está genial. Compruebo a ver si he cogido dinero para la tarde, y así es, dispongo de unos 30 € para pasar la tarde con el grupo.
Llego a la parada y me siento a esperar un autobús, cojo el primer autobús que pasa y sé que me va a dejar en el Sardinero. Voy tranquilamente escuchando música y la primera canción que me pongo a escuchar es “Amor clandestino” de Maná. Inmediatamente, me pongo a pensar en Dani, ya que es una canción con la que identifico la relación que hemos mantenido durante el campamento. Llego a la playa con bastante hambre –no he desayunado- y mi madre me prepara mi bocadillo para que me ponga a comer y me vaya tranquilamente hacia el punto de reunión con los “chicos” del campamento.

Todos aceptamos en ir a la playa si hace bueno y empezamos a organizar hora y lugar. Intentamos ponernos de acuerdo sobre la hora, porque el lugar le decidimos enseguida.
Después de intentar organizarnos durante unos diez minutos sobre la hora, conseguimos decidirnos, ya que el objetivo de todos es dormir hasta bien entrado el mediodía.
Llegamos a Santander a eso de las seis menos veinte y, para despedirnos, nos damos un abrazo conjunto y quedamos en vernos al día siguiente en el lugar y a la hora establecidas.
Llego a casa y, justo después de vaciar esa maleta llena de grandes y buenos recuerdos, me meto en mi habitación e intento localizar a Dani en su casa. Estoy un rato hablando con él y me pide que, cuando quiera, pueda y me dejen, vaya a su casa a pasar unos días.
-Sabes que estoy encantada de la vida de ir allí, pero…
-¿Qué sucede ahora?
-No estoy segura de que a tus padres les haga mucha gracia.
-Por eso no te preocupes, se lo he comentado esta mañana y no me han puesto ninguna pega.
-No estoy segura de que les vaya a caer bien. No me han visto nunca.
-Me estás dando a entender que no quieres venir, que el viaje te ha cambiado.
-Eso no es cierto, pero el tener cerca la presencia de tus padres me da un poco de cosa.
-Te diré que mis padres nos van a dejar vía libre para entrar y salir. Pero bueno, cuando te decidas, me llamas y hablamos.
-¿No quieres seguir hablando conmigo? Porque desde que te he dicho lo de la presencia de tus padres, te noto frío y distante.
-Sabes que sí, que quiero seguir hablando contigo, pero tengo que deshacer la maleta.
Con la misma, finaliza la llamada y yo me quedo allí, tumbada en mi cama, con el teléfono aferrado a la mano. Me doy cuenta, después de mucho pensar, de que a Dani le ha incomodado algo de lo que le he dicho.
Pienso que tendría que llamarle para pedirle disculpas por lo que he dicho, ya que, en ningún momento, he pretendido ofenderle o incomodarle. Pero mi conciencia me dice que lo deje estar, que va a ser peor.
Al cabo de un rato, el sonido de la puerta me despierta de mis pensamientos. Mi madre entra en mi habitación con el fin de saber si tengo algo de humor y ganas para ir a dar una vuelta. Acepto alegando que, a pesar de estar cansada tras el largo viaje en autobús, me vendrá bien despejarme un rato. Me dispongo a coger algo de ropa de mi armario cuando oigo que mi móvil emite un pitido que significa que alguien me ha mandado un mensaje. Me acerco nerviosa a leer el mensaje recibido. El mensaje es el siguiente: “Hola, siento mucho que me hayas notado frío y distante. Estoy cansado y bastante vulnerable a alguna cosa de las que me has dicho. A pesar de todo, sigo teniendo ganas de verte”. Me quedo un poco rara sin saber que contestarle y prefiero esperar un rato a hacerlo.
Dejo el móvil posado encima de la cama y me dirijo al armario para encontrar algo de ropa para salir. Después de pasar cinco minutos sin saber que ponerme, opto por ponerme un pantalón corto de color blanco, una camiseta con un mensaje positivo y unas romanas negras.
Me miro al espejo de mi habitación y, a pesar de no estar del todo convencida de la ropa que he escogido ponerme, decido que está bien el modelito elegido para la ocasión.
Estoy dando una vuelta con mis padres hasta que, de pronto, alguien me da un pequeño susto. Me doy la media vuelta y veo que David es la persona que me ha dado el susto. Me da dos besos y me mira sonriente.
-Ya sé que has estado hablando con Dani. Me ha mandado antes un mensaje.
-Parece que no se puede hacer ni decir nada. ¡Cómo corren las noticias!
-Ya ves. ¿Puedo darte un consejillo?
-Dime.
-Te recomiendo que pases unos días a su lado. Tanto tú como él necesitáis, y os merecéis, estar juntos sin la presencia del resto del grupo.
-Ya lo sé, pero no estoy segura.
-Anímate. Sabes muy bien que lo pasaréis de madre, mejor que estos diez días. He de dejarte, he quedado en diez minutos y si sigo hablando contigo me parece a mí que no llego.
-Bueno, mañana tendremos tiempo de hablarlo tranquilamente.
Sigo dando una vuelta con mis padres y contándoles casi todo lo que he hecho durante los días del campamento. Al cabo de un rato, cuando termino de contarles las cosas del campamento, me preguntan sobre la conversación que he tenido con David. Les comento que Dani quiere que vaya unos días a su casa, pero que no estoy segura de hacerlo. Me aconsejan que, si de verdad tengo ganas de ir, me dan su permiso para hacerlo.

Nuevo proyecto

Hola, lector@s, a pesar de estar dentro del proyecto “Prometo no Olvidarme de Ti”, reconozco que soy una “pluma inquieta” y ya tengo otro proyecto en mente. Todavía no tengo pensado el título que voy a ponerle, pero lo que sí os voy a dejar es la idea que tengo.
No sé si será la que lleve a la práctica o no, pero os voy a dejar una especie de “síntesis” de lo que tengo pensado escribir. Me gustaría que me dieseis vuestras opiniones sobre lo que os parece el proyecto, estaré encantada de recibirlas.
Bueno, no me enrollo más y aquí os lo dejo.

Chica universitaria que vive en un piso de alquiler con sus dos mejores amigos.
Es una historia de amor en la que Emma, la chica universitaria, tiene que enfrentarse a los sentimientos que Alberto y Sergio sienten hacia ella.
Al principio, Emma les pide tiempo para aclarar sus sentimientos.
En el momento que empieza a aclarar los sentimientos, aparece en sus vidas Luis, un universitario compañero de Alberto, que consigue dar cierta seguridad a Emma. Emma se “enamora” de Luis y no hace caso a lo que algunos conocidos de Luis, con los que Emma va a clase, la dicen.
Emma tarda un tiempo en darse cuenta de que los comentarios que ha oído sobre Luis eran ciertos.
Alberto y Sergio tratan de olvidar lo que sienten hacia Emma, pero, al darse cuenta de que es imposible de olvidar y de obviar, deciden meter algo de presión a la chica para que se aclare y decida.
Aquí es cuando Emma empieza una larga y profunda reflexión sobre el daño que podría hacer a cada uno de ellos si empieza a salir con el otro.

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