Caprichos y secretos de la Infancia. Capítulo 26.

Felicidad.

La mañana no tiene ningún sobresalto extraño. Ángel intenta varias veces hablar conmigo, pero solo consigue sacarme algún que otro monosílabo. Rodrigo no sale, en ningún momento, del despacho. Por lo menos, yo no le veo asomar la cabeza.

Cuando llega la hora de comer, me siento en la misma mesa de todos los días. Varios minutos después, Ángel y Rodrigo vienen a mí.

-Queremos hablar contigo –dice Ángel.

-No podemos estar sin ti –comenta Rodrigo-. Estamos dispuestos a hacer cualquier cosa para que no pases de nosotros.

-Un momento que yo me aclare. ¿Vais a reconciliaros por mí?

-Lo estamos intentando, pero ya sabes que esto no es coser y cantar –insiste Rodrigo.

-Vamos, que todavía no habéis hecho las paces.

-Estamos en ello –se mete Ángel de por medio para tapar la metedura de pata de Rodrigo.

-Bueno, me voy a trabajar un rato.

Tras Ángel subir de la cafetería, me pide que confíe en ellos, que se encuentran al borde de hacer borrón y cuenta nueva. De primeras, no sé si creerle del todo, pero, a pesar de que quiero que ambos se lleven bien, estoy consiguiendo mantenerme neutral con ambos.

Rodrigo se marcha de la oficina a las 6.30 de la tarde. Se despide gentilmente de ambos y, de manera disimulada, acaricia mi espalda para transmitirme seguridad y confianza.

Cuando Ángel y yo salimos de la oficina, vemos a Rodrigo charlar animadamente con Martina. A simple vista, parece una charla tranquila entre dos personas que trabajan en la misma empresa, pero, por la sonrisa de Martina, nada bueno se pueden traer ambos entre manos.

Rodrigo nos ve, se despide de Martina y se ofrece a acercarnos a casa en coche. Ángel acepta sin dudarlo ni un segundo, pero a mí me cuesta más decir que sí a la propuesta.

Nos metemos todos en el coche. Ángel y yo vamos sentados detrás. Él agarra mi mano en varias ocasiones, aunque yo soy una chica lista y consigo llevar las manos libres en todo momento.

Me pongo de tal manera para que, si Ángel quiere coger mi mano, Rodrigo tenga que darse cuenta de ello.

Llegamos a mi casa y Rodrigo aparca donde siempre, en el único hueco que hay frente a mi portal.

Subimos los tres a casa y, nada más entrar, me encuentro a mi hermana sentada en el sofá, entre lágrimas.

-Ceci, ¿se puede saber qué haces aquí?

-Tenemos que hablar. Es urgente.

-Espera un momento.

Salgo a la entrada y comento a mis “hombres” que no es el mejor momento para estar en casa. Les digo que, en cuanto podamos reunirnos todos, se lo hago saber.

Recibo dos besos de cada uno y, al cerrar la puerta, mi hermana se levanta del sofá y se echa a mis brazos.

-¿Se puede saber qué narices te pasa? ¿Y por qué narices no me has avisado?

-No me he dado cuenta ni de llamar. Tenía que venir a verte, sí o sí. Creo que me estoy enamorando de quién no debo.

-Sé más clara, hermanita. Que no me estoy enterando de nada.

-Me estoy ilusionando con la simple presencia de Rodrigo.

Me enfado, aunque intento mantener la calma. No entiendo a qué viene ahora que mi hermana me diga esto. Ella, que ha intentado por activa y por pasiva separarme de él. Aunque me empiezan a encajar las fichas del puzzle.

Ahora entiendo por qué me pedía que me olvidase de él, que todo lo que el haría sería para hacerme daño. Aunque, a decir verdad, eso solo han sido excusas porque se estaba comenzando a dar cuenta de sus sentimientos.

Cecilia vuelve a abrazarme y me pide, entre sollozos, disculpas por todo lo que me ha intentado meter en la cabeza de mi jefe.

-No te entiendo, de verdad. Primero, me pides a toda costa que me olvide de lo que pueda llegar a sentir por Rodrigo, que evite hacerme ilusiones con él. ¿Y ahora qué? ¿Qué tienes que decirme?

-Ahora veo las cosas de una manera muy diferente.

-Me da igual, Cecilia. Me duele que me hayas intentado hacer creer que no me convenía. Y, ahora que le conozco y sé que es buena persona, me vienes con estas.

-Por muy buena persona que parezca, no significa que él tenga una doble cara. Porque a mí me está pasando igual.

Con la misma, pido a mi hermana que se marche de mi casa. Lo hace con lágrimas en los ojos.

Según se cierra la puerta de casa, yo también me echo a llorar. ¿De verdad mi hermana está enamorada de Rodrigo? Si es así, ¿desde cuándo lo está? ¿O, en verdad, tiene razón y ella está en lo cierto con lo que piensa de mi jefe?

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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