Caprichos y secretos de la infancia. Capítulo 29.

Lágrimas

Según Ceci entra por la puerta, se echa a mis brazos. Rodeo su espalda con los míos para intentar que se tranquilice.

-¿Se puede saber qué te pasa?

-Es por culpa de ese miserable. ¿Te puedes creer que me ha visto y no se ha dignado a saludarme?

Ángel se mete en nuestra conversación y comenta que él allí no pinta absolutamente nada y que lo mejor que puede hacer es marcharse a su casa. Me despido de él comentando que ya le veré el lunes.

-Me parece correcto. Sabes perfectamente lo que haré hasta que te vea el lunes.

-¡Qué bien me conoces!

Él se marcha de casa y, acto seguido, mi hermana propone salir a dar una vuelta. La pido que espere, que tengo que maquillarme un poco. Mientras estoy en el baño, la comento que se merece algo mejor que pensar todo el rato en Rodrigo, porque pasará olímpicamente de ella.

-No me digas eso, porque contigo va a hacer lo mismo.

-No te confundas, hermanita. En mi caso, soy yo la que pasa de él.

Varios minutos después, salimos de casa y vamos a dar una vuelta. En ese intervalo, recibo un mensaje de Rodrigo en el que me cuenta que me echa de menos y que le gustaría repetir la noche en mi casa.

Le respondo comentándole que estoy con mi hermana y que no sé si tiene pensado quedarse a dormir o no, que si, por lo que sea, estoy sola, se lo haré saber.

-Emma, ¿puedo comentarte una cosa?

-A ver, desembucha.

-He estado hablando con mamá y me ha asegurado que está bastante dolida por el incidente del bar que me comentaste.

-Ella sabe que yo estoy más dolida con ella por todo lo que pasó desde que papá y ella se separaron, así que no me venga de víctima para arreglar las cosas, porque conmigo no cuela.

-Trágate tu orgullo de vez en cuando y llámala, aunque sea para disculparte con ella por ese incidente, aunque no quieras saber nada más de ella.

Me niego a hacer caso a Cecilia, ya que, cuando me pongo cabezona y digo que no voy a hacer algo, es que no lo voy a hacer.

Entramos a un bar y descubro que allí se encuentran Martina y Ángela. Se lo comento al oído a mi hermana.

-Pues la rubia te está mandando una mirada de esas que no se sabe si son de odio, de asco o de una mezcla de ambas.

-Sí, es que somos amiguísimas, ¿sabes?

-Por Ángel, ¿verdad?

-Básicamente.

Al cabo de un rato de estar nosotras allí, mis dos compañeras de curro se marchan y Ángela es la única que se despide de mí.

Ceci y yo seguimos hablando tranquilamente de nuestra madre. Mi hermana, lo único que hace de manera constante es pedirme que perdone a mi madre y que volvamos a estar tan unidas como antaño.

-¡Basta ya! Cuanto más insistas en que lo haga, menos posibilidades tienes que me trague el orgullo que no tengo.

-Te juro que, a veces, no te entiendo.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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