Caprichos y secretos de la infancia. Capítulo 27

Complicaciones.

Me siento en el sofá y sigo llorando durante un rato bastante largo. No consigo comprender la razón por la que Cecilia ha venido a soltarme la bomba de que se está ilusionando con Rodrigo.

Pillo el bolso y salgo a dar una vuelta por la zona, pero, en vez de ir en la dirección de por las mañanas, decido cambiar la ruta, conocer otra parte de la ciudad.

Camino pensando en mí, en todo lo vivido desde que he venido aquí. Me reencuentro con dos personas del pasado de mi hermana y, gracias a uno de ellos, vuelvo a retomar mi amistad con Pepe.

Entro en una cafetería a toar algo y recibo un mensaje de Ángel. En él, me pide que me acerque hasta su casa, que tiene ganas de verme. Decido contestarle que tardaré un rato, pero que acudiré a la cita.

Cuando llego, me aprieta contra su pecho y me abraza como se abraza a una persona a la que hace mucho tiempo que no ves. Al separarnos, Ángel se da cuenta de que he estado llorando, y me pregunta si me pasa algo.

-No me pasa nada. No has de preocuparte.

-Tu hermana te ha dicho algo que te ha dolido. ¿Me equivoco?

-Para nada, pero, aunque me duela, hay en ciertos aspectos en los que tiene razón.

Nos fundimos en otro abrazo y me lleva hasta el sofá, donde nos sentamos. Nada más colocarnos en el sofá, llamamos a Rodrigo desde mi teléfono para pedirle que se acerque a mi casa, que allí le recibiré encantada.

Cuando llegamos, Rodrigo me da un abrazo, aunque me separo rápidamente de su persona.

-Hay una cosa que debéis saber –comento según nos sentamos en el sofá-. Me he dado cuenta de que, según veo que estáis intentando arreglar las cosas por mí, mi relación con Cecilia se complica, y mucho.

-¿Y ese deterioro tiene algo que ver con nosotros? –pregunta Rodrigo.

-Sí, sobre todo contigo, Rodrigo. Porque nuestros problemas comenzaron a partir del día en el que la saludaste en el bar.

En ese mismo instante, Rodrigo se levanta del sofá para marcharse. Casi como un acto reflejo, estiro mi mano para coger la suya y pedirle que se quede allí un rato más, pero mis esfuerzos son en vano.

-Déjalo, creo que tienes razón y todo esto no tiene ningún sentido.

-Claro que tiene sentido, Rodrigo. Tiene el sentido que todos queramos darle.

-Disfruta todo lo que puedas haciendo tu vida sin que Ángel y yo nos podamos llevar bien.

-Ya que estáis a punto de arreglar las cosas, terminad con ello. Nada me haría más feliz que ver que dos personas importantes en mi vida son capaces de, a pesar de todo, volver a llevarse bien.

-Vale, tú ganas.

Se vuelve a sentar a mi lado. Charlamos un rato, bueno, charlan ellos. Yo me encuentro ausente hasta en mi propia casa. Pienso en mi hermana, en todo lo que está pasando entre nosotras.

Rodrigo es el primero en marcharse. Cuando se despide, me promete luchar por mí, aunque sus esfuerzos sean en vano. Comenta que es consciente de que una posible relación de pareja entre nosotros puede hacer daño a muchas personas.

-Rodrigo, aunque tú y yo no seamos nada más que amigos, ¿serás capaz de perdonarme por todas las cosas malas que te he dicho con respecto de nuestra amistad?

-Claro que sí. Pero estoy convencido de que tú y yo vamos a ser felices juntos. Sé que habrá algo que te haga ceder a mis encantos, por mucho que te resistas a lo contrario.

Intenta darme un beso, pero le frené justo a tiempo para que Ángel no nos sorprendiese besándonos.

Ángel sale del baño para volver a reunirse con nosotros, me agarra por la cintura y, tras pegarme a él, me susurra al oído que me quiere.

Un rato después, Ángel se despide de mí con un fuerte abrazo y Rodrigo me pregunta si puede quedarse a dormir en mi casa.

-Solo si no pasa absolutamente nada entre nosotros. Y, por descontado, he de recordarte que nadie puede enterarse de que tú has dormido aquí. ¿Estamos?

-Lo primero es lo más complicado, pero bueno.

-¿Hay trato?

-Vale. Hay trato.

“Si mi hermana se entera de esto, no me imagino qué puede hacer” –pienso mientras me meto en la cama y pongo un cojín de por medio para que trate de acercarse a mí lo menos posible.

Un rato después, sigo sin poder conciliar el sueño. Tener a Rodrigo en el mismo sitio que durmió Ángel una noche es extraño a la par que un sueño.

Rodrigo se da cuenta de que sigo despierta y se coloca de tal manera para tener nuestros labios cerca.

-Se me hace raro que durmamos juntos. Hace mucho tiempo que no dormía con una chica.

-Esto no va a suceder todos los días, que lo sepas.

-Pues me tocará disfrutar a tope de la noche.

No sé cómo se las apaña, pero consigue quitar el cojín que nos separa a ambos y acercarme lo más posible a él.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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