Caprichos y secretos de la infancia. Capítulo 25

Volver.

A la salida del trabajo, Ángel y yo vamos en el mismo vagón de tren. Estamos sentados uno junto a otro, solo que yo me encuentro con los cascos puestos y aislada de las posibles palabras que mi compañero de tren pueda decirme.

Llega a su parada y se despide de mí con un cálido beso en la mejilla que no me da tiempo a rechazar.

Ya por la noche, mientras me encuentro mirando por la ventana, me llega una llamada perdida de Rodrigo. Veo que su coche se acerca lentamente por mi calle, por lo que decido sentarme en el sofá para que éste no descubra que le he visto llegar.

Suena mi móvil de nuevo. Es, de nuevo, Rodrigo. Rechazo la llamada puesto que no me apetece escuchar su voz.

Varios segundos después, vuelvo a tener noticias de mi jefe. Esta vez, en forma de mensaje. Me comenta que no quiere estar solo, que le deje dormir en casa.

Me asomo a la ventana para hablar con él. Ahí le veo, apoyado en su coche.

-El hecho de que tú no quieras estar solo no significa que yo necesite estar acompañada.

-Sabes que, además de no pasar la noche solo, quiero hacerte feliz.

-Si quieres que sea feliz, olvídate de todo lo que hemos vivido y déjame marchar.

-No puedo, Emma.

Cierro la ventana en ese instante y me voy a la cama para disponerme a descansar, aunque no será demasiado fácil.

Cuando me levanto de la cama el viernes, comienzo a darme cuenta de que hay algo de Rodrigo que me impide permanecer mucho tiempo alejada de él. No logro descubrir el qué, a pesar de que pienso en ello.

Sé que, si me acerco a Rodrigo, Martina va a aprovechar para intentar afianzar lo “suyo” con Ángel, y que éste se sentirá dolido por mi decisión. Decido que, durante la jornada de trabajo me mantendré neutral con ambos, como si ellos no significasen nada para mí.

Me dirijo hacia la estación con los cascos puestos y la música en un volumen no muy alto, pero tampoco muy bajo.

Me pongo en un vagón diferente, por si las moscas. No quiero ver a Ángel. No quiero que me mire de esa manera que tan loca me vuelve. No quiero que, de momento, se ponga junto a mí.

Lo único que quiero es que él y Rodrigo vuelvan a ser el jefe y el compañero de mesa que conocí el primer día de trabajo.

Nada más llegar a la oficina, veo que ambos se encuentran charlando animadamente en la cafetería. “¿Estarán fingiendo? No lo sé, pero, si quieren saber de mí, que vengan ellos. –pienso mientras guardo los auriculares en el bolso.

Antes de meterme en el ascensor, me acerco a Ángela para hacerla un par de preguntas.

-Cuéntame tus pesares, Emma.

-¿Sabes si Ángel y Rodrigo se hablan?

-Por lo que creo haber escuchado, han venido juntos en coche. Al menos, han entrado juntos. No te puedo decir más, porque no lo sé.

-Muchas gracias, de todas maneras.

¿Será cierto que vuelven a hablarse? Si es así, ¿por qué lo hacen? ¿Lo hacen por trabajo o porque quieren recuperarme?

Comienzo a sospechar que ambos se han compinchado con Ángela para que volviese junto a ellos.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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