Caprichos y secretos de la Infancia. Capítulo 23

Al cabo de un rato, recibo una llamada de Ángel con la única intención de interesarse por la reunión a la que le he convocado al día siguiente.

-Pues es para que vengas a tomar algo a casa.

-¿Se lo has dicho a alguien más?

-No. ¿Por qué?

-Bueno, ya sabes, si has avisado a ciertas personas, sabes que no voy.

Con la misma, finaliza la llamada. Empiezo a sospechar que es consciente que sabe que Rodrigo también está invitado.

El miércoles, nada más llegar a trabajar, Ángela me comenta que la parece estupendo que haya invitado a Ángel a mi casa. Rodrigo llega en ese mismo instante, justo al terminar Ángela de hablar conmigo.

La mañana pasa sin más. Ángel y yo nos dedicamos a mandarnos alguna que otra nota de manera disimulada.

A la hora de comer, me pongo a pensar en cómo proponer a Ángel que venga a mi casa un rato antes de las 9, ya que no me apetece ver cómo él y Rodrigo aparecen a la vez. Nada más volver de comer, se lo comento. De primeras, me dice que andará un poco justo de tiempo, pero, tras ponerle caras raras, decide aceptar.

En cuanto mi reloj marca las 19.00, cojo el bolso y el móvil, y me voy derecha al ascensor. En la entrada de la oficina, Martina viene a mi.

-Quiero que dejes en paz a Ángel -me comenta indignada.

-Lo llevas claro. Hasta que él no me diga nada, me seguiré llevando con él como hasta ahora.

-¿Te crees que voy a aguantar que os lo estéis pasando bien? Porque, ya que él no te lo dice, te lo contaré yo. Él me quiere a mí y, si no te lo dice, es por miedo a que te enfades.

Ángel llega y pregunta a Martina si la pasa algo conmigo. Ésta responde que lo que más la molesta es que me esté entrometiendo en la relación que tienen. El chico pide a Martina que deje de ser cruel y asegura que el simple hecho de que se hayan dado algún que otro beso no significa que estén juntos.

Salimos de la oficina y caminamos juntos. Ángel saca como tema de conversación todo lo que ha pasado entre nosotros desde que nos conocemos. Al llegar a la Boca del Metro, Ángel coge mi mano y tira de mí hacia él para plantarme un beso en los labios de esos que te dejan sin palabras.

-¿A qué ha venido esto?

-Pues que no se me ocurre otra forma de demostrarte que eres mi vida.

-Y yo no sé cómo entender tu comportamiento conmigo.

-No sé a qué te refieres.

-Tu manera de jugar a dos bandas. Me explico. Estás ahora muy bien conmigo y, cuando mejor creo que estamos, te veo aparecer con Rodrigo, tu eterno enemigo, y con Martina, con la que te enrollas.

-Sabes que solo te quiero a ti.

-Demuéstramelo.

Llegamos juntos a mi casa y nos sentamos en el sofá a ver la televisión. Pasamos el rato abrazados hasta que alguien llama al timbre.

Los dos nos asustamos y soy yo la que va abrir la puerta y Rodrigo, según se encuentra a Ángel en el sofá, hace un amago para marcharse.

-Rodrigo, por favor, quédate.

-Si está el, yo aquí no pinto nada.

-Hazlo por mí y por el supuesto cariño que me tienes.

Consigo convencer a mi jefe de que se quede, aunque no acepta de muy buena gana.

Estamos un rato charlando los tres. A veces, se me hace difícil que los errores y odios del pasado no salgan a la luz, pero creo que lo mejor para todos es comportarnos como adultos y ser capaz de mirar el presente sin recordar el pasado.

-Aprovechando que os tengo a ambos aquí, a mi lado, quiero pediros una cosa.

-¿El qué? -pregunta Rodrigo.

-Quiero que dejéis de odiaros. Si habéis cometido errores, tenéis que ser capaces de hacer borrón y cuenta nueva.

-Emma -comienza Ángel a hablar-, sabes que yo no puedo hacerlo. Te lo he explicado en más de una ocasión.

-Pasad página por mí. Intentadlo, al menos.

En ese mismo instante, Rodrigo se levanta del sofá para marcharse. Me levanto y le acompaño hasta la puerta. Le pido al oído que se trague su orgullo para arreglar las cosas. Me comenta que él tampoco puede hacerlo, que no se ve capaz.

-Si no lo hacéis, tendré que buscarme la vida sin vosotros dos. ¿Eso es lo que quieres?

-Haz lo que tengas que hacer, pero yo no pienso reconciliarme con Ángel.

Me vuelvo a sentar en el sofá y me pongo a pensar en mis cosas. Soy consciente de que no ha servido de nada reunirles, pero me quedaba la cosa de haberlo intentado. Tengo la esperanza de que, si paso de ellos, harían cualquier cosa para que volviese a confiar en ellos.

Siento haber estado tanto tiempo sin subir ninguna entrada al blog, pero he estado demasiado ocupada.

No sé si lo sabréis, pero estoy intentando modificar ciertas expresiones de “Prometo no Olvidarme de Ti”, lo que no significa que cambio todo lo que he plasmado en ella. La esencia queda plasmada, amigos míos.

Un saludo muy grande. 🙂

 

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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