Caprichos y Secretos de la infancia. Capítulo 22

Reunión

Nada más subir a casa y sentarnos en el sofá, Rodrigo me cuenta su versión de la foto. Me asegura que Ángel no me quiere y que prefiere estar con Martina antes de estar conmigo.

-Eso no es cierto, y lo sabes –suelto indignada.

-Y tú sabes que Ángel no te quiere a ti, que te está utilizando para que te alejes de mí. Sí, reconozco que fui el primero que se dio cuenta de que Ángel empezaba a sentir algo por ti, pero me he dado cuenta de que sus ojos me mienten de manera continua.

-Con él voy a ser feliz y nada ni nadie va a conseguir separarnos.

-No tienes ni puñetera idea de las cosas que puedes hacer a mi lado.

Con la misma, nos damos un abrazo y se va. Me siento bastante mal por lo que acabo de decirle. Sé que quiero ser feliz al lado de Ángel, pero he de reconocer que mi jefe se ha portado genial conmigo.

Al cabo de un rato, le llamo para disculparme con él por mis últimas palabras. No responde a mis llamadas, por lo que decido no insistir demasiado, ya que no quiero que piense que estoy desesperada.

Intento localizar a Ángel para que venga a hacerme compañía.

-¿Para qué quieres que vaya? ¿Para que sigas haciéndome más daño?

-Quiero estar contigo, y lo sabes. Eres la persona que consigue que sonría. Que te quiero, niño.

-Si de verdad me quieres, ¿por qué estás todo el día pegada a Rodrigo?

-Él me cae bien, pero lo que siento hacia ti es más fuerte que mi amistad hacia Rodrigo. No sé cómo demostrarte que no miento.

-Trato de comprender lo que me dices, pero no estoy del todo convencido de que me digas la verdad.

Con la misma, finalizo la llamada. Voy a la habitación a pillar algo de ropa para hacer una visita a Ángel. Sé que puede parecerle mal que vaya a verle, pero no me importa. Quiero hablar con él y pienso conseguir mis propósitos, sea como sea.

Salgo de casa y, para no estar nerviosa, me pongo música. Intento relajarme, pero no lo consigo.

Llego a su casa y, según me abre la puerta, me echo a sus brazos. Estamos así un par de minutos y le pido disculpas por el posible daño que le haya podido hacer.

Cuando nos separamos, me comenta que, pase lo que pase, siempre me va a querer a mí, a pesar de que, de momento, no quiere tener novia.

-No te entiendo.

-¿Por qué?

-El otro día me pediste que lo fuera.

-Ahora mismo pienso lo mismo que tú cuando te lo pedí. Creo que es pronto, pero, como ya te he comentado, te quiero y, a pesar de que es temprano, no me apetece tener novia. Guardaré todo mi amor para estar a tu lado cuando ambos creamos conveniente.

Sigo un rato más en su casa y la tensión es evidente. Ángel se muere por besarme en el sofá, pero se contiene. Yo le mando alguna señal para que lo haga, pero parece que no las pilla.

Aunque no lo dice, se arrepiente de haber besado a Martina, porque por ella no siente nada más que aprecio, pero no mucho, porque no soporta que esté todo el día detrás suyo. Yo, en cambio, me arrepiento de, en ocasiones, ser un poco brusca. Tampoco se merece sufrir por mí y, acercándome a Rodrigo es lo único que consigo. No puedo evitar estar cerca de él, porque le he cogido cariño, pero sé que, a pesar de que a veces parezca lo contrario, con el único que quiero estar es con Ángel.

Al día siguiente, según llegamos a la oficina, nos ponemos a terminar nuestra parte del número semanal de la revista. Un rato después de mandárselo a Rodrigo, nos reunimos los tres en su despacho y aprovecho para proponerles una reunión en mi casa.

-¿Para qué? –pregunta Rodrigo.

-Ambos lo sabréis a su debido tiempo.

-No pienso aceptar estar reunido con él –comenta Ángel con desprecio.

Ángel se va del despacho, y yo me quedo allí, hablando con Rodrigo. Se levanta de su mesa para acercarse a mí. Me comenta que tampoco quiere reunirse con Ángel, que solo lo hace por obligación del trabajo. No consigo comprender sus palabras, ya que el viernes estuvieron reunidos.

-Entonces –comienzo yo-, ¿por qué el viernes estabais los tres juntitos, en amor y compañía?

-Me lo pidió Martina. Y me da igual que no te lo creas, es la pura realidad.

-No te entiendo.

-Deja que te lo explique.

-En otro momento.

Salgo de allí y voy a mi mesa para seguir, a duras penas, trabajando. Un rato después, Ángel me pregunta las intenciones de la reunión en la que pretendo juntarles a ambos. De primeras, no sé qué decirle, ya que, en cierto modo, he de sincerarme, pero, a la vez, he de ser justa con ambos y no puedo soltárselo a él y no decirle nada más a Rodrigo.

-Ya he dicho antes que lo sabréis cuando estéis reunidos.

-No quiero reunirme con él.

-¿Por la famosa pelea?

-Sí, pero no lo digas muy alto, cuanta menos gente lo sepa, mucho mejor.

-No te entiendo, ¿hay alguien que no deba saberlo?

-Ángela no lo sabe y, de momento, no ha de enterarse.

Salimos de trabajar y vamos juntos en tren. Como no hay ningún sitio para sentarnos, vamos de pies. Hacemos un poco el imbécil y, siempre que nos miramos, las sonrisas aparecen. Sutilmente, me agarra la mano y le sigo el rollo.

En su parada, se despide de mí con un dulce beso y le observo cómo se aleja hacia las escaleras. Me pregunto cómo puedo quererle tanto y no puedo evitar sonreír.

Llego a casa y, tras ponerme el pijama, me tiro en el sofá. Pongo la tele y solo encuentro programas que no me interesan. De pronto, veo que está a punto de empezar un episodio de la serie “Águila roja”, y me pongo a verle.

Cuando llega el primer intermedio, les mando un mensaje a cada uno para comentarles que les espero al día siguiente en mi casa a eso de las 9.30 de la noche.

Ángel es el primero en responderme y me pone que espera no encontrarse con Rodrigo, que no quiere verle ni en pintura. Mi jefe contesta al cabo de un rato, y me comenta que acepta la propuesta y me pide que ni se me ocurra avisar a Ángel, ya que quiere aprovechar para hacerme feliz.

¿Cómo reaccionarán cuando se encuentren en mi casa? ¿Llegarán ambos a la vez?

Empiezo a darme cuenta de que también he de sincerarme con ellos. No quiero seguir mintiendo a dos de las personas más importantes de mi vida.

Siento haber tardado tanto tiempo en subir capítulo, pero no veía el momento para ponerme a pasarlo al ordenador para compartirlo con vosotros. He estado bastante atareada entre clases, estudios y alguna que otra salida con mis amigas.

He de reconocer que llevo una racha que me cuesta bastante sentarme al ordenador y escribir. No por falta de ideas, porque no me encuentro bloqueada en ese sentido, sino porque no encuentro la forma óptima para que éstas me queden como a mí me gusta. He de ser sincera y deciros que, cuando se me ocurre algo, siempre lo plasmo en un word y, aunque, de primeras, no me convenza lo que ahí queda escrito, cuando decido retomarlo y mejorar mi propia expresión, siempre queda algo de lo original.

Un saludo a todos y espero que disfrutéis con este capítulo.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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