Caprichos y Secretos de la Infancia. Capítulo 21

Montaje

Durante el trayecto en el tren, los dos vamos en silencio. En un par de ocasiones, Ángel intenta explicarme que la foto de Martina y él es solo un montaje, pero yo, que no quiero hablar con él, le pido que me olvide, que se vaya con ella, que seguro que es más feliz con ella que conmigo.

Cuando llego a la oficina con Ángel, veo que Martina me dirige, como todos los días, una mirada de odio.

-Sigo sin entender la foto de los dos.

-No tienes nada que entender, ya te he dicho que es un montaje. Además, ¿qué ganaría mintiendo?

Llego a mi mesa y tengo una carta. Me pongo a leerla y descubro que es anónima, aunque por la letra, reconozco que, lo más probable es que sea de Rodrigo. Justo en ese momento se dirige a su despacho y me hace una seña para que le acompañe.

-¿Quién ha hecho la foto de Ángel y Martina? –pregunto nada más cerrar la puerta.

-Te repito que yo soy el autor de la foto. Si yo no la hubiese hecho, ¿a qué fin habría sido yo la persona que te la mandó?

-¿Me lo tengo que creer?

-No te estoy mintiendo. Ahora, haz lo que tengas que hacer.

-Tiene toda la pinta de ser un montaje y, tanto tú como yo, sabemos que es verdad.

-Lo que quieras. ¿Te parece que vaya esta tarde a tu casa y te cuente todo lo que sé?

-Vale, pero te advierto, nada de besarme, que nos conocemos.

Me levanto de la silla para irme del despacho, no sin antes saber que tengo que ponerme con Ángel a preparar el proyecto de la semana y le quiere, como muy tarde, para el mediodía del día siguiente. “Que le compre quien le entienda”  pienso mientras me dirijo hacia mi mesa con la intención de ponerme manos a la obra.

-Ángel, tenemos que empezar a hacerlo.

-¿Para cuándo lo quiere?

-Mañana a la hora de comer.

Nada más decirlo, empezamos a trabajar. Durante la mañana, las miradas entre nosotros son más que evidentes. No podemos evitar sonreír cada vez que nuestros ojos se miran. Ambos somos conscientes de que hay algo my fuerte que nos une, pero, a la vez, hay algo que a ambos nos impide estar juntos. Sabemos que las dudas y el hecho de que yo no quiera hacer daño a Rodrigo nos están impidiendo poder estar junto todo lo que queremos.

Llega la hora de comer y bajamos en el ascensor. Como estamos solos, nos damos algún que otro beso, besos que nos transportan a otro mundo. Al llegar a la cafetería, Martina se nos une, supongo que con intención de meter cizaña.

-Ángel, ¿no tienes pensado contarla la verdad? –pregunta Martina con un tono bastante burlón.

-Deja de ser bocazas, anda –dice Ángel para conseguir que se calle.

-¿Qué verdad es la que me tienes que contar? –interrumpo.

Ángel me susurra al oído que ya me lo contará cuando subamos a la mesa. Durante un rato más, aguanto los comentarios de Martina, que no cesa en su empeño de tratar de llamar la atención de Ángel, que no nos hace mucho caso a ninguna.

Intuyo que Ángel es consciente de que tiene que darme explicaciones, pero el comentario de Martina está acelerando el juego. Ella le quiere tener, pase lo que pase, a su lado, y él se da cuenta de que está jugando demasiado y que todos vamos a terminar sufriendo.

Cuando subimos a nuestra mesa, me explica que el viernes se dio un morreo con Martina. Fue algo inesperado, ella se lanzó a él y fue incapaz de separarse y que, por lo que se ve, Rodrigo inmortalizó el momento para hacerme daño.

-Es decir, no es ningún montaje.

-Lo es en cierto modo.

-No te sigo.

-Me explico. El lugar en el que está tomada la foto no coincide con el lugar en el que se produjo el beso, es más, ese lugar está bastante lejos de la ciudad.

Durante la tarde, hablamos lo imprescindible. Estoy dolida por lo que Ángel ha hecho, pero lo que más me duele es que no haya sido capaz de decirme lo que había pasado. Le comprendo, yo tampoco le he contado que me he enrollado con Rodrigo porque soy consciente del daño que voy a ocasionarle si me sincero con él.

Cuando Rodrigo sale de su despacho, nos comenta que nos vayamos a casa, que ya le terminaremos al día siguiente. Con la mirada me dice que me espera a la salida, ya que no se ha olvidado de que tenemos que hablar.

Soy la primera en recoger las cosas y, después de dar a Ángel un beso en la mejilla, salgo de la oficina para volver a casa en el coche de Rodrigo. Nos subimos al coche y le pido que, antes de que me cuente su versión, tengo que decirle algo.

-Ángel me ha dicho que el viernes se liaron –suelto sin pensar.

-Aun así, quiero darte mi versión, porque no sé si recuerdas que yo estaba con ellos.

-Vale, antes de que me lo cuentes, te diré que también sé que la foto tiene parte de montaje.

-¿Algo más? Ahí me has pillado, no sabía hasta qué punto eras consciente de todo.

¿Por qué todo el mundo se empeña en ocultar detalles? ¿Se piensan que, aunque me hagan daño, me voy a enfadar con ellos? Sí, es cierto que tengo sentimientos y puede que haya ciertos detalles de los que no quisiera conocer, pero no creo que haya suficientes motivos para que pueda dejar de hablarles. Sé que tendría que ponerme seria y plantearme qué es lo que quiero, pero dudo que pueda conseguir estar mal con ellos.

La única conclusión que saco en claro mientras ambos estamos en silencio es que tengo que reunirles a ambos después del trabajo. Esa es la mejor solución para todos.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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