Cumpleaños con sorpresas

Hoy no es un día más en la vida de Vicky y Ángel. Es el cumpleaños de ella, principal motivo de celebración, aunque ese día va a significar un cambio muy grande en la vida de todos.

Por la mañana, bien pronto, Ángel se ha levantado para preparar un desayuno especial para la que, desde hace dos años y medio, es su mujer. Café, zumo de naranja, dos croissants recién hechos para cada uno y una magdalena de chocolate con una vela para que su esposa la sople. Hace mucho que no la sorprende de esa manera, por lo que ha decidido ponerse manos a la obra en el día del vigésimo noveno cumpleaños de la mujer de su vida, la mujer con la que siempre quiso formar una familia.

Lo que él no sabe es la sorpresa se la va a llevar él cuando se reúnan todos en casa de sus suegros. Vicky ha querido esperar al día de su cumpleaños para contar la buena nueva que solo ella sabe desde el jueves por la mañana.

El chico pone el desayuno en una bandeja y se dirige hacia la habitación y, cuando entra, se pone a cantar “Cumpleaños Feliz”.

La cumpleañera se despierta un tanto aturdida y, al encender la luz, ve a Ángel con el desayuno preparado y con una sonrisa de oreja a oreja.

-Feliz cumpleaños, amor mío.

-No hacía falta que te molestases.

-De nada, ¿eh? Además, sabes que me encanta liarla de vez en cuando.

-Te quiero tanto.

Ángel se sienta en la cama junto a la chica y se dan un beso bastante largo. Vicky es la que más desayuna de los dos y su esposo, entre risas, comenta que se le hace extraño que haya desayunado con tantas ganas. Vicky, nerviosa, frena el ritmo a la hora de desayunar. Entre los dos, se han comido todo el desayuno preparado por Ángel, a pesar de que ella ha comido más que su marido. Ella no puede dejar de pensar en todo lo que se la va a venir encima a partir de ahora.

Ella se levanta para recoger la bandeja y Ángel se lo impide. Vicky pide explicaciones a lo que éste la acaba de decir.

-Tú hoy vas a hacer lo justo.

-Déjame ayudarte, como solemos hacer siempre.

-Que no, Vicky, que lo voy a hacer yo, y no hay más que hablar.

Ella besa a su esposo y se va a dar una ducha. Se mete en el baño y se toca la tripa. No sabe cómo reaccionarán las familias a la noticia. Tiene un poco de miedo de que Ángel no se lo tome demasiado bien. Es consciente de que llevan un año intentando formar una familia y que se lo va a tomar bien, pero, ¿y si no es así?

Intenta pensar en que todo va a salir genial. El agua cae por su cuerpo y comienza a imaginar la cara de su bebé. Está de seis semanas y ya tiene ganas de acunar entre sus brazos a su retoño. Nunca se pudo imaginar la cantidad de sensaciones que iba a tener al enterarse de que iba a ser madre.

Se las ha ingeniado para que nadie sospechase que guarda un secreto. Sale del baño para dejar a Ángel que entre a darse una ducha.

Va a su habitación a buscar la ropa. Se toca la tripa y las náuseas van a ella. La entran ganas de vomitar, pero intenta contenerse para que Ángel no sospeche. No puede evitar las arcadas, por lo que no la queda más remedio que ir al fregadero y echar todo lo ingerido en el desayuno.

Antes de que Ángel salga del baño, Vicky consigue dejar el fregadero sin ningún rastro de lo que allí acaba de pasar. Saca una botella de agua del frigorífico y da un trago largo. Vuelve al fregadero para rellenar la botella y su marido la da un susto por detrás.

-No me des esos sustos, majo.

-Que no lo hago a malas, mi bien.

-Ya lo sé, pero no me gusta.

-Antes los agradecías.

-Las cosas cambian.

El chico mira extrañado a su mujer y pregunta si la pasa algo. Ella niega con una sonrisa en la cara, y él no se cree nada.

Van a la habitación y se visten. Vicky comenta que tiene ganas de ser madre. Lo hace sonriente, sabiendo que su deseo se va a cumplir dentro de unos meses. Ángel no dice nada, piensa en sus cosas. Por la forma que tiene ella de expresarse, piensa que está ocultando algo.

-Mi amor, ¿pasa algo?

-Noto como si me ocultases algo. No sé, desde que volví el jueves de trabajar te noto con una felicidad que no te había visto nunca.

-Estoy pasando otro cumpleaños a tu lado, cariño. Por eso estoy así, mi amor, no has de preocuparte por nada.

-A ti te pasa algo más, ¿me equivoco?

-De cabo a rabo.

Vicky se levanta de la cama y sale de la habitación. Ángel lo hace detrás de ella, intentando que ella confíe en él y comente lo que la está pasando.

Coge el brazo de la chica y ésta, llorosa, se echa a sus brazos. Llora, pero de felicidad. Siente la vida del bebé crecer en sus entrañas, pero aún no ha llegado el momento de decirlo. Tiene ganas de gritárselo al mundo, de soltar la noticia de su futura maternidad, pero quiere sorprender a sus padres, a sus suegros, incluso a su marido, que, a pesar de que sospecha ciertas cosas, no se imagina lo que se le viene encima con la noticia.

Se sientan en el sofá para ver un rato la televisión antes de marcharse. La chica no puede evitar tocarse la tripa y, una de las veces, su marido ve la postura en la que se encuentra.

Decide que lo mejor es preguntar si la pasa algo y se arrepiente de la pregunta nada más hacerlo.

-Sigo sin entender por qué piensas que te oculto cosas. Nunca lo he hecho, y hoy no iba a ser diferente.

-Vicky, entiende que me preocupe por ti y, siendo sincero, te noto demasiado rara.

-Ángel, y te comprendo, lo que no entiendo es por qué te has levantado así, pensando cosas que no son.

La chica intenta calmarse. Sabe que, en su estado, no es bueno alterarse. Termina la conversación con Ángel al escuchar el sonido de su móvil. Es un mensaje de Sandra, su cuñada. En el mensaje la felicita y desea darla un abrazo fuerte. Vicky da las gracias a Sandra por el emotivo mensaje que la ha mandado y no puede evitar derramar alguna lagrimilla.

Cuando contesta, pasa el teléfono a Ángel para que lea el mensaje de su hermana. Sonríe y comenta que es típico de ella, que suele hacer lo mismo en los cumpleaños de la gente que considera importante.

-Amor, creo que deberíamos marcharnos hacia casa de mis padres.

-Me parece bien. Escribe a tu madre para hacérselo saber.

-Vale.

Vicky escribe a su madre para decirla que ya salen de casa. Se hace extraño que aún no la haya felicitado, su madre nunca ha faltado a su cita de ser la primera en felicitarla por su cumpleaños.

Salen en dirección Santander en el coche. Hay bastante silencio entre ellos. Ángel intenta romper la tensión evidente entre ambos. Sabe que se ha pasado con lo que la ha dicho antes. Sigue pensando que oculta algo, no lo puede evitar, aunque no quiere presionarla, no tiene ganas de que pase amargada el día de su cumpleaños.

Llegan a casa de los padres de Vicky y, tras llamar al timbre, descubren que no hay nadie. Para la chica es extraño, ya que sabe que su madre ha leído el mensaje que la mandó hace media hora. Para no esperar demasiado tiempo, decide buscar las llaves en su bolso.

Las encuentra enseguida, aunque no la da tiempo a abrir la puerta, ya que alguien la ha tapado los ojos.

-Ángel, sé que eres tú. Para quieto.

-¿No reconoces las manos de tu hermana?

-¿Qué haces aquí?

-Mamá me ha llamado. Hace un montón que no te veo, hermanita, y quería estar contigo en tu cumpleaños.

-Yo no quiero que estés, Carlota. Vete por dónde has venido. No quiero que me amargues mi día. ¿He de recordarte todo lo que me hiciste? Vete de mi vida, estoy muy bien sin ti.

Carlota intenta abrazar a su hermana, pero ésta se lo impide. Evita tocar a su hermana, la que la hizo la vida imposible durante toda su infancia.

Los padres de Vicky aparecen. Saludan y felicitan a la cumpleañera y ésta intenta, en vano, zafarse de los brazos de su hermana. Carlota sube con todos a su casa, pero no lo hará por mucho tiempo. Tiene pensado dar un pequeño obsequio a su hermana, a pesar de que es consciente de que puede ser misión imposible.

Recuerda todo lo que hizo pasar a su hermana. Chantajes, mentiras, incluso intentó borrarla el sueño de ser feliz. Después de cinco años sin saber de Vicky, se ha dado cuenta de que todo lo que hizo no sirvió para nada. Ha visto que su hermana ha conseguido ser feliz al lado de Ángel, al que nunca soportó. Sigue odiando que vaya con ciertos aires de superioridad, pero la da igual. Se va a quedar el tiempo justo para hacer daño a su hermana, como tantas otras veces.

Llegan a casa y Vicky entra a su habitación. Deja sus cosas encima de la cama, se descalza y se pone las zapatillas. Mientras lo hace, su hermana entra a la habitación y cierra la puerta tras de sí.

-¿Se puede saber qué narices quieres?

-Quiero que recuperemos el tiempo perdido.

-Lo llevas claro. Tuviste la oportunidad hace tiempo, cuando consentí no contarle nada a nadie de lo que pasó aquella noche en el pueblo.

-Perdóname.

-No, y no pienso hablar más contigo.

Vicky sale de su habitación y se sienta en el sofá entre Ángel y su madre. Carlota lo hace en el otro sofá, junto a su padre. Su madre recoge una bolsa del suelo y la pone en manos de su hija pequeña. Vicky abre la bolsa y ve el vestido fucsia que estuvieron mirando hace unos días. La joven no puede evitar sonreír. Da un abrazo a su madre y se levanta a dar dos besos a su padre. Sabe que el regalo es de ambos y no tiene palabras de agradecimiento para el detalle. El siguiente en dar su regalo es Ángel, que la entrega una caja de cartón. Vicky la posa en sus rodillas y, con cuidado, la abre para descubrir varios álbumes de fotos. Encima, un sobre. Le abre y ve una carta escrita de puño y letra por su marido.

“Mi amor, aquí tienes tu regalo. Sé que no es gran cosa, pero está hecho desde el amor que te profeso. Cada álbum está relacionado con un momento de nuestra relación. En uno de ellos, están todas las fotos que nos hicimos durante los dos años que compartimos en el colegio, incluida la graduación, aquel momento en el que te confesé mi amor hacia ti. Otro álbum contiene las fotos de nuestro viaje a París. Yo le recuerdo como si fuese ayer, y eso que ya han pasado seis años… Bueno, no quiero desvelarte más, ahora es tu turno para observar y comentar todas y cada una de las fotos que hay repartidas en cada uno de los álbumes. Y espero que las descubras a mi lado, recordando todos y cada uno de los recuerdos que hay ahí inmortalizados.

Te ama y adora: Ángel”

Ahí es cuando Vicky no puede evitar echarse a llorar. Abraza a su marido y le da las gracias por todo lo que ha hecho por ella.

-Yo soy el que tiene que darte las gracias. Por aparecer en mi vida y por permitirme ser la persona con la que pasarás toda tu vida.

-Yo… no tengo palabras para agradecértelo.

-Y no hace falta, mi bien. Con tenerte a mi lado, me vale.

Al fin llega el turno de Carlota. Se arrodilla delante de su hermana y la entrega un cuaderno. A simple vista, es un cuaderno normal y corriente. Vicky mira a su hermana y no dice nada.

Como no articula palabra, Carlota comenta que, en sus hojas, hay una carta por cada momento importante que no pudieron pasar juntas.

-No lo quiero.

-No me hagas este feo, hermana.

-Tú no eres mi hermana, Carlota. Eres la pesadilla que tuve que aguantar hasta que te marchaste de casa. Por mucho que insistas, no te voy a perdonar.

-Pero…

-No hay peros que valgan. Desaparece de mi vida como ya lo hiciste otra vez. Para mí, dejaste de existir aquella noche en el pueblo.

Con lágrimas en los ojos, Carlota se despide de sus padres y de su cuñado y se marcha de casa.

Todos, menos Vicky, se encuentran perplejos. Ángel es el único que conoce todo el daño que Carlota causó a su esposa. Alguien llama al timbre. Pilar, la madre de Vicky, se levanta a abrir. Vicky y Ángel permanecen abrazados. Él trata de consolarla y la susurra al oído que sonría, que nada ni nadie va a estropear el día de su cumpleaños.

Los padres y la hermana de Ángel han llegado. Sandra es la primera en darse cuenta de que Vicky ha estado llorando.

-Cuñada, ¿qué pasa?

-Nada, que tienes un hermano que sabe cómo sorprenderme.

-Me alegro de que te haya gustado la sorpresa. No sabes tú bien el trabajo que requiere montar todo el tinglado de las fotos.

Vicky se levanta del sofá y saluda a sus suegros. La felicitan y les da las gracias por estar ahí ese día.

Charlan un rato mientras Pilar termina de preparar la lasaña, la comida favorita de Vicky. Ella se encuentra ausente porque sigue sin saber cómo y cuándo dar la noticia de su embarazo.

Los siete comen tranquilamente. La comida transcurre entre risas. Nada más terminar de comer, Sandra se levanta de la silla y va a coger el regalo para su cuñada. Se lo entrega y ve una sudadera con el dibujo del Partenón griego.

-Muchísimas gracias. Con lo que me gusta a mí todo lo relacionado con el país heleno.

-Por eso mismo, aproveché mi viaje a tierras griegas para comprártela.

-De verdad, muchísimas gracias por todo.

Pilar tiene la intención de levantarse a recoger la mesa, pero Vicky se lo impide alegando que tiene que darles una noticia. Todas las miradas se dirigen a ella. Tarda varios segundos en ser capaz de articular las dos palabras más difíciles para ella.

Sin saber cómo, suelta que está embarazada. Ángel es el primer sorprendido, y eso que sabe que es el padre.

-Que yo sepa, lo que os acabo de decir no es malo, ¿no?

-Espera que lo asimile, mi bien. ¿Vamos a ser padres?

-Sí, estoy embarazada de seis semanas. Lo sé desde el jueves y he querido esperar hasta hoy para comunicároslo.

Ángel besa a su chica y posa una mano en su tripa. No consigue mantenerse entero y las lágrimas fluyen por su cara. Está feliz con la noticia de que, al fin, va a ser padre. Pilar sigue sin asimilar del todo la noticia. Su hija pequeña la va a hacer abuela.

La felicidad es la reina del ambiente. De momento, Vicky ha pedido que no se lo comenten a nadie, que quiere asegurarse de que todo va bien para contarlo.

Pilar pregunta a su hija si prefiere niña o niño.

-Lo importante es que venga bien, mamá. Aunque, por preferir, prefiero niña, ya sabes, para seguir la tradición de esta casa.

-Pues yo quiero niño –comenta Ángel-, pero que venga bien.

Vicky da un beso a su esposo y éste vuelve a tocarla la tripa. Él también tiene ganas de acunar en brazos a su bebé. Sabe que tienen que pasar casi ocho meses, pero sabe que la espera, aunque eterna, será la mejor de su vida.

Pasan la tarde todos juntos y Vicky es capaz de aguantar todas las náuseas sin que nadie se entere. Quiere hacer creer a todos que está bien.

Sobre las ocho de la tarde, Vicky se va a su habitación a recoger las cosas. Sandra va detrás de ella a hacerla compañía.

-¿Puedo preguntarte algo?

-Claro que sí.

-¿Cómo vas con las náuseas?

-No puedo decir que no tengo ninguna, porque mentiría, pero reconozco que no tengo demasiadas.

-¿Y no has tenido vómitos?

-Uno esta mañana, pero tu hermano no lo sabe. No quería que sospechase antes de tiempo.

Las cuñadas se dan un abrazo y Sandra no puede evitar soltar alguna lágrima. Reconoce que es muy feliz sabiendo que va a ser tía y que la gustaría que fuese una niña, aunque eso es lo de menos.

Unos minutos después, las dos chicas salen de la habitación y Vicky mete prisa a Ángel para que se prepare. Éste pide a la chica para que espere unos minutos. Un poco más tarde, los siete salen de casa.

Vicky y Ángel se van a tomar algo con los padres de ésta. Los cuatro van en el coche de Ángel. Vicky va con sus manos en la tripa durante todo el camino, no puede evitarlo.

Pilar comenta que les ve incluso más felices que el día de su boda, y eso que aquel día estaban extremadamente radiantes.

Los cuatro pasean un poco y entran a un bar. Vicky se sienta en una silla y escucha atenta la conversación que mantiene su esposo con su padre. Empieza a mosquearse porque aún no han hablado de su embarazo. Tiene ganas de saber lo que piensa al respecto, aunque no ha tenido la ocasión para preguntarle.

Vicky y su madre hablan y, aunque la joven hace caso a lo que habla con su madre, su mente no deja de pensar en que, tarde o temprano, Ángel y ella tendrán que hablar.

-Hija, ¿qué te pasa?

-Nada, mamá.

-Si piensas en el embarazo, sé que todo va a salir bien.

-Yo también tengo ese presentimiento, pero no es eso lo que me pasa.

-Me lo puedes contar, lo sabes.

-Aún no he podido hablar con Ángel sobre el tema, y me temo que no se lo tome del todo bien.

-Cariño, he visto la cara que se le ha quedado cuando lo has dicho y es feliz. Se lo va a tomar genial por la sencilla razón de que después de un año intentándolo, al final lo habéis conseguido.

Vicky sonríe y sigue charlando con su madre. Ángel paga las consumiciones y salen del bar. Él y su esposa caminan de la mano. No consiguen mantenerse mucho tiempo la mirada.

Ángel no consigue explicarse la razón por la que él no ha sido el primero en enterarse de que iba a ser padre. Ya tendrá tiempo para hablarlo con Vicky, que piensa cuál puede ser la mejor manera para abordar el tema. No quiere hacerlo delante de sus padres, sabe que no es ni el momento ni el lugar para hablar.

El chico pasa su brazo por encima de los hombros de su mujer, que consigue mirarle y sonreír. Ella nota en la mirada de Ángel el mismo brillo de siempre. Por mucho que él se empeñe en fingir lo contrario, está feliz.

-Vicky –comienza Ángel-, cuanto antes lo hablemos, mejor para ambos.

-Mejor en casa, cuando ya estemos los dos solos.

-¿Es para que no se enteren mis suegros?

-No es por ellos. Solo que ahora no es ni el momento ni el lugar para hablar.

-Vale, como quieras.

Van a un pequeño bar a cenar y Vicky se sienta en una silla, al lado de su esposo. Hablan con las miradas y él, en un par de ocasiones, toca la barriga de su chica. Eso hace que ella se dé cuenta de que sus temores eran infundados. Vicky le acaricia la cara y le susurra al oído que va a ser el mejor padre de todos y que no se arrepiente, para nada, de haberse “atado” a él de por vida.

-Eso de que voy a ser el mejor padre del mundo, vamos a dejarlo. Porque, puestos así, yo puedo decir que tú serás la mejor madre de todas.

-Ya veremos quién de los dos es mejor, aunque, siéndote sincera, te diré que nuestro retoño estará orgulloso de que nosotros seamos sus padres.

-Se me hace raro hablar de mí como padre. Es una sensación demasiado extraña.

-No eres el único, mi amor.

Pilar hace que tose para que los dos jóvenes se percaten de que no están solos. Ángel se pone un poco rojo y sonríe. Siguen hablando durante todo el rato. Nada más terminar de cenar, Vicky se levanta de la silla y va al baño. Las náuseas no la dejan tranquila. Intenta convencerse de que ya la queda poco para que dejen de atacarla, pero, aun así, la da rabia no poder ingerir nada sin que los dolores la hagan ir en dirección al baño.

Entra en el servicio y, a duras penas, consigue echar fuera toda la cena. Se sienta en el váter y consigue mantenerse entera. Piensa que lo mejor es salir ahí fuera y hacer como si no hubiese pasado nada, a pesar de que es consciente de que su chico no se va a tragar el cuento de que está bien.

Antes de salir, se mira al espejo y comprueba que su cara está igual que antes de entrar allí. Sale y Ángel la pregunta el porqué de su marcha al baño.

-Necesitaba ir.

-No soy tonto. Has ido por las náuseas, ¿me equivoco?

-Para nada, pero no quiero que salga de aquí. Es lo mejor para todos.

-Mi vida, las náuseas son normales en las embarazadas. ¿Qué hay de malo en tenerlas?

-Que me estoy comiendo la cabeza pensando que esto no va a salir bien.

-Todo va a ir genial y a mediados de noviembre vamos a tener a nuestro bebé en brazos, ¿entendido?

Vicky sonríe y besa a su esposo. Están allí un rato más y, tras pagar a medias la cena, los cuatro salen de allí. Vicky les dice a sus padres que no cojan ningún taxi, que ya les acercan a casa en coche.

Ángel es quién les convence, ya que aseguran que les da igual ir en taxi. La pareja les acerca en coche y se van en dirección Bezana. El silencio sigue entre demasiado presente entre ellos. Es algo extraño para ambos. Ella intenta, sin éxito, sacar tema de conversación.

-Amor, ¿se puede saber qué narices te pasa?

-No me pasa nada, pequeña, no te preocupes.

-Sí que te pasa algo, estás demasiado raro.

-¿De verdad quieres saberlo?

-Si no me interesase tu ánimo, no te preguntaría nada.

-Me pasa que no me veo capaz de afrontar la responsabilidad de ser padre.

-Lo harás genial, amor.

-Te veo muy segura, Vicky, pero sé que no es así. Cometeré demasiados errores en cuanto llegue a este mundo.

-Si como médico eres bueno, como padre serás mejor.

Ambos llegan a casa y no hablan más. Ella está molesta por la reacción de Ángel. No se explica las razones de su marido. Intenta no pensar en ello.

Se pone el pijama y, cuando se va a meter en la cama, Ángel la pide que espere despierta, que va al baño y ahora va a la cama a hacerla compañía. Ella se sienta en su parte de la cama y espera ansiosa la llegada del chico. Son dos minutos un tanto eternos y, de pronto, le ve aparecer con un paquete.

-Faltaba la mejor sorpresa de todas, mi amor.

-¿No me vas a dar pistas antes de abrirlo?

-Dejaría de ser sorpresa.

Vicky abre el paquete y se encuentra con un cuaderno con portada de época. Ángel la insta a que le abra. La chica hace caso y descubre, en primera página, una foto de ambos y, como encabezado de la foto, un “Nuestra historia: una historia interminable”.

-Es una especie de novela que relata nuestra historia. La empecé a escribir cuando empezamos. No están todos y cada uno de los detalles que nos han pasado en estos once años de amor, pero sí los que yo considero más importantes. Viajes, conversaciones, la pedida de mano, los cumpleaños… También está el día de la boda. En ella, podemos escribir todas las cosas que nos marcan, así podremos enseñárselo a nuestros hijos y nietos.

-Te quiero tanto, cariño. Seguro que podremos contar a nuestro retoño nuestra historia de amor.

-Y a todos los que vengan detrás, Vicky, porque la criatura que se está formando ahí dentro, fruto de nuestro amor, va a conseguir que estemos más unidos que nunca. Quiero que, entre los dos, la veamos crecer.

-¿Qué pasa con lo que me has dicho antes?

-Olvídalo, mi amor. No sabía lo que decía. Me había molestado no ser la primera persona en enterarme de la noticia, pero respeto los motivos que te han llevado a esperar a hoy a contármelo.

La pareja se funde en un tierno abrazo seguido de un beso largo. Ella, entre lágrimas, da las gracias a Ángel por todo lo que, desde que se conocen, ha hecho por ella. Él besa la tripa de su mujer y la pide que duerma abrazada a él, que quiere sentir su calor. Así lo hacen, Vicky se acomoda en el pecho de Ángel y éste se pone de tal manera para poder acariciar durante la noche la tripa en la que está creciendo su bebé.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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3 respuestas a Cumpleaños con sorpresas

  1. Muy tierno. ¡Ya me gustaría a mí que me trajeran el desayuno a la cama el día de mi cumple! (lo del bebé lo dejamos , como decimos en Cantabria “pa prao”). Feliz cumple, Elena y gracias por hacernos un regalo tan estupendo 🙂

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