Caprichos y Secretos de la infancia. Capítulo 18.

Triángulo

Estamos hablando hasta tarde y, durante la charla, consigo contarle que estoy bastante pillada por Ángel y le suplico que se calle nada, que aún no ha llegado el momento para decirle lo que siento. Mi vida es demasiado complicada como para enfrentarme a empezar una relación amorosa.

-Esto es lo que más he echado de menos.

-¿El qué?

-Que me cuentes tus secretos y tus inquietudes. Han pasado varios años desde que dejamos de hablar, pero parece que fue ayer cuando me soltaste que me odiabas.

-Desde que te fuiste, nadie ha podido suplirte. Ni mi hermana ha sido capaz de entenderme tanto y tan bien como lo hacías tú.

Nos vamos a dormir tras un buen rato recordando ciertas intimidades que tuvimos durante nuestra amistad. Antes de entrar a la habitación, me pregunta si sigo unida a Cecilia. Le comento que sí, que, a pesar de las diferencias que hay entre nosotras, seguimos siendo buenas amigas. Me acerco a él para darle un abrazo y sentir cómo sus brazos pasan por mi espalda, al igual que hacía cada vez que yo me sentía al borde del llanto.

Tras sentarme en la cama enciendo el portátil para cotillear el blog de Rodrigo, ya que hay demasiadas ganas de saber qué clase de locuras sigue publicando allí. En la última entrada subida, veo que dice asegurar haber estado al borde de enrollarse con la chica que le gusta, pero que ella, por alguna razón que desconoce, no ha accedido. Dice que le acechan las dudas, que no sabe qué es lo que la impide para estar con él.

Decido comentar y le digo que, bajo mi punto de vista, debería luchar por ella hasta que vea que ella no quiere saber nada de él o la chica encuentre a alguien que la haga feliz, sea o no él.

Mientras espero a que él conteste al comentario, entro a fisgar mi correo. Tengo uno de Cecilia, en el que me pide que pase de Rodrigo, que, por muy buena empleada que quiera parecerle, va a jugar conmigo y me hará daño, porque es lo que suele hacerles a todas las chicas de las que se encapricha. La respondo comentando que sospecho que lo que dice sentir hacia mí es sincero, puesto que es la sensación que dan las entradas de su blog.

Me despierto pronto por la mañana, a eso de las nueve y media, y me levanto a beber agua. Pepe se da cuenta de que ya estoy despierta y se levanta del sofá a darme un abrazo. Nos sentamos en la mesa grande del salón y charlamos animadamente.

Tras terminar de desayunar, llaman a la puerta y nos asustamos. Voy a abrir la puerta y allí me encuentro con Rodrigo.

-¿Te he despertado?

-Es sábado y me apetecía estar más tiempo en la cama. ¿Qué quieres?

-Pasar el día con la más guapa. ¿Me lo permites?

-No, tengo planes.

-¿Ya has quedado con Ángel?

-No –interrumpe Pepe-. Soy yo el que estoy en su casa y pasaremos el día haciéndonos compañía, como tantas otras tardes pasamos hace tiempo.

Con la misma, me da un beso en la mejilla y se va. Me despido, nuevamente, de él por la ventana y, con la mirada, intuyo que me dice que me echará de menos hasta que vuelva a verme.

No puedo evitar sentirme mal, sé que Rodrigo no se merece todo lo que está pasando. Soy yo la que está haciendo las cosas mal. Tendría que sincerarme con él y contarle que lo que siento por él no es comparable con lo que siento por Ángel.

-Pitu, me he dado cuenta de una cosa.

-¿De qué, si puede saberse?

-Rodrigo te quiere, y no bromeo.

-¿De dónde te has sacado eso?

-Emma, sus ojos hablan. A ver si te das cuenta y lo habláis.

“Dios mío, parece ser cierto lo de que me quiere” pienso mientras me voy a la habitación a coger las cosas para irme a la ducha.

Tras salir del baño, le propongo ir a dar una vuelta y tomar algo por la zona. Acepta asintiendo con la cabeza. Un rato después, salimos a la calle y mi móvil empieza a sonar. Es Ángel. Acepto la llamada y me pregunta si nos apetece ir a tomar algo a su casa y, ya de paso, pillamos unos bocadillos en el bar de abajo. Le comento a Pepe la proposición de Ángel y le parece una idea muy buena. Además, asegura que tiene ganas de volver a tener noticias de Ángel.

-Nos vemos, pues, dentro de media hora. ¿Te parece?

-¿Y eso?

-Estamos dando una vuelta por la zona.

-Vale. Una pregunta. ¿Ha estado Rodrigo en tu casa?

-Sí, ¿por qué?

-Simple curiosidad.

Mientras Pepe y yo damos una vuelta, me pongo a pensar en la relación que mantengo con Ángel y con Rodrigo. ¿Cómo explicar a Rodrigo que prefiero a Ángel? ¿Cómo hacer a Ángel entrar en razón y convencerle de que Rodrigo no es tan mala persona como me intenta hacer creer?

 

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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