Caprichos y Secretos de la Infancia. Capítulo 16

Pruebas de amor

Al fin llega el viernes y, cuando llego a la oficina, veo que Ángel aún no ha aparecido –se me hace bastante extraño, ya que tampoco hemos coincidido en el tren-. Le llamo al móvil y no me responde a la llamada. Siento un gran vacío al no tenerle cerca, pero no quiero ponerme insistente.

En vista de que no aparece, bajo a la recepción para preguntar a Ángela si sabe algo de él.

-Te aconsejo que dejes de hacer daño a mi primo.

-Explícate, que no te entiendo.

-Si no le quieres, díselo y evitarás mucho sufrimiento.

En ese mismo instante, Ángel entra por la puerta. Según me ve, borra de su cara esa sonrisa que tan loca me vuelve. Subimos juntos en el ascensor y el silencio se apodera de ambos. Me da la sensación de que se le ha comido la lengua el gato, aunque no sé qué narices le pasa conmigo. Cuando cada uno se sienta en la mesa, le pregunto si le pasa algo, porque le noto demasiado raro como para ser viernes.

-Sé que no me quieres. Me has demostrado que te encantan los riesgos.

-No te sigo.

-Me he dado cuenta de que quieres más a Rodrigo que a mí, ¿no es cierto?

-No, y lo sabes.

-Claro, y por eso os habéis enrollado ayer.

-¿Qué dices? Eso no es verdad.

-Soy más listo de lo que tú te piensas. Cuando llegue la hora de salir, hablamos tranquilamente, y sin discusiones, de nuestra relación.

-Vale.

No puedo concentrarme en exceso. ¿De qué quiere hablar Ángel? ¿Nuestra relación, la que sea que tengamos, se termina? Con estas dudas, es imposible que pueda concentrarme. ¿De verdad se ha enterado de lo que pasó entre Rodrigo y yo en el coche? Dudas, dudas y, como siempre, muchas dudas.

Llega la hora de comer y bajo sola a la cafetería. Me apetece estar sola, pensando en mis cosas. Rodrigo baja un par de minutos después y me pregunta si puede sentarse conmigo.

-Me apetece estar sola, pero muy amable por tu parte.

-¿Has discutido con Ángel?

-Lo que pase entre nosotros, queda entre nosotros. Y ahora, vuelvo a pedirte que me dejes sola, lo necesito.

Sé que estoy bastante pillada por Ángel, pero lo que siento hacia Rodrigo es bastante difícil de explicar. Hay algo que me hace ir a su lado, pero, no sé, con todo lo que he vivido con Ángel, me da cierta cosa estar a solas con Rodrigo.

Termino de comer y, justo antes de subir a mi mesa, mi móvil comienza a sonar. Descubro que es un número que no tengo memorizado y, durante un par de segundos, dudo si cogerlo. Lo cojo y pregunto quién es la persona que me está llamando.

-¿Te importa llamarme cuando salgas de trabajar?

-Vale, pero, ¿no puedes decirme quién eres?

-Lo sabrás luego.

Con la misma, cuelga.

Imposible concentrarme durante la tarde. Entre el desconocido que quiere que le llame cuando salga, y mi disputa con Ángel, me encuentro bastante ida, como si yo fuese a otro ritmo.

Al cabo de un rato, Ángel me pide perdón por haber sido tan borde conmigo. Acepto sus disculpas y le pregunto de dónde se ha enterado de la mentira de mi rollo con Rodrigo.

-Ha puesto en su blog que se ha enrollado con una chica, por lo que he supuesto que esa chica eres tú.

-Ayer no he salido de casa para nada.

-¿Segura?

-Totalmente, ¿por qué?

-Fui a verte y no me abriste la puerta.

-Estaría, entonces, en la ducha.

Cuando salimos del trabajo, Ángel se ofrece a llevarme a casa en coche. Rechazo su invitación, alegando que me apetece ponerme a leer un libro. Descubro que Ángel está bastante alejado para llamar al desconocido de ese mediodía. De pronto, rechaza la llamada y alguien se acerca por detrás y me tapa los ojos.

-Pitufa, ¿te acuerdas de mí?

-¿Pepe? Has vuelto. Nunca pensé volver a verte.

-Durante estos años, he estado pensando en lo que pasó y sé que no debí dejar de hablarte por ese “te odio”. No estabas en condiciones.

-Ya, estaba borracha. Pero bueno, asunto zanjado. Cambiando de tema, ¿te vienes a tomar algo a casa?

Pepe acepta mi propuesta y cogemos el tren. Hablamos animadamente y mi amigo me pregunta por lo que he estado haciendo desde que perdimos el contacto. Le cuento alguna que otra aventura universitaria y reímos. Tras ponerse serio, me comenta que ha estado hablando, muy de vez en cuando, con Cecilia, pero que nunca le contó nada de mí.

Ya en casa, veo que tengo varias cartas. Una de ellas es de Ángel, en la que me propone ir a dormir a su casa. Le escribo un mensaje en el que le comento que no me apetece, que tengo planes.

Minutos después, recibo contestación al mensaje. Me pone que no pasa nada por no poder ir, que ya dormiré otro día en su casa.

¿La vuelta de Pepe tenía que ver con Ángel? Si era así, ¿se lo había pedido él?

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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