Caprichos y Secretos de la Infancia. Capítulo 15

Encontronazo

Llego a la Estación y no hay señales de Rodrigo. Miro el reloj para descubrir que, si es puntual, no tardará mucho en aparecer. Los minutos pasan y yo me empiezo a poner un poco nerviosa, ya que sé que he de disimular lo suficiente para que él no se dé cuenta de que yo soy la autora del anónimo de recepción.

El coche de Rodrigo se acerca y mis nervios aumentan. Según me ve allí, apoyada en la pared, sale del coche y se acerca a mí.

-¿Esperas a alguien? –me pregunta tras darme dos besos.

-Entramos en el coche y allí te explico mejor.

Me siento a su lado y comento que había quedado con una amiga, la cual no se iba a presentar por la sencilla razón de que la habían surgido otros planes mejores. Cuando termino, él me cuenta que ha quedado con alguien que no había querido desvelarle su identidad.

Estamos callados durante un rato esperando a ver si aparece alguien conocido. Como todas las personas que pasan se dirigen a la boca de Metro, Rodrigo decide que vayamos a tomar algo a un bar. Llegamos a un lugar que está un poco apartado y, antes de salir del coche, nos ponemos en la parte trasera y, allí, nos enrollamos. Siento como el peso de su cuerpo se posa encima de mí. Dejo que sus labios se apoderen de los míos y le sigo el juego, a pesar de que mi conciencia me pide que pare. Sé que, con esto, puedo hacer daño a Ángel y lo que ambos hemos vivido puede irse al traste, pero sé que nada ni nadie podrán fastidiarnos lo que ambos queremos vivir el uno junto al otro.

Al cabo de un rato, entramos en un bar y comenzamos a charlar después de sentarnos en una mesa.

-Emma, una pregunta. No serás tú la que me ha mandado el anónimo, ¿no?

-No sé de qué anónimo me hablas. Si pretendes llamarme mentirosa, bórrate esa idea de la cabeza. Sabes que nunca te he mentido.

-Sé que, de momento, hasta el día de hoy, nunca me has engañado, pero, no sé, me parecen demasiadas coincidencias.

En ese momento, descubro que mi madre acaba de entrar en el mismo bar. Trato de disimular lo mejor que sé y, como los nervios se apoderan de mí, decido hacer una visita al baño con la intención de retocarme el maquillaje.

Varios minutos después, salgo del baño. Me dirijo deprisa a la mesa para evitar que mi madre me vea. Hasta el momento, todavía no se ha dado cuenta de que estoy allí.

Estamos hablando de lo mal que ha empezado nuestra relación cuando, de pronto, veo que mi madre me reconoce y se acerca a saludarme a la mesa.

-Cariño, cuanto tiempo sin saber de ti. ¿Qué te trae por aquí?

-Creo que no nos conocemos. Ha debido de equivocarse.

La cara que se la queda a mi madre es un poema. Miro a Rodrigo y, con la mirada, le digo que hemos de salir de allí. Pagamos en la barra y salimos del local.

Justo antes de entrar al coche, me echo a llorar. Rodrigo me pide que me relaje y le cuente qué es lo que acaba de pasar en el bar. Me siento en el coche y trato de relajarme un poco. Siento que ya nada puede salir peor y que nadie conseguirá entender todos los sentimientos que acabo de experimentar al lado de la persona que me ha dado la vida. Como no puedo dejar de llorar, Rodrigo me abraza. Me siento protegida, aunque las lágrimas no cesan de caer por mis mejillas.

-Emma, ¿se puede saber por qué lloras? Si lo necesitas, me lo puedes contar.

-Era ella –consigo decir entre sollozos.

-Explícate, que me he perdido.

-No lo entenderás.

Me vuelve a abrazar. A pesar de que las lágrimas siguen cayendo por mi cara, consigo que mi mente se ponga en blanco y trato, por mi bien, de serenarme.

Durante el trayecto hasta mi casa, vamos en silencio. Yo no digo nada, ya que no me apetece recordar lo que acaba de suceder. Rodrigo, en cambio, me acaricia la mano en un par de ocasiones. ¿Por qué tengo que tener noticias de mi madre ahora? ¿Qué se supone que hace en esta ciudad?

Un rato después, Rodrigo aparca enfrente de mi casa. Nos apeamos del coche a la vez y nos despedimos con un tierno abrazo.

Según subo a mi casa, me descalzo y voy a coger el teléfono para contar a mi hermana lo que me acaba de pasar.

-Ceci, soy tonta.

-¿Qué se supone que acabas de liar ahora?

-Mamá me ha visto en un bar y ha venido donde mí.

-Espera, ¿cómo? ¿Mamá por allí?

-Sí, como te lo cuento.

-Miedo me das. ¿Y qué has hecho?

-Cuando me ha saludado, la he dicho que debía de haberse confundido de persona, porque yo no la conocía de nada.

-¿Eres tonta? Desde que estás enamorada, no eres la misma.

-Dos cosas quiero aclarar. Primero, no soy tonta, me lo hago cuando me interesa. Segundo, eso de que estoy enamorada vamos a dejarlo, porque no lo estoy.

Sigo hablando un rato con mi hermana hasta que me llega un mensaje al móvil. Me despido de ella y me levanto del sofá con la intención de mirar quién es la persona que me ha mandado el mensaje. Veo que es de Rodrigo: “Mira por la ventana, preciosa, que vengo a entregarte mi corazón”. Abro la ventana y ahí le veo, con un globo en forma de corazón en la mano. Las lágrimas vuelven a caer por mi cara, solo que esta vez son lágrimas de emoción. Le propongo que suba a casa y éste acepta encantado.

¿De verdad Rodrigo me quiere? ¿Por qué tanto Ángel como Cecilia me piden con tanta insistencia que me aleje de él?

Después de esto, me gustaría desearos a todos una muy Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo. Deseo de corazón que el año que, dentro de unos días va a comenzar, sea mejor que este que termina.

Un besazo enorme, y lo dicho, pasar unas fiestas en familia.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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