Caprichos y Secretos de la infancia. Capítulo 12

Intenciones

Me dispongo a ver la tele hasta que, de pronto, suena el timbre. Es un hecho que se me hace extraño, puesto que, tras mirar la hora en mi móvil, descubro que solo son las ocho y diez y queda algo más de una hora para mi cita con Rodrigo.

Me levanto del sofá para mirar quién es. Para mi sorpresa, Rodrigo ha llegado. Es un hecho que se me hace bastante extraño, ya que siempre ha dicho que no le gusta llegar a las citas ni demasiado pronto ni demasiado tarde. Le abro y descubro que trae una botella de vino en la mano.

-¿A qué viene esto?

-Quiero que celebremos nuestra amistad.

-No te entiendo. Llegas demasiado pronto. La cita era a las nueve y media.

-Eso ya lo sé, Emma. Si te soy sincero, mi intención es tomar algo en casa para, después, salir por ahí.

Empieza a reírse y me agarra por la cintura. Yo no sé qué hacer, por lo que decido seguirle un poco el rollo. Abrimos la botella de vino y nos sentamos en el sofá. Empezamos a hablar de trabajo y, cuando menos me lo espero, me planta un beso en los labios. Uno más para añadir a la lista de besos robados.

-Para, por favor.

-¿Por qué?

-Ya te he dicho que no me apetece enrollarme contigo.

-Estamos fuera de la oficina. ¿No te apetece, aunque sea solo una vez?

-Lo siento, pero, de momento, no.

-Entonces, lo mejor es que me vaya.

-¿Pensabas que por que aceptase a quedar contigo fuera de las horas de trabajo, iba a aceptar que nos enrollásemos?

-Emma, no sé cómo explicarte que te quiero.

-Y yo no sé cómo decirte que esto, lo nuestro, es algo más que imposible.

-Puede que tengas razón, pero deja que haga una cosa antes de irme.

-¿Qué quieres hacer?

-Ser feliz una vez más.

-¿Cómo pretendes hacerlo?

Con la misma, me vuelve a besar. “Si Ángel se entera de esto, no quiero imaginarme qué sería capaz de hacer” –pienso mientras nuestras lenguas se entrelazan.

Me despido de mi jefe por la ventana. Su coche se aleja y pienso en todo lo vivido a su lado. Llamo a Ángel para hablar con él y, mientras lo hago, me echo a llorar de una manera desconsolada. Le pido que venga a mi casa.

-En diez minutos me tienes allí, pequeña.

-Lo que necesites, de aquí no me voy a mover.

Me tumbo en el sofá a seguir llorando. No puedo evitar sentirme mal por ambos. Por un lado, me siento mal por Ángel, porque sé que su cariño es sincero y soy consciente de que, en ocasiones, estoy jugando con lo que siente. Por otro lado, me siento mal por Rodrigo, porque sé que, en el fondo, siente algo hacia mí. Lo que no sé es si hacer caso a mi hermana y no hacer cosas para que me haga caso.

Como siempre, en último lugar estoy yo, que no sé lo que quiero. No sé lo que siento por ninguno de los dos. Estar al lado de uno de ellos es como decir que me transporto a otro mundo, al mundo de los sentimientos que no están claros.

De pronto, el sonido del timbre me despierta de mis pensamientos. Abro la puerta y veo que es Ángel el que, tras media hora, ha llegado a casa. Lo primero que hace es pedir que me relaje, que no piensa permitirse que, por nada del mundo, esté mal.

-¿Podrías quedarte a dormir esta noche aquí? No creo que pueda estar bien si me quedo sola.

-No hace falta que me lo pidas. Me quedo aquí lo que necesites, ya que sabes que, a pesar de lo que pueda pasar entre nosotros, quiero verte bien.

-Gracias, Ángel. Aunque tengo que ser sincera contigo, no te mereces que te oculte cosas.

-¿A qué te refieres?

-Creo que Rodrigo me quiere y va en serio.

En ese instante, Ángel me da un abrazo y no puedo evitar seguir llorando. A diferencia que con mi jefe, a su lado me siento protegida. He de reconocer que mi hermana tenía razón el primer día: estoy pillándome por Ángel. Durante el tiempo que dura el abrazo, le pregunto de nuevo si me conoce de algo, porque no es normal que fuese el único que supiese mi apellido.

Empieza a reírse y no sabe qué responderme. Voy a la cocina a ponerle algo para beber y, de mientras, Ángel se dedica a mirar las fotos de la pared.

-¿Quién es la chica que sale contigo en todas y cada una de las fotos?

-Mi hermana, también conocida como mi mejor amiga. ¿Por qué?

-Me resulta extraño que salgas con la misma persona en todas las fotos.

-Ya ves, es lo que tiene saber que ella es la única persona que no te falla y no te juzga por todas las burradas que sueltas cuando tienes problemas.

Miro a mi compañero y pone una cara que me hace sospechar que la ha conocido. Decido preguntarle por la cara que ha puesto. Comenta que piensa en sus cosas. Propongo que vayamos a tomar algo a algún sitio cercano, y Ángel acepta. Aunque va a pasar la noche en mi casa, quiere disfrutar de mi presencia.

Me meto en la habitación para prepararme. Estoy bastante nerviosa, por lo que me cuesta bastante decidirme. Mientras me visto, mando un mensaje a mi hermana para pedirla que no intente ponerse en contacto conmigo, que voy a estar ausente varios días y no voy a hacer mucho caso al móvil. También la comento que, si necesito hablar con ella, ya la llamo yo.

Cuando Ángel y yo salimos de casa, me pongo a pensar en el odio mutuo que Rodrigo y él se tienen. ¿Qué habrá pasado entre ellos para que no se soporten?

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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