Caprichos y Secretos de la Infancia. Capítulo 11

Revelaciones

Me meto en la cama y me pongo a pensar en Pepe. Tengo claro que le conozco, pero el hecho de conocer su nombre no me hace recordar de qué. No sé si lo ha hecho aposta, pero lo único que Ángel ha conseguido es que me pierda más de lo que estoy.

No consigo conciliar el sueño, por lo que decido levantarme a coger mi portátil y mirar el blog de Rodrigo, puesto que tengo interés en saber si ha escrito algo nuevo.

Cuando termino de leer la última entrada, me pongo de mal humor. Mi conciencia me dice que le ponga un comentario. Después de pensar qué decirle, comento que, si la chica a la que él quiere le ha rechazado, que la deje escapar. A los 10 minutos, aproximadamente, Rodrigo responde al comentario. Su respuesta es que no la puede dejar escapar, que, para conquistarla, está cambiando.

Me vuelvo a meter en la cama y el sueño puede con la comedura de cabeza a cuenta de la respuesta de Rodrigo en su blog.

Por la mañana, cuando me levanto, descubro que no he guardado la foto que me ha mandado Ángel.

Tras guardarla, me preparo un desayuno con la intención de despejarme un rato, ya que, desde siempre, los martes me deprimen bastante. Salgo al tren después de probarme varios modelitos de ropa, los cuales me convencían poco, por no decir nada.

Ya en el tren, espero ansiosa a llegar a la parada en la que Ángel se sube. Nada más verle, descubro que lleva una pequeña bolsa negra en la mano. Al reunirse conmigo, me ofrece la bolsa y me da un cálido beso en la mejilla.

-No tienes porqué traerme nada. Ahora soy yo la que se siente mal.

-Espero que te guste.

Descubro que es una preciosa pulsera de color rosa palo. Le doy las gracias y le doy un beso en la mejilla. También le pido que, a pesar de que no me molesta, no ha de preocuparse tanto por mí.

Al poco rato, nos bajamos del tren y me acuerdo de quién es Pepe. Él ha sido mi mejor amigo durante toda mi infancia y parte de mi adolescencia. Trato de comprender por qué Ángel ha tardado tanto tiempo en desvelarme su nombre. Pepe dejó de hablarme varios años atrás por unos hechos que, en cierto modo, me avergüenzan.

-¿En qué piensas? –me pregunta Ángel, interrumpiendo mis pensamientos.

-¿Eh? No es nada que deba preocuparte.

-¿Seguro? Porque creo que estás pensando en algo relacionado con lo que te he contado durante estos días.

-No es cierto. Mis pensamientos no tienen nada que ver ni con el trabajo ni con nuestras conversaciones.

-Espera un poco, que antes de entrar en la oficina quiero hacer una cosa.

-¿El qué?

Rodeamos el edificio de la empresa para escondernos en la parte trasera. Antes de decirme nada, Ángel se cerciora de que allí no puede vernos nadie, puesto que esa zona se encuentra relativamente cerca de la entrada al aparcamiento.

-¿Dónde narices quieres llegar? Porque me estás poniendo de los nervios con tanto secretismo.

-Quiero que seas mi novia.

-Ángel, es demasiado pronto para empezar, creo que antes debemos conocernos mejor.

Con la misma, volvemos a la entrada dando un rodeo, ya que ninguno de los dos queremos que la gente sospeche de lo que hemos estado haciendo por aquellos lugares.

Al poco rato de ambos ponernos a trabajar, Rodrigo nos llama a su despacho para hablar de lo que le hemos mandado por correo. Comenta que está bastante bien, pero que quiere retocar una cosa que no le convence del todo.

-Voy a cambiar el color de esta parte, es lo único que no me gusta –comenta Rodrigo.

-La semana pasada te lo mandé exactamente igual y no pusiste ninguna pega –objeto yo.

-Si miras los números anteriores de la revista, verás que nunca está exactamente igual, así que eso se va a cambiar de color.

Recibo una pequeña patada de Ángel por debajo de la mesa. Intuyo que su significado es que me relaje un poco, que he de aguantar casi todo lo que diga, que para algo es el jefe. Rodrigo nos dice que volvamos al trabajo, aunque a mí me pide que me quede un poco, que le apetece proponerme un plan.

-¿Qué quieres ahora?

-Tengo un plan para proponerte.

-Desembucha, que no tengo todo el día.

-¿Te apetece que esta noche vaya a buscarte a casa y vamos a tomar algo?

-Si por un casual acepto, ¿dónde piensas llevarme?

-¿Te apetecería conocer mi casa?

-Como todavía no me fío demasiado de ti, prefiero ir a un bar.

-No tengo pensado liar ninguna.

-Ya te lo he dicho, no me fío de ti.

-Acepto, te llevo a un bar. ¿Te parece bien a las 9.30?

-Estupendo.

“¡Que extraño!” pienso. ¿Qué interés tendría en llevarme a su casa? El resto de la jornada transcurre sin más incidentes.

Por la tarde, ya en el Metro, Ángel me pregunta sobre mi conversación matutina con Rodrigo.

-Quería comentarme una chorrada.

-Una chorrada que te ha tenido preocupada todo el día.

-No he estado preocupada por la conversación.

-¿A qué se debe tu preocupación, entonces?

-A Pepe, el chico de la foto.

Tras llegar a casa, me pego una ducha y me pongo a pensar en Rodrigo. ¿Por qué me invita a tomar algo? ¿Qué intenciones tiene? Me da igual lo que piense, quiero saber lo que le pasa, y no pienso aguantar tanto “secretismo”.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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