Un fin de semana de lo más encantado

Después de varias semanas organizando el fin de semana en una casa rural, al fin ha llegado el momento.

Hemos decidido quedar los cinco en casa de Álex para cargar las cosas y subir hasta Polientes en la furgoneta de los padres de Álex.

La casa rural está a un kilómetro del pueblo y, por comentarios de gente a la que conocemos, está muy bien para pasar un gran fin de semana en familia.

Para mí, ellos son mi familia. Después de la trágica muerte de mi padre y mi distanciamiento más que evidente con mi madre, ellos han sido el único y mejor apoyo que he tenido.

Álex es el hermano que nunca tuve, él es el único que sabe todos y cada uno de mis secretos. Reconozco que me conoce mejor que yo misma. Rober es ese chico que aparece en tu vida para cambiártela. A pesar de que entre nosotros no hay nada más que una buena amistad, Rober es ese chico por el que suspiro. Le veo como algo más que un amigo. Pero tengo miedo, miedo de sincerarme y que él no sienta lo mismo que yo y decida distanciarse de mí. Miriam es una gran amiga. Gracias a ella, he perdido gran parte de mi timidez. Aunque sus consejos no siempre me han servido. ¿Y Chema? ¿Qué decir de él? Chema se ha convertido en el gracioso del grupo, ese que nos espabila cuando estamos dormidos, el que no soporta que uno de nosotros no sonría. Sus chistes, malos en su mayoría, son los que nos alegran la vida.

Los cinco formamos el grupo “Bichos pijos”. Álex fue el que escogió el nombre para el grupo, ya que, según él, somos unos bichos que, como su propio nombre indica, no podemos parar quietos.

En la furgoneta, me siento al lado de Rober. Álex es el conductor, y Miriam va de copiloto. Chema se ha sentado a mi lado y mira por la ventana, ausente, como si estuviese tramando algo.

Vamos demasiado callados, acompañados por el único sonido de la música procedente del reproductor que ha puesto Rober.

Durante el trayecto, Rober y yo vamos hablando tranquilamente. En un momento dado, decido apoyarme en él. Pasa su brazo por encima de mi hombro para que me acomode en él. El olor a su fragancia me embriaga y, a su lado, me siento bastante protegida.

Álex se da cuenta de lo que acabo de hacer y sonríe. Sabe que desde hace tiempo tengo ganas de estar así, apoyada en él. No me duermo, pero el hecho de estar así, a su lado, me reconforta. Me embriago con el olor de su colonia y la felicidad se apodera de mí.

Llegamos al lugar y nos dirigimos a recepción para que nos entreguen la llave del apartamento. Álex, como es el que ha hecho la reserva, es el que habla.

Nos dan la llave del apartamento y nos dirigimos allí con todas las cosas. Subimos a la primera planta, en la que se encuentra la habitación, para hacer el sorteo de las camas, ya que son individuales. A mí me toca entre Chema y Miriam, y las dos camas de enfrente son para Rober y Álex. No me hace mucha gracia no estar al lado de Rober o Álex, pero así es el azar.

Rober, Álex y yo nos disponemos a colocar toda la comida y la bebida que hemos comprado cuando, de pronto, oímos un chillido. Por la voz, sospechamos que es de Miriam.

-Chema la estará haciendo cosquillas –comenta Rober.

-Él no es así –digo yo-. A Chema no le gusta hacer cosquillas.

Al cabo de un rato, Miriam y Chema bajan juntos las escaleras. Miriam lo hace un poco despeinada, por lo que nosotros tres nos miramos y empiezo a creer que Rober tenía razón.

Decidimos ir a la piscina, a tomar el sol y a bañarnos un rato. Miriam sale delante de mí y descubro que tiene una marca a medio camino entre el cuello y el hombro izquierdo. La pregunto desde cuándo la tiene y me responde, de manera un poco brusca, que lleva en su cuello desde hace varios días y que no he de preocuparme.

-Hace un rato hemos oído un chillido y creemos que ha sido tuyo.

-Nani, créete lo que quieras, porque te aseguro que esta marca lleva en mí desde hace varios días. Además, no sé lo que habréis oído, pero te aseguro que la menda no ha chillado en ningún momento.

Llegamos a la piscina y me tumbo en la hamaca libre que hay entre Álex y Chema. Unos segundos después, Álex se levanta para ir a sumergirse a la piscina y noto que Chema se va acercando a mí. En cuanto puede, me susurra que necesita hablar conmigo en cuanto volvamos al apartamento, así que me pide que me vaya con él cuando decida irse. Empiezo a pensar que le pasa algo conmigo y quiere aprovechar ese fin de semana para hacérmelo saber.

Me voy al agua a hacer compañía a Álex y me dice que ha visto una marca en el cuello de Miriam que no había visto nunca. Le comento que yo también se la he visto, y que me ha jurado que la tiene desde hace varios días.

-Ni de coña –comenta él-. Porque, entonces, el chillido no me cuadra.

-Ni a mí, aunque, si te soy sincera, pienso que Chema tiene algo que ver.

-¿Por? Vale, sé que me vas a decir que estaban juntos, pero…

-Me ha contado que tenemos que hablar –lo interrumpo.

Su cara le delata. Me doy cuenta de que sabe que tengo razón. Creemos que lo más conveniente es que, de momento, no hemos de decir nada y esperar a contarlo en el momento adecuado.

Una media hora después, Chema es el primero en decidir que se vuelve al apartamento. Me pide que marche con él y así poder aprovechar a decirme lo que tiene que decir. Acepto y recojo mis cosas. Álex es el único que sabe el motivo de que decida irme con él.

Caminamos hacia el apartamento sin dirigirnos la palabra. Comienzo a subir las escaleras y Chema me agarra del brazo y me pide que espere, que ha llegado el momento para decirme, y hacer, su “cometido”.

Con una mano, me agarra por la cintura; y con la otra, me tapa la boca. Hace lo necesario para que no me escape y me muerde en el cuello. No consigo chillar, pero intento pellizcarle en el brazo para que me suelte.

Le miro y se ríe. Mi odio va en aumento y con mi mano, descubro que tengo la misma marca que Miriam.

-¿Qué se siente?

-Quiero saber a qué narices ha venido esto.

-Necesito que los cinco seamos iguales.

-¿Te vas a explicar de una vez por todas? Porque no te entiendo.

-Te seré sincero. Si me uní a vosotros es porque me veo en la necesidad de crear algo distinto. Quiero que se lo hagas a Álex. Miriam se encargará de tu amorcete.

-Para tu información, Rober solo es mi amigo. Y no sonrías tanto, porque no pienso seguir con tu juego.

-Nena, lo acabarás haciendo. Yo también quise negarme, y mírame ahora, ya os lo he hecho a Miriam y a ti.

Llaman a la puerta y Chema va a abrir. Me meto en el baño rápido para tratar de encubrirme.

Mientras me ducho, noto como mi cuello echa fuego. Me siento como si, en vez de sangre, fuese veneno lo que corre por mis venas. Álex entra a afeitarse y me pregunta por mi charla con Chema. El miedo me invade y no suelto prenda. Con ello, consigo que Álex se preocupe. Intenta acercarse a mí para mirar si tengo alguna marca en el cuello, pero yo se lo impido.

-Nani, ¿pasa algo? Me estás preocupando.

-Para, Álex, no te acerques. Te haré daño.

-Cielo, aunque te lo propongas, no me harás daño.

-Esta vez sí.

Salgo del baño y pillo a Miriam por banda. La suelto que soy de las suyas. Entre las dos, conseguimos pensar algo “decente” para ir a por Chema. Creemos que lo mejor es rebelarnos contra él y contra su estúpido plan, aunque somos conscientes de la dificultad del asunto y de los problemas que eso nos puede traer.

Bajamos al salón y Chema nos dice que tenemos que preparar algo para cenar. A la vez, nos comenta que hemos de hacer lo necesario para atacarles por la noche.

-Me encuentro débil para hacerlo –comento-. Pienso que hoy no va a ser el mejor momento.

-Ambas lo tenéis reciente. Es lo mejor.

-¿Desde cuándo eres tú lo que quiera que seas? –pregunta Miriam.

-Unos tres meses.

-Muy bien. Nos dices que ataquemos cuanto antes y tú has tardado tres meses.

-Si he tardado tanto es porque no he visto el momento.

Varios minutos después, noto como las piernas empiezan a fallarme. Álex está a mi lado y me recoge cuando estoy a punto de desplomarme. Me sube en brazos a la habitación. Ya allí, me tumba en la cama y, tras apartarme el pelo de la cara, descubre en mi cuello la misma marca que ha visto en el de Miriam.

Asustado, se sienta en la cama y yo, poco a poco, empiezo a abrir los ojos. Le pregunto a qué se debe la palidez de su cara.

-Esa marca. ¿Os la ha hecho Chema?

-N-no –respondo nerviosa-. Me he hecho daño al entrar aquí tras volver de la piscina.

Varios segundos después, Rober aparece con Miriam en sus brazos. Ella tarda un poco más que yo en reaccionar, aunque él no descubre la marca de su cuello.

Un buen rato después, cuando ya me encuentro mejor, Álex y yo bajamos a la cocina y descubrimos que Chema no está. Veo que en la mesa hay una nota suya, en la que nos informa que ha salido a llevar a cabo una misión.

-¿Sabes algo de esa misión?

-No, y tampoco quiero saberlo.

-Deja de mentir, sé que te pasa algo.

Me siento en una silla porque vuelvo a sentirme un poco débil. Álex viene a mi lado y le abrazo. Noto cómo la sangre fluye por sus venas y estoy al borde de morderle, pero solo le doy un pequeño beso en el cuello. Se estremece y me acaricia el pelo.

Rober y Miriam bajan en ese instante. Lo hacen agarrados de la mano y siento que me muero por dentro. A pesar de eso, nada me hace sospechar que ambos quieren hacerme daño. Disimuladamente, miro el cuello de Rober y Miriam, tras sentarse a mi lado, me comenta que no se ve capaz de hacerle daño.

-Tengo miedo –comento.

-¿De hacerles daño?

-Sí. Prefiero morir antes que hacer daño a Álex.

-Eso no va a ser posible. Me ha dicho Chema que, para poder morir, tenemos que convertir a alguien.

-Explícate.

-Por lo que me ha dicho, somos una mezcla rara entre vampiros y hombres lobo.

Un rato después, Chema llega al apartamento y, tras saludar, viene a donde nosotras a preguntar si hemos atacado. Ambas negamos con la cabeza y notamos que el cuello de Chema empieza a hincharse.

-Vamos, que os lo pongo a huevo y pasáis de mí.

-Te he dicho que no me veo con fuerza –comento.

-La marca te da fuerza, así que no me vengas con tonterías.

Como Álex se da cuenta de que Chema está cabreado, se mete a la conversación. Chema le pide no se meta donde no le llaman. Se aparta de la escena lo justo para poder escuchar la conversación y meterse en ella si la ocasión lo requiere.

Después de cenar, Miriam y Rober se suben a la habitación. Supongo que ella está dispuesta a atacarle. Álex y yo somos los únicos que nos quedamos charlando en el salón, ya que Chema ha salido a, supuestamente, fumar un cigarro.

De pronto, oímos un chillido de Miriam. Álex y yo subimos deprisa a la habitación para ver lo que ha pasado. Descubrimos a Rober tirado en el suelo. Álex consigue tumbarle en su cama y, de manera disimulada, mira su cuello. No hay ni rastro de un supuesto ataque de Miriam.

Oímos un aullido de lobo e, instintivamente, me agarro a Álex. A los tres se nos hace extraño, ya que en esa zona no suele haber muchos lobos. Recuerdo lo que Miriam me ha dicho y pienso en Chema.

Me acerco a la ventana y Miriam viene detrás de mí.

-Pensabas en Chema, ¿cierto?

-Pensaba en él después de recordar lo que me has dicho, porque estoy convencida de que el aullido ha sido suyo.

Vemos a Rober que intenta levantarse de la cama. Ambas vamos a su lado y comenta que cree saber el origen del aullido y quiere, a toda cosa, salir a fisgar el lugar. Nosotras dos nos miramos y se lo impedimos. Tememos que, si de verdad Chema tiene algo que ver, se entere antes de tiempo.

Miriam se baja al salón y yo me quedo con Rober. Le noto como ido, sin ganas de nada. Me propone que me tumbe a su lado. Acepto y me pega contra su pecho. Termina tumbado encima de mí. Me planta un beso en la boca y oímos un portazo.

Bajo al salón delante de Rober y veo que Chema intenta atacar a Miriam. Le pido que pare y lo único que consigo es que me diga que yo soy la siguiente. Presencio la escena en la que Chema aprieta a mi amiga con un dedo la marca del cuello. Veo que Miriam empieza a quedarse sin aire y, paralizada, no soy capaz de ir en su defensa.

Álex sale del baño y va hacia Chema. Consigue que suelte a Miriam, que se sienta en una silla para recuperarse de lo que acaba de vivir.

Rober me abraza para que Chema no venga hacia mí. Éste pide a Rober que se aleje de mí, que ha de hablar conmigo.

-Luego vuelvo a tu lado.

-Me quedaré aquí, nada malo ha de pasarte.

-Sí que la queda algo de pasar –contesta Chema-. Cuando cumpla con lo que la he pedido, todo lo que la tenga que pasar será bueno.

Le doy una bofetada y me agarra del brazo. Me pega a la pared y justo antes de posar su dedo en mi marca, Álex le da un empujón para que se separe de mí. Con lo que mi mejor amigo no contaba, era con que Chema me iba a arrastrar con él. Caigo debajo de él y consigue apretar mi marca con su dedo. Siento como mi cuerpo deja de responder.

Abro los ojos y estoy tumbada en la cama. Rober se encuentra sentado a los pies de ella. Sonríe cuando me ve reaccionar.

-¿Qué ha pasado? –balbuceo-. Lo último que recuerdo es a Álex empujando a Chema.

-Según él, ha intentado doparos.

-No te entiendo.

-Ha dicho que lo hará hasta que le hagáis caso.

Le propongo bajar al salón a seguir charlando. Me recoge en brazos y me apoyo en él.

Estamos tumbados en el sofá. Me pongo a juguetear con su pelo mientras hablamos. Él trata de continuar con lo que empezamos por la noche hasta que oímos un ruido de cristales.

No lo prestamos atención y seguimos a lo nuestro. Sentimos pasos y nos escurrimos en el sofá, ya que sabemos que nadie podrá descubrirnos. Veo que Álex sale por la puerta del apartamento. La deja abierta.

Con cuidado y sin hacer ruido, arrastra el cuerpo de Chema, que parece dormir. Le deja tirado en el suelo y se sube a la habitación. El cuerpo de Chema empieza a convulsionar. Trato de chillar, pero Rober, que se da cuenta, me tapa la boca. Un minuto después, vemos un cachorro de lobo. Me abrazo a Rober, y éste me besa la cabeza.

Un rato después, nos subimos a la habitación. Nos tumbamos cada uno en nuestra cama. Soy incapaz de conciliar el sueño, ya que la imagen del cuerpo de Chema me viene constantemente a la cabeza. Me coloco mirando hacia Miriam, que duerme a pierna suelta.

Me duele la marca del cuello. Empiezo a creer que tengo que hacer lo que haga falta para librarme de lo que me está tocando vivir. Veo que Chema sube las escaleras. Se descalza y viene a mi cama. Me acaricia el cuello y el pelo y, en cuanto puedo, le agarro la mano con fuerza y le muerdo. Sigo agarrando su mano, que empieza a convulsionar. Consigue tumbarse en la cama y se tapa con la sábana. Me doy la vuelta y veo cómo se convierte, otra vez, en cachorro de lobo.

Por la mañana, Miriam y yo somos las primeras en despertarnos. Mientras nos preparamos algo para desayunar, pensamos qué organizar para el ataque a Chema.

-Anoche le he dado un mordisco en el brazo.

-¿Y?

-Comenzó a convulsionar y se convirtió en un pequeño cachorro de lobo. Pero esa no fue la primera.

-Explícate.

La relato lo que Rober y yo hemos visto por la noche. Incrédula, Miriam comenta que lo que estamos viviendo parece sacado de una mala película de terror. Vemos que Chema comienza a bajar las escaleras. Nos damos la mano y él, sonriente, suelta que, de momento, no tiene pensado atacarnos, aunque ese sería un muy buen momento.

-Tenéis todo el día para llevar a cabo vuestro cometido. Si no lo hacéis, volveréis a vivir lo de anoche, solo que esta vez lo haré con bastante más fuerza.

-¿Podemos cambiar la persona a atacar? –pregunta Miri.

-Con tal de que lo hagáis, me vale.

Empiezo a pensar cómo marcar a Rober. Bajan él y Álex a desayunar. Este último propone alquilar unas bicicletas y bajar a dar una vuelta por la zona. A todos nos parece una buena idea. Miriam y yo somos las encargadas de ir a la recepción a llevar a cabo el alquiler de las bicicletas.

Media hora después, los cinco nos dirigimos a hacer la ruta sencilla en bici. Cada uno llevamos nuestra mochila con algo para comer. No llevamos mucho, ya que tenemos pensado preparar una gran cena por la noche. Chema va delante, dirigiendo el grupo. Álex y Miriam van detrás, mientras que Rober y yo somos los que cerramos el grupo. Vamos un poco separados de los demás para, así, poder hablar de nosotros.

-Miriam sabe lo que hemos visto anoche. Espero que no te moleste.

-No te preocupes, cielo. Cambiando de tema, a ver si a la tercera conseguimos terminarlo.

Oímos a Miriam pedir a Chema que deje de hacer el imbécil. Nos unimos a ellos y Rober la pide que se relaje, que él va a ser el encargado de conseguir que deje de hacer el tonto.

Yo, con la mirada, consigo que pare. Nos tiramos toda la mañana haciendo el tonto y, cuando paramos a descansar, Rober nos pide que le hagamos caso, que tiene algo que decir.

Me dispongo a ponerme al lado de Álex, pero la mano de Rober me lo impide.

-No tengo todo el día para que hables –suelta Chema.

-Normal que no tengas todo el día –comenta Álex-. Llevas un fin de semana de lo más ajetreado.

-Callaros ya –digo yo-. Si no lo hacéis, Rober no puede decir lo que tiene que decir.

Consigo que ambos se callen. Miriam me mira desde el suelo. Su mirada me dice que tiene miedo. Voy donde ella y la abrazo. Comento que no ha de tener miedo, ya que todo lo que tenga que pasar, saldrá bien. La acaricio suavemente la marca del cuello y la ayudo a levantarse.

Rober me insta a que vaya a su lado, que no puede esperar más a decirlo. Miriam se junta a Álex, que la mira con dulzura.

De pronto, Rober me besa en público y la cara de Chema palidece. Entiendo que lo que quiere decirme es que aproveche esos momentos junto a Rober para marcarle de por vida.

Álex y Miriam se abrazan y las miradas que se mandan hablan por ellos.

-Hacen buena pareja, ¿verdad?

-No es mala, pero no les veo del todo. Me da miedo que Miriam pueda hacerle daño.

-Afán de proteccionismo, pero entiende que él es el que debe equivocarse.

-Si ya lo sé, pero ya sabemos cómo es ella.

Nos besamos y descubro que Chema parece enfadado. Mira el móvil y escribe bastante rápido. Me coloco de una forma que me permite cotillear algo. Lo único que consigo descifrar es que Chema asegura estar cansado de que la gente no le haga caso y que va a hacer cualquier cosa por dominar a ciertas personas. Empiezo a tener miedo y consigo comprender las palabras de Miriam.

Recogemos las bicicletas y bajamos al pueblo. Me pongo al lado de Miriam para retrasmitirla lo que he sido capaz de leer en el móvil de Chema.

-Se me está ocurriendo una idea –dice ella.

-Miedo me das.

-Con respecto a este tema, estoy pensando que lo mejor es hacerle sufrir.

-¿En qué sentido?

-Con nuestras armas de mujer, podemos hacerle sufrir. ¿Cómo? Muy sencillo. Entre ambas, podemos ir poniendo ciertas condiciones para retrasar nuestro cometido.

-Ya le has oído esta mañana. Esta noche puede ser bastante peor que la anterior.

-Sí, lo sé, pero sé cómo hacerlo. Después de comer, hablamos.

Casi no hablamos durante el camino. Cuando llegamos al pueblo, vamos a la plaza. Allí, nos sentamos en la terraza de uno de los bares que hay allí. Me siento entre Rober y Álex, el cual me comenta que Miriam le ha dicho que ambas tenemos que actuar contra ellos.

-Cosas de Chema. Quiere presionarnos a cuenta de la famosa marca, y lo está consiguiendo.

-¿Qué?

-Esta mañana nos ha pedido que os hagamos la marca y nos ha amenazado con hacernos lo de anoche si no le hacemos caso.

-No te creo.

-¿Te he mentido alguna vez?

-No, pero esto de normal tiene poco. ¿Qué pasa? ¿Quiere trataros como máquinas?

-Nos quiere utilizar y no me gusta ni un poco.

-Escucha, no tienes que preocuparte por nada. Haré lo que esté en mi mano para protegeros a ambas. Eso no lo dudes.

-Si tengo miedo es porque estoy convencida de que no hay nada que pueda protegernos. Creo que la marca tiene algo que hace que Chema consiga controlarnos en todo momento.

Nos damos un abrazo y siento que mi cuello empieza a arder. Me separo de él y me voy al baño a echarme agua a ver si con eso consigo que el cuello se relaje. Me levanto y veo a Chema con los brazos cruzados. Al darme cuenta de su presencia, me pide seriedad. A su vez, me increpa que Álex sepa lo de mi cuello.

-Me descubrió la marca y no le pude engañar.

-Eres experta en engañar a la gente.

-Sabes que no es verdad.

-Claro. Por eso jugaste con mis sentimientos, por eso decías que yo era el único que podía besarte y, por eso, en cuanto podías, ibas a hacer el ridículo delante de Rober.

-¡Basta! –digo mientras le suelto una bofetada.

Me mete en uno de los servicios y me pega contra la pared. Trata de quitarme la camiseta y chillo pidiendo ayuda. Me exige que me calle y pone una de sus manos en mi cuello. Según empieza a apretar, me ayudo de mis pies y le empujo contra la otra pared. Consigo salir de allí y, tras llegar a la mesa, cojo mi mochila, mi bicicleta y me marcho sin despedirme de nadie. Rober viene detrás de mí para que no huya.

-Quiero estar sola.

-Espera. Te acompaño y hacemos eso.

-No es el mejor momento.

Me subo en la bicicleta y pedaleo deprisa. Llego al apartamento, entro y noto como las piernas empiezan a fallarme. Me siento en la mesa y empiezo a pensar en la última conversación con Chema. No entiendo por qué está tan dolido conmigo. Puedo llegar a comprender que haya podido molestarle mi manera de ser con Rober, pero pienso que él debería poner de su parte y comprender mi forma de ser y actuar.

Subo a la habitación y me arrodillo al lado de la cama de Rober. Huelo su pijama y sonrío.

Llaman a la puerta y voy a abrir. Veo a Miriam enfadada.

-¿Se puede saber qué narices le has hecho a Chema? Quiere ir a cañón contra las dos.

-Eso es lo que lleva haciendo desde que hemos venido.

-Ahí tienes razón, pero desde que te has ido ha estado inaguantable.

-No sé ni cómo ni porqué, pero sabe que Álex lo sabe.

Oímos un aullido de lobo seguido de un par de golpes a la puerta. Aparecen Álex y Rober abatidos. De Chema no hay ni rastro, aunque su bicicleta está al lado de la del resto.

Los dos chicos entran al apartamento, mientras que Miriam y yo nos vamos a devolver las bicicletas. Conseguimos llevarlas sin ayuda de nadie. De pronto, un cachorrito de lobo se me cruza por las piernas. Como no le hago mucho caso, empieza a dar vueltas por mi alrededor. Consigo que Miriam se dé cuenta. Apoya sus bicicletas y hace alguna caricia al pequeño animal.

Se ve que el animal sigue requiriendo las caricias de Miriam, por lo que mi amiga decide dejarle en el suelo y le insta a que se aleje un poco de nosotras. Devolvemos las bicicletas y recibo un mensaje de Álex, que me dice que Rober y él se han ido a la piscina, por lo que nos proponen que nos unamos a ellos.

Volvemos al apartamento y allí nos encontramos a Chema tirado en el suelo. Miri le pega una voz para que nos haga caso y, según abre los ojos, se levanta y nos agarra a ambas por el brazo.

-Me tenéis harto. Quiero que les ataquéis cuanto antes.

-Muy bien –dice Miriam-. Lo hago con una condición. Si no dejas de amenazarnos, lo hago.

-Claro lo llevas.

Chema la agarra por el cuello y le pido que pare, pero, como no lo hace, me meto en el baño y me cierro. Dejan de oírse las voces de mi amiga, por lo que decido salir. Me la encuentro tumbada en la mesa, con los ojos cerrados. Antes de empezar a subir las escaleras, la comento que me voy a la piscina con los chicos. Miriam no me responde y no lo doy demasiada importancia.

Me pongo el bikini y, cuando voy a bajar las escaleras, oigo un aullido de lobo más fuerte que los ya escuchados. Me asusto y miro por la ventana.

En vez de ver a un cachorro, veo a un lobo grande acercándose a la piscina. Descubro a Rober y Álex que vienen corriendo hacia el apartamento. Llaman a la puerta y bajo deprisa a abrirles.

Cuando entran, me preguntan si sé algo de Miriam y Chema. Consigo contarles lo sucedido y me instan a subir a la habitación. Los tres nos escondemos debajo de la ventana que hay al lado de la cama de Rober.

Con miedo, Álex se levanta. Mira por la ventana y descubre al lobo sentado al lado de nuestra puerta.

Cojo mi móvil e intento llamar a Miriam. Descubro que tiene el móvil apagado, lo que me incita a pensar que se ha conseguido esconder en algún sitio en el que no tiene cobertura.

Las horas pasan, y solo estamos los tres en el apartamento. Cuando llaman a la puerta, Rober es el que va a abrir. No hay rastro de nuestros amigos, pero alguien ha dejado una nota en la puerta. “No os preocupéis por mí. Me he bajado andando hasta el pueblo. Allí estaré mejor”. Por la letra, creemos que es de nuestra amiga.

Varios minutos después, llega Chema al apartamento. Tiene una herida en la muñeca.

-¿Cómo te la has hecho?

-Me estaba escondiendo del lobo.

-Ya.

-¿A qué viene esto?

-Deja de mentir, lo odio.

Me subo a la habitación y Rober lo hace detrás de mí. Me abraza y me echo a llorar. Me tumbo en mi cama y él lo hace encima. Empieza a besarme y llaman a la puerta. No hacemos caso alguno hasta que oigo a Miriam que pide a Chema que se la cargue, que pasa de seguir sufriendo de manera innecesaria.

Álex pide a Miriam que no diga chorradas y ésta se muerde en el brazo. Empieza a convulsionar y deprisa, sale del apartamento. Tarda un rato en volver.

De mientras, Rober y yo preparamos la cena. Me da algún beso en el cuello. Yo me defiendo con algún pisotón.

Chema dice que va a salir a buscar a Miriam, que necesita saber que está bien. Según sale del apartamento, pega un chillido. Álex sale detrás de él y ve a Miriam tirada en el suelo con la misma herida que Chema ha traído cuando ha vuelto al apartamento.

-Aquí hay algo que no me cuadra –dice Álex.

-¿El qué? –le pregunta Chema.

-Todo lo que está pasando desde que hemos llegado. ¿Por qué tienes que hacer daño a las dos chicas del grupo? ¿Por qué no nos lo haces a nosotros?

-Vosotros estáis fuera de mi alcance. Eso que os lo hagan ellas.

Con la misma, sale del apartamento. Rober y Álex me piden explicaciones de lo que acaba de decir Chema. Les enseño la marca de mi cuello y les cuento todo lo que ambas estamos viviendo y la presión a la que Chema nos tiene sometidas. Rober, incrédulo, se sienta en una silla y me dice que, si de verdad tengo que marcarle, que lo haga y evite todo tipo de sufrimiento.

-No puedo hacerlo. No me veo con fuerzas de hacerte daño. Quiero rebelarme contra Chema a toda costa, y eso pasa por no marcaros a ninguno.

-¿Y eso es posible?

-No lo tengo tan claro, pero por intentarlo no pierdo nada.

Rober y yo nos ponemos a ver una película que echan por la televisión. Álex se pone con nosotros, pero, como ya ha visto esa película, se va enseguida a la habitación.

Vemos que Chema llega al apartamento con Miriam en brazos. Me giro a ver en qué estado llega ella y no puedo verla en exceso. Intento levantarme para interesarme por su estado, pero Rober me susurra que ya la veré luego, cuando termine la película.

Pasa su mano por mi hombro y vemos felices la peli.

-Me he dado cuenta de que quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. Me da igual que tengas esa marca en el cuello, yo te quiero a ti, con todo incluido.

-Te quiero, Rober. Espero no marcarte para siempre, pero, ya sabes, puede pasar de todo.

Nos subimos a la habitación y veo que Miriam duerme. Me acerco a ella y descubro que la respiración la tiene agitada. Voy a la cama de Rober, ya que me apetece dormir a su lado.

Me coloco y me duermo enseguida. Saber que Rober está a mi lado, ayuda a que mi sueño sea más placentero.

Me despierto por la mañana, y Rober no está a mi lado. Soy la única que queda durmiendo. Bajo a la cocina y Álex es el único que está presente.

-¿Y el resto?

-Mira esto.

Me entrega una nota. Por la letra, parece de Chema. “Nani, aléjate de todos, sobre todo de Rober. Te espero en el pueblo”

Arrugo la nota y me dispongo a prepararme el desayuno. Álex me pregunta si voy a hacer caso a la nota. Secamente, respondo que no. No quiero saber nada de Chema.

-¿Y si te digo que Rober puede estar en peligro?

-Él puede defenderse solo.

-Estás hasta los tuétanos por él y ahora que tienes la oportunidad de salvarle, le das de lado.

-¡Qué poco conoces a Chema! Lo único que quiere es tenderme una trampa para que le siga el juego.

-Haz lo que quieras, pero, si le pierdes, no vengas llorando.

-¿Se puede saber qué te pasa?

-Estás ciega.

Con la misma, se levanta de la mesa y se va al baño. Llamo a la puerta para preguntarle por Miriam. No responde, por lo que voy a desayunar.

Rober, aparentemente cansado, entra al apartamento. Me da un beso y se sienta a mi lado. Le acaricio la cara y le pregunto dónde ha estado, que me apetecía haber amanecido a su lado.

-Mira lo que he encontrado.

-¿Un móvil?

-Sí. Y es el de Miriam. Por eso no la localizábamos.

-¿Dónde estaba?

-Aquí al lado. ¿Te acuerdas cuando se mordió anoche?

-Sí, como para olvidarlo.

-Pues le tiró en ese momento.

-Explícate.

Me cuenta que cree que le perdió nada más salir corriendo y asegura sospechar que el famoso lobo grande es ella.

La magdalena que estoy comiendo se hunde en el tazón de café y Rober me cuenta que debemos huir sin hacer ruido, que allí no estamos seguros.

Le abrazo y me subo a la habitación a preparar la maleta. Álex me pregunta a qué se debe que ya esté preparándola.

-No me gusta dejar todo para última hora.

-Venga, sé que no es por eso.

-Como quieras.

-¿Qué te pasa?

-¿Bromeas? Sabes perfectamente lo que me pasa. La marca del cuello es lo que pasa.

-Cielo, ¿puedo comentarte algo?

-Dime.

-Espero que no te moleste, pero… Estoy saliendo con Miriam.

-Enhorabuena. Sed felices.

Álex sabe que no me hace gracia su relación, pero tengo que aceptarla. Sé la manera de ser de Miriam, pero yo no soy quién para impedir que mi mejor amigo sea feliz.

Miriam sube a la habitación a preparar su maleta. Da un beso a Álex, giro la cabeza y hago como que no he visto nada. Los comentarios ñoños abundan en esa habitación y dejo la maleta a medio hacer para no aguantarles.

A ella se la nota que juega y lo está haciendo muy bien. Espero que mi amigo se dé cuenta de que Miriam no es la mejor pareja para él.

Llega la hora de la comida y Chema, como siempre, se escaquea. Minutos después, Miriam escucha unos arañazos en la puerta. Se acerca y abre. El cachorro de lobo vuelve a nosotros.

-Esto tiene que ver con Chema fijo –dice Miriam.

-¿Te has dado cuenta tú sola?

-¿A qué viene esto? –pregunta Álex.

-Pues a que yo le he visto en varias ocasiones. Y siempre ha coincidido que Chema no estaba aquí.

Álex se agacha para hacerle alguna caricia. Le pido que no le haga caricias, que no se conforma tan fácilmente.

Intenta soltarle, pero el animalito se agarra a su brazo. Le ayudo a que se libere de él, aunque lo único que consigo es que el cachorro le arañe. Éste sangra un poco por la herida, pero no le importa. Intento ayudarle, pero no quiere ninguna ayuda, ni tan siquiera de Miriam.

Un rato después, Chema vuelve a aparecer. Comemos todos juntos y no hablamos durante la comida. Rober y Álex hacen caso a la televisión, Miriam no deja de mirar a Álex, mientras que yo trato de ausentarme.

-Nani, no te vas a librar tan fácilmente de no atacar.

-¿Cómo?

-Lo que oyes. O marcas a Rober o, ya sabes, mi dedo va a tu marca y eso te hace perder el control de tu cuerpo.

-Cállate, que estás más guapo.

Me levanto a recoger las cosas y me subo a la habitación a terminar con la maleta. Rober sube detrás de mí y me pregunta por mi conversación con Chema. Le pido que me abrace, que es lo único que me reconforta.

Voy a recoger mi pijama para guardarle y veo una nota de Miriam: “Olvídate de Álex. Ahora que está conmigo, no va a querer saber nada de gente como tú”.

El viaje de vuelta a Santander pasa sin incidentes. Nada más subirme a la furgoneta, me acurruco en Rober y me duermo. Así paso gran parte del viaje, ya que, tras todas las emociones vividas durante el fin de semana, no he podido descansar en exceso.

Llegamos a casa de Álex, y allí nos bajamos de la furgoneta. Mi amigo me comenta que tengo que descansar, que todo lo vivido me está pasando factura. Le doy un beso en la mejilla y me pongo al lado de Rober. Chema es el primero que se despide de todos, y se marcha.

Miriam se acerca a mí y me susurra al oído que deje de hablar a Álex, que no se merece mi amistad.

-¿Perdón?

-Sí. Nunca te ha apreciado. Si ha pasado muchas horas a tu lado es porque le dabas pena.

-Miriam, cállate. No tientes a la suerte. Sabes que no es verdad lo que estás diciendo.

Cojo mis cosas y me marcho. Álex me pide que me quede un poco más. Le hago caso porque sé que su mirada es sincera y quiere disfrutar un poco más de mi presencia.

Rober me agarra por la cintura y me besa. Le agradezco lo que ha hecho por mí durante todo el fin de semana.

-No podía permitir verte sufrir.

-Lo sé, pero no tendrías por qué haberlo hecho.

-Si lo he hecho es porque Chema no es quién para hacerte el daño que te ha hecho.

Con la misma, me da otro beso y se marcha.

Me quedo junto a Miriam y a Álex. Ésta se aleja para hablar por teléfono y aprovecho para comentarle que ande con pies de plomo, ya que me he dado cuenta de que Miriam quiere separarnos.

Me marcho y le prometo escribirle en cuanto llegue a casa.

Nada más llegar a casa, le escribo un mensaje haciéndoselo saber. Su contestación tarda en llegar, lo cual se me hace extraño.

Un rato después, alguien llama al timbre de casa. Veo a Chema subir las escaleras. Llega y lo primero que me dice es que he faltado a sus órdenes.

-¿No tienes otra cosa mejor que hacer que venir aquí a faltarme a mí?

-No te mereces otra cosa. Te he dado varias oportunidades, y me has fallado.

-No te he fallado. Sabes los motivos por los que no lo he hecho. Respeta lo que quiero hacer.

-Ni de coña. O conviertes a Rober, o no la cuentas.

-Ya estás tardando.

Se abalanza sobre mí e intenta atacar mi marca. Antes de que me toque, consigo morder su cuello.

Sus manos consiguen agarrar mi cuello y empiezo a notar como me falta el aire. Cierro los ojos y, cuando me doy cuenta, Chema está tirado en el suelo. Me acerco a él para preguntarle si está bien y no responde. Nerviosa, llamo a Rober para que venga a mi casa. Nada más llegar, descubre que Chema se ha quedado dormido. Le intenta levantar para tumbarle en la cama y, de pronto, despierta. Cuando ve a Rober, su mirada refleja odio y rabia. Odio porque sabe que Rober ha conseguido hacer cosas conmigo que él no podría hacer ni en sus mejores sueños. Y rabia porque sospecha que, gracias a la influencia que Rober tiene en mí, yo me estoy revelando contra mi condición.

El grupo, con el paso de los días, se está dividiendo en tres partes. Chema ha desaparecido sin dejar rastro. Lleva varios días sin dar señales de vida y sin mandarnos cosas a Miriam y a mí. Ésta ha sucumbido y ha convertido a Álex, que no quiere saber nada de mí. No sé qué le habrá contado Miriam, pero ya no me trata como su mejor amiga. Es más, para él soy una desconocida con la que compartió ciertos secretos en un pasado no muy lejano.

La relación entre Rober y yo va bastante bien. Estoy aprendiendo a convivir con la marca y he conseguido aplacar mis instintos mordedores y no he sido capaz, de momento, de morderle. Creo que no podré hacerlo, ni aunque me lo proponga.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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