Caprichos y secretos de la infancia. Capítulo 4

Confesiones

Rodrigo me lleva a cenar a un restaurante italiano. Me dice que empieza a sospechar que Ángel se está pillando por mí. Admito que también lo sospecho, pero reconozco que no tengo ganas de tener ningún tipo de relación con nadie.

-No me lo creo, con lo guapa que eres, no entiendo que no tengas ninguna relación.

-Soy una mujer a la que le encanta estar sola, no me gusta depender de nadie, ni que nadie dependa de mí.

-Pues yo soy el típico tío que adora el toque de misterio de las chicas solitarias.

-Conmigo te aburrirías, en serio. Soy muy independiente y no soporto a la gente que se mete en la vida del resto.

-¿En serio? Pues no me estoy aburriendo para nada y que sepas que pareces una chica alegre con la que podría hacer muchas cosas.

-Las apariencias engañan.

Estamos hablando hasta tarde. Le comento que me ha encantado compartir con él la cena, aparte de reconocer que tenemos gran cantidad de cosas en común.

Me acerca en coche hasta el piso con el fin de tomar algo. Encima de la mesa del salón tengo un montón de fotos para colgar en la pared. Se pone a mirarlas mientras yo preparo algo para beber y me comenta que se encuentra sorprendido de que, en la mayoría, salga con la misma chica.

-¿Quién es ella? –pregunta con prudencia.

-Es mi hermana. Nos consideramos algo más que hermanas, somos más que amigas.

-Pues no os parecéis en nada. ¡Ah! Y sois muy guapas.

-Muchas gracias –me sonrojo.

Posa las fotos en la mesa y se acerca a la cocina para fisgonear sobre lo que estoy preparando. Me doy la vuelta al sentir su olor a colonia, nuestros labios se acercan y, cuando me percato, sus manos se posan en mi cintura y las mías alrededor de su cuello. Aparta sus labios y me susurra al oído un leve “Estás hermosa”. Me asusto y me doy la vuelta para finalizar la preparación de las copas.

Prueba la suya y me comenta, junto con una sonrisa, que está muy rico. Seguimos hablando hasta que se da cuenta de que es demasiado tarde.

-Hay que descansar. Te veo mañana, Emma.

-Buenas noches, Rodrigo. Me lo he pasado genial.

-Yo también.

Miro fijamente como su coche se aleja por la calle. Me voy a la cama, puesto que tengo sueño –ha sido un día largo y bastante intenso-.

A los cinco minutos de levantarme por la mañana, empieza a sonar mi móvil. Era un número oculto y yo, extrañada, le cojo.

-¿Sabes cuál es esa sensación en la que tu mundo se para porque estás con la persona a la que quieres?

-¿Quién eres?

-No digas nada, solo escucha. Quiero estar contigo para siempre. Hasta luego.

Y cuelga.

Me empiezo a poner nerviosa, puesto que sigue habiendo dudas en mi cabeza. ¿Qué hacer? ¿Quién me llama tan pronto? ¿Y si ese alguien es de mi entorno?

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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