Prometo no Olvidarme de Ti. Capítulo 41.

Varios minutos después, salimos en dirección a la piscina. Soy yo la que lleva la bolsa con la comida y la bebida. A pesar de que pesa, no me quejo. No quiero que Dani se meta conmigo por quejarme después de haber sido una cabezota.

Llegamos a la piscina y nos ponemos en el mismo sitio de ayer. Lo primero que hacemos es ir a darnos un baño, ya que tenemos demasiado calor. Al contrario que ayer, Dani se tira de cabeza a la piscina. Me siento en el borde y le observo con una sonrisa en la cara.

-¿Y esa sonrisa?

-Te tengo a mi lado, que no es poco.

-Venga, tírate. Que está buena de temperatura.

-Si eso no lo niego, pero me apetece observarte.

-O te tiras, o te mojo. Tú decides.

Decido sumergirme antes de que Dani decida salpicarme. Si hay algo que no soporto, aparte de las cosquillas, es que me echen agua. Vuelvo a la superficie y descubro a Dani frente a mí con una sonrisa. Rodeo su cuello con mis brazos y él me agarra por la cintura. A su lado me siento bastante protegida.

Durante un rato bastante largo, nos bañamos. Nos metemos el uno con el otro, pero, sobre todo, disfrutamos de la presencia de la otra persona. En más de una ocasión, Dani trata de hacerme ahogadillas, solo que me agarro fuerte a él y no consigue sumergirme. Es más, soy yo la que consigue sumergirle en más de una ocasión.

Sobre las dos de la tarde, salimos del agua con la única y sana intención de ir a comer algo. Dani decide, al igual que ayer, subir por las escaleras, mientras que yo tomo impulso y me subo por el bordillo. Más o menos, salimos de la piscina a la vez y, cuando Dani llega a mí, me agarra por la cintura y me da un beso. Mis brazos rodean su cuello y Dani me propone echar una carrera hasta las toallas. Como me niego a echar una carrera, le propongo que me coja en brazos.

-Con tal de no andar, te vale.

-¿Serás capullo? Sé que estás deseando llevarme a hombros, así que no te niegues, porque no cuela.

-No me muero de ganas por llevarte, me muero de ganas por hacerte feliz.

-Si me dices esas cosas, normal que me enamore.

De un salto, me subo a su espalda. Cariñosamente, revuelvo su pelo y consigo sacarle una sonrisa.

Cuando llegamos a la toalla, bajo de su espalda de un salto y cojo mi toalla para quitarme un poco la humedad del pelo. Mientras lo hago, Dani me agarra la cara y me planta un beso en la boca. Trato de escaparme para que pare, pero, como Dani es consciente de mis intenciones, me agarra por la cintura para que no consiga mi propósito. Sonrío y sigo su juego hasta que, de pronto, mis tripas entran en acción y piden que las dé de comer. Nos empezamos a reír y decidimos atacar los bocadillos que hemos preparado. Me siento en la misma toalla que Dani, ya que quiero aprovechar su presencia todo el tiempo que esté en este pueblo.

-Te quiero, pequeña.

-Y yo a ti, enano.

-¿Enano? ¿De verdad piensas eso?

-Sí, porque eres mi enano.

Con la misma, Dani se pone a hacerme cosquillas. No puedo evitar reír de una manera un poco escandalosa, por lo que Dani, al ver que todo el mundo nos mira, decide parar. Consigo incorporarme y, cuando lo consigo, pego a mi chico un pequeño manotazo en el brazo.

Dani se ríe de mí y decido hacerme la indignada con él. Saco mi bocata y mi botella de agua y hago como si Dani no estuviese a mi lado.

-¿Estás enfadada conmigo?

-Sí. Sabes que no me gusta que me hagas cosquillas, y menos en un sitio público.

-Pequeña, me gusta hacerte reír.

-Ya, pues tendrás que hacerme reír con un método que no sean las cosquillas.

-No puedo evitarlo.

Le doy un beso y empiezo a comer el bocadillo. La comida pasa entre miradas sinceras entre ambos. No hablamos en exceso, nuestras miradas son las encargadas de decir lo que con palabras no somos capaces de expresar.

Nada más terminar de comer, decidimos coger las cosas y cambiarnos a un lugar con sombra. Nos ponemos justo al lado de un árbol.

-Éste –dice Dani refiriéndose al árbol-, tiene un parecido a nuestro árbol.

-Puede que le tenga, pero ninguno puede compararse a nuestro rincón. Solo ese árbol, el nuestro, sabe todo lo que vivimos bajo su sombra.

Durante un rato bastante largo, estamos recordando bastantes cosas de las que, durante diez días, vivimos en el Valle del Jerte. No podemos evitar sonreír por todo, aunque bien es cierto que las lágrimas hacen acto de presencia. Dani reconoce que le gustaría compartir algún momento más con el resto del grupo, pero que la distancia se lo impide. Le comento que en Santander tiene varios sitios en los que quedarse.

De pronto, mi móvil empieza a sonar. Le saco de la mochila y veo que David es el que me está llamando. Se le cojo y me pide que ponga el altavoz, que está con el resto del grupo en la playa y tienen ganas de hablar con la parejita que Dani y yo formamos.

-Se os echa de menos por Cáceres –dice Dani.

-Ya sé yo que soy imprescindible –comenta David.

-No te eches tantos piropos, David, que ya sabemos que tú eres muy dado a ello.

-Cambiando de tema –comienza Sandra-, ¿habéis hecho muchas locuras?

-Si por locuras entiendes tener que aguantar las cosquillas que Dani me suele hacer en público, sí, hemos hecho varias.

-Dani, como Helen vuelva con algún rasguño, voy para tu pueblo y prometo que no la cuentas.

Durante un rato más, charlamos todos. Ese rato nos le pasamos riendo, recordando viejos tiempos. Después de, aproximadamente, diez minutos, David comenta que nos vayamos despidiendo, que no quiere que su batería muera antes de llegar a casa.

Tras finalizar la llamada con nuestros amigos, guardo el móvil y comento si vamos a darnos otro baño. Dani acepta mi proposición y le pongo caritas para que me lleve a hombros. De primeras, dice que tengo mucho morro, pero, ante mi pícara sonrisa, decide que lo mejor es llevarme, ya que asegura dar dinero por no aguantarme.

Llegamos a la piscina y, a diferencia de por la mañana, soy la primera en sumergirme bajo el agua. Vuelvo a la superficie y me apoyo en las piernas de Dani para mojarle un poco y que se tire a la piscina.

-No hay ganas.

-Te vas a bañar porque lo digo yo. Esta mañana me has amenazado a mí, ¿no? Pues ahora me toca a mí.

-Señorita, es usted muy graciosa. Me voy a tirar por no aguantarte, trisca.

-Está usted jugando con fuego, y no le conviene.

Pasamos prácticamente toda la tarde en remojo. Durante un rato, estamos hablando con el socorrista. Aunque a mí no me cae muy bien, decido aguantar la charla por la sencilla razón de que sé que a Dani le cae my bien y le trata como un amigo más.

Sobre las seis de la tarde, decidimos salir del agua para secarnos un poco e irnos a casa. Como de costumbre, me subo a la espalda de Dani para que me lleve hasta la toalla. Cuando llegamos, me bajo de un salto y cojo mi toalla para secarme. Con la toalla por el cuerpo, me pongo a buscar en la mochila un bikini para cambiarme, con tan mala suerte de que he metido una parte de cada uno.

Al cabo de un rato, recogemos las cosas y nos vamos para casa. Cuando llegamos, vemos que sus padres acaban de llegar a casa y nos preguntan si lo hemos pasado bien. Nos miramos, sonreímos y Dani comenta que decir que lo hemos pasado bien es no decir nada.

Soy la primera en meterme a la ducha. Allí sonrío recordando todo lo que nos ha pasado durante el día de hoy. Sonrío, sobre todo, recordando la charla telefónica que hemos tenido con el resto del grupo. Echo de menos estar con ellos, aunque reconozco que lo que más echo de menos es tener las reuniones que teníamos a diario en el campamento.

Al cabo de un rato, ya vestida, salgo del baño. Me paso por la habitación de Dani para preguntarle si vamos a ir a dar una vuelta y me responde que no le apetece, que está un poco cansado.

-Lo raro sería que no estuvieses cansado.

-Si estoy reventado es por culpa de tener que cargar contigo.

-Ya, claro. Como si eso fuese lo único que has hecho durante todo el día.

-Anda, pequeña, ven aquí y dame un beso.

Me hago un poco de rogar, pero termino accediendo y dándole un beso. Los dos salimos de la habitación y le dejo tranquilo que se dé una ducha. Yo voy en dirección al salón para ver un rato la televisión.

Un rato después, Dani y yo estamos acurrucados en el sofá. Miramos la televisión, pero no la hacemos ningún tipo de caso. Jugamos con las manos de la otra persona y lo pasamos bien. Cenamos todos juntos y, al terminar, Dani y yo nos ofrecemos a recoger la mesa. Mari Carmen se niega a que la ayudemos, pero ambos somos demasiado cabezotas como para aceptar no recoger las cosas de la cena.

Un rato después, con las cosas ya limpias y guardadas, Dani y yo nos vamos a su habitación a hablar un rato de nosotros, de lo que sentimos y dejamos de sentir el uno por el otro. Nos tumbamos en la cama de lado. Nuestros rostros quedan bastante cerca.

La escena que por la mañana vivimos en mi habitación se repite, solo que esta vez soy yo la que toma las riendas de la situación. Tratamos de no hacer mucho ruido, ya que no queremos que nos descubran.

Media hora después, decido despedirme de Dani e irme a dormir. Antes de salir de su habitación, me pide que sea fuerte pase lo que pase, que no quiere verme mal.

-Aunque trato de entender tus palabras, no consigo comprender su significado.

-Nena, el futuro es incierto –comentas mientras tu voz se va debilitando.

Me deseas que pase una buena noche y salgo de la habitación. Trato de comprender la conversación que he mantenido con Dani, pero no sé a qué se refiere con el hecho de que me pida ser fuerte. Creo que sus dolores de cabeza le afectan a su manera de ser.

Sobre las 9 de la mañana, me despierto y me levanto de la cama. Lo primero que hago es hacerme una coleta para que el pelo no me moleste en exceso. Salgo de mi habitación y voy a la suya. Llamo a la puerta para que me deje entrar en ella y, como no contesta, pienso que está dormido. Sigilosamente, me dispongo a entrar y darle un pequeño susto. Le doy un beso y noto que está frío. Le llamo para despertarle y no me responde.

Nerviosa, voy a la cocina para pedir a Mari Carmen que me ayude a despertar a Dani, que a mí no me hace caso. Juntas, vamos a la habitación para descubrir que no tiene pulso.

Varias horas después, nos confirman que Dani ha fallecido de un paro cardíaco. Me derrumbo y trato de consolar a Mari Carmen, presa del dolor de perder a un hijo. Un rato después, José Carlos llega al hospital y se une a nosotras. Nos abrazamos los tres y no hay palabras que consigan animarnos. Me armo de valor y llamo a David para informarle de la fatal noticia. Con suerte, está con el resto del grupo y consigo decirles lo que ha sucedido.

Sandra es la única que consigue articular palabra y comenta que se van a casa a preparar una pequeña maleta y que van a coger el primer bus que vaya en dirección Cáceres.

Les agradezco su gesto y, entre sollozos, me despido de ellos y finalizo la llamada.

Como os comenté hace un par de días, aquí tenéis el penúltimo capítulo de “Prometo no Olvidarme de Ti”. Espero que, al igual que el resto de la novela, os guste. Ahora mismo, me encuentro llorando tras volver a leer el capítulo. Me gustaría saber vuestras opiniones. Un beso.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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2 respuestas a Prometo no Olvidarme de Ti. Capítulo 41.

  1. 😦 Qué penita… Pero no puede acabar así, joooo

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