Prometo no Olvidarme de Ti. Capítulo 40

Durante un rato largo, doy vueltas a todo lo que está pasando. Aunque trato de convencerme de que todo pasará, me da miedo que Dani pueda irse.

Como no consigo dormir, de manera sigilosa me voy a su habitación. Me asomo por la puerta y, con una sonrisa, me pide que entre.

-¿Puedo dormir contigo?

-Claro que sí, enana. ¿Te pasa algo?

-Tengo miedo. Miedo de que te pase algo, de que nunca volvamos a vernos, de que encuentres a alguien mejor y me olvides, de que la distancia te haga demasiado daño y decidas darme de lado, miedo de…

-Pequeña, no tengas miedo. Siempre estaré a tu lado. No importan los kilómetros que nos separen, porque te quiero. No has de tener miedo de nada, ¿vale?

Está serio, pero sus palabras tienen en mí un efecto tranquilizante. Me acurruco en su pecho de tal manera para que Dani se las ingenie para acariciarme el pelo. Esa sensación de seguridad consigue que me quede dormida. Paso una noche relativamente placentera, porque a su lado estoy tranquila.

Los primeros rayos de sol me despiertan. Me acomodo en la cama y descubro que Dani ya está despierto. Me pregunta qué tal he dormido. Comento que, a pesar de que sigo teniendo miedo, la noche ha sido bastante placentera.

-Me alegro, pequeña. No quiero verte mal.

-Gracias por ser así. Me has cambiado la vida a mejor.

-Venga, dormilona, levanta y dame mi beso de buenos días, que me le merezco por tener que aguantarte esta noche.

-¿Te has levantado caprichoso?

-Sí. Tengo a mi lado a la persona a la que concedería todos y cada uno de los caprichos que ella quisiera.

-¿De veras?

-Claro que sí. Venga, se buena chica, y dame ese beso que tan loco me va a volver.

Me levanto de la cama y voy hacia Dani a darle su beso. Cuando llego, éste me esquiva y se agacha para cogerme en brazos. Me abrazo a su cuello y, durante varios minutos, nos damos varios besos.

La presencia de Mari Carmen nos despierta de nuestro momento de gloria. Cuando nos damos cuenta, Dani me baja al suelo y sonreímos. Comenta que la encanta vernos felices. Salimos hacia el comedor con la única intención de llenar el buche.

Durante todo el desayuno, las risas están aseguradas. Unas veces, son sonrisas sinceras entre Dani y yo, y otras, las risas vienen a cuenta de los chistes que Mari Carmen cuenta.

Tras terminar de desayunar, Dani y yo recogemos la mesa, ya que a Mari Carmen se la ha echado el tiempo un poco encima y, si se queda a recoger, no llega al trabajo. Nos da un beso a cada uno, coge sus cosas y se va de casa. Me pongo a fregar las cosas del desayuno, pero Dani me lo impide.

-Soy yo el que tiene que hacer esto.

-Dani, por favor. No soy inútil. Puedo hacerlo.

-Da igual, pequeña. Me toca a mí, que soy el que vive aquí, y no se hable más.

-Lo que usted quiera, señorito. Pero hoy llevo yo las cosas de la piscina.

-Está por ver, canija.

En ese instante, Dani me agarra por la cintura y me sienta en la mesa. Me pide que no me mueva, que le observe mientras actúa en la cocina. Empiezo a reírme, se acerca a mí y me roba un beso. Le rodeo con los brazos y dejo que me bese como solo él sabe.

Así estamos durante un largo rato, disfrutando de los besos del otro, haciendo feliz a la otra persona. Disfruto del momento, ya que no sé las veces que eso se podrá repetir. Dani es el que me hace feliz, es la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida. Sé que, a pesar de la distancia que nos separa, él será capaz de estar a mi lado, aunque no sea físicamente.

-Dani, nunca había sentido esto por nadie. Eres la primera persona a la que digo te quiero. Y juro hacerte feliz a pesar de la distancia.

-Eres lo mejor que tengo en esta vida, pequeña. Sé que la distancia no nos lo pondrá fácil, pero tú estás aquí dentro, en mi corazón.

-Te amo más que a nada en este mundo y no quiero perderte, Dani.

-¿Mereció la pena sufrir por todo lo que Daniela nos hizo?

-Claro que sí, niño. Porque ella, a pesar de lo que hizo en Jerte para que no estuviésemos juntos, es la que nos ha hecho darnos cuenta de la sinceridad de nuestros sentimientos.

Seguimos hablando de lo que sentimos. En ningún momento apartamos la mirada de la otra persona, ya que, aunque hablamos, nuestras miradas son sinceras. En sus ojos noto que me va a echar de menos cuando me vaya, pero, a la vez, noto que su mirada se muere por retenerme a su lado.

Un rato después, mientras Dani se va a la habitación a cambiarse para ir a la piscina, empiezo a preparar los bocadillos. Al igual que el día anterior, preparo dos para cada uno. Uno de los bocadillos es de jamón con tomate y el otro es de bacon con queso.

De pronto, Dani entra sigiloso a la cocina y me sorprende agarrándome por la cintura. Me pide que me prepare, que él ya ha lo ha hecho y quiere terminar de preparar lo que queda.

-Con una condición, que me dejes cargar con esto hasta la piscina. Ayer lo has hecho tú, y hoy me toca hacerlo a mí.

-Vale, pequeña, lo que quieras. Pero no te quejes de que pesa, porque la tenemos.

-No soy una quejica, espabilado.

-Eres mi quejica, que es lo que cuenta.

-Te amo, enano.

Me voy a mi habitación a cambiarme, a pesar de que no me hace gracia que Dani no me haya dejado terminar. No me gusta que me haga sentir inútil, pero bueno, tengo que aceptarlo, ya que estoy en su casa.

Saco de la mochila dos posibles bikinis para llevarme. Dudo si ponerme el azul o el blanco. Me miro al espejo con ambos bikinis en la mano y decido quedarme con el blanco, puesto que es un bikini que resalta el bronceado que tengo.

Entro al baño a ponérmele y pienso en todo lo que he vivido con Dani. No puedo evitar sonreír. Sé que ha cambiado mi vida y que no sé qué sería de mí si desapareciese de ella.

Varios minutos después, salgo del baño para ir a ponerme el vestido y comprobar que tengo todo lo necesario en la mochila. Nada más entrar en la habitación, me encuentro a Dani sentado en la cama. Pego un bote nada más verle, ya que no me le esperaba.

-Llevo varios minutos esperando aquí, pensé que te había pasado algo en el baño. ¿Estás bien?

-Claro que sí, amor, ¿cómo no iba a estarlo?

-No sé, no sueles tardar mucho en el baño. ¿Pasaba algo?

-Estaba repasando nuestra historia. Desde que te escuché presentarte en la piscina hasta hoy. Y juro que he estado sonriendo como la que más.

-Normal, soy esa chispa que necesitas en tu vida.

-Bobo, no me entretengas, que tengo que terminar de prepararme.

-¿Me echas de la habitación? ¿O quieres que repitamos aquí lo de la cocina?

-Como quieras.

Vuelve a agarrarme por la cintura y, lentamente, nos tumbamos en la cama. Me da un beso en los labios y consigue estremecerme. Sonriente, vuelve a la carga. Esta vez, los besos son mucho más lentos, sensuales. Disfruto estando a su lado. Sus besos me transmiten paz y serenidad y me transportan a un mundo paralelo, en el que solo existimos nosotros dos.

Las cosas fluyen con normalidad hasta que suena el timbre. Por lo bajo, maldigo a la persona que nos ha chafado el momento. Temo que sea alguien conocido, pero me asombro cuando descubro que ha acudido el cartero del pueblo a traer una carta a Dani, que entra a la habitación con una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Y esa felicidad?

-Es una carta de David. Ahora entiendo su insistencia en que le diese mi dirección.

-Espera, me he perdido. ¿David te pidió tu dirección?

-Sí. Me dijo que le apetecía tenerla por si le daba por venir a darme una sorpresa, pero ya veo que esas no eran sus intenciones.

-Ya conoces la manera de ser de David. Muchas veces te pide algo para, luego, hacer todo lo contrario.

-En eso, tú también eres parecida.

Se sienta en la cama y abre el sobre con mucho cuidado para no romperle. Tras abrirle, ve que su amigo le ha mandado varias fotos del campamento. En cada una de ellas, pone una reseña con la intención de que recuerde el motivo de cada foto.

Conseguimos recordar el motivo de cada foto y sonreímos sabiendo que todos esos momentos son únicos e irrepetibles. Esos momentos quedarán, para siempre, grabados en nuestra memoria.

Un rato después, me levanto de la cama para ir a ponerme el vestido. Dani me agarra del brazo y consigue que vuelva a sentarme a su lado.

-¿Se puede saber dónde va la señorita más bonita de todas?

-Iba a vestirme para irnos a la piscina.

-La piscina puede esperar, tú y yo tenemos un trabajito pendiente.

Su sonrisa consigue ablandarme y volvemos a la carga. Esta vez es distinto. Dani empieza a hacerme cosquillas y exijo que esté quieto, que no necesito que me las hagan para reír a carcajadas. Sigue en su línea, sin hacerme caso, pero yo, que soy muy lista cuando quiero, consigo hacerle que pare. Empiezo a atacarle con cosquillas, solo que no consigo sacarle ninguna carcajada. Es más, se pone bastante tan serio que soy yo la que termina riendo.

Hacemos el ganso durante media hora y, de pronto, me escapo de sus brazos para ir a por el vestido. Oigo que pide que vuelva a sentarme a su lado, pero me niego a hacerle caso. No me apetece aguantar otra sesión de cosquillas, ya que, a pesar de que sabe que no lo soporto, le encanta fastidiarme.

Buenas noches, lectores. Quisiera informaros de que a “Prometo no Olvidarme de Ti” no le queda mucho para llegar a su fin. Muchos misterios están a punto de resolverse y espero que os guste.

Aprovecho también para informaros de que, próximamente, empezaré a publicar otra novela, de la cual ya subí el primer capítulo. Espero que, al igual que esta, os guste y os haga transportaros a un mundo diferente.

Muchas gracias por vuestra atención. Atentamente: esta humilde amante de la escritura.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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6 respuestas a Prometo no Olvidarme de Ti. Capítulo 40

  1. Qué interesante, Elena. Estoy deseando leer ese final que nos espera… Seguro que es genial 😉

    Besote!!

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