Prometo no Olvidarme de Ti. Capítulo 38

Me tomo la ducha con toda tranquilidad y, de pronto, descubro que la madre de Dani ha entrado en el baño para coger el cesto de la ropa. Según la veo, doy un pequeño respingo y ella se echa reír.

-No pretendía asustarte.

-No te preocupes –comienzo-. ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Las que quieras.

-¿Desde cuándo tiene Dani esos dolores de cabeza?

-Veo que ya lo sabes. ¿Te lo ha dicho él?

Comento que lo sé gracias al socorrista de la piscina, puesto que él no se ha atrevido a decírmelo, y que eso, en cierto modo, no me importa. Ella me cuenta que se empezó a quejar a mediados de agosto, pero que nadie sabe el origen.

-Espero no preocuparte. Estoy convencida de que se le pasará.

-No es por ser pesimista, pero Dani nos ha pedido a los componentes del grupo que le hiciésemos una promesa y, no sé por qué, pero me da la sensación de que no está convencido de que le remitan…

-Por lo que me ha contado Dani, eres de esas personas que siempre ven la luz al final del túnel.

-Suelo ser así, pero hay ocasiones en las que soy demasiado realista y eso me lleva a montarme muchas películas. Por favor, no me lo tengas en cuenta.

Pasa su mano por mi hombro, me sonríe y me comenta que no me preocupe, que Dani se pondrá bien y podré seguir siendo feliz a su lado, a pesar de distancia. “Eso espero” pienso mientras se marcha del baño.

Al cabo de un rato, Dani me pregunta sobre lo que he estado hablando con su madre, que nos ha oído hablar. Comento que no ha sido nada importante, que la estaba dando las gracias por la hospitalidad que estaba teniendo.

-No soy tonto. Sé que no habéis hablado de eso.

-Según tú, ¿de qué he estado hablando con tu madre?

-De mí y de mis dolores de cabeza.

-Por favor, Dani, ¿por quién me tomas? Sabes que me ha molestado que no me lo hayas dicho tú y me haya tenido que enterar por el socorrista. Pero de ahí a que haya hablado con tu madre de eso, hay un paso grande.

Le doy un abrazo y le pido que no se coma la cabeza por una cosa que no ha sucedido. Tras terminar de darnos el abrazo, me acaricia la cara y me comenta que no quiere perderme por nada, que, si a veces no me cuenta todo, es por miedo a mi reacción. Le pido que sea sincero, que no tiene nada que temer porque trataré de tomarme todo de la mejor manera posible.

-Sé que eso no va a ser así. Lo de mis dolores de cabeza no es que te lo hayas tomado muy bien que digamos.

-Si me lo he tomado un tanto mal es porque me ha molestado que no me lo hayas contado tú, ya te lo he dicho.

-Entiende que tenía miedo de tu reacción. Sé que no te lo hubieses tomado mucho mejor. Aunque mi peor miedo era que, tras contártelo, te volvieses para casa.

-No me habría vuelto, y lo sabes.

Vamos a su habitación. Yo me siento en su cama y él se coloca con la cajita en su regazo. Le pregunto por qué tiene siempre la cajita con él y me contesta que ahí tiene todos nuestros recuerdos.

Cuando se gira para mirar la hora en su móvil, veo que, arriba del todo de la caja, hay una carta escrita con su letra.

-¿Qué carta es esa? Creo que no me lo has enseñado.

-Siempre estás con la cartita a vueltas, maja. Ya llegará el momento de que la leas.

-¿Y cuándo va a ser ese momento?

-No seas ansiosa, peque. Supongo que te la entregue el día antes de irte.

Me acerco a él para tratar de leer lo que pone, pero, tras descubrirme, cierra la caja y me da un beso. Le comento que es una mala persona, puntualizando que es desde el cariño, por no dejarme leer nada.

-Perdona que te diga que la mala persona eres tú, puesto que quieres leerla antes de tiempo.

-Concédeme ese capricho, por favor –comento mientras le pongo morritos.

-¿Te crees guay por ponerme morritos? –pregunta con un tono un poquito burlón.- Pues que sepas que, por muchos que me pongas, no se te va a arreglar.

Le agarro por la cintura y le doy un beso en la mejilla. Éste reacciona girando la cabeza y robándome un pequeño beso en los labios. Me propone salir a dar una vuelta por el pueblo, para airearnos un poco. Acepto y voy a mi habitación a cambiarme de ropa.

Tras mirar la ropa de la maleta, decido ponerme el único vestido que he traído, vestido que no me puse la última noche de campamento por falta de tiempo.

Al cabo de unos minutos, Dani llama a la puerta de mi habitación. Le permito que pase y, tras verme, empieza a sonreír como un tonto.

-¿A qué viene esa sonrisita?

-Estás preciosa, más que de costumbre.

-No sé de qué me sorprende. Siempre me ves preciosa.

Me da un abrazo y le planto un beso en el cuello. Tras eso, le comento si salimos a dar la vuelta que me ha propuesto hace un rato.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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