Sin ganas de nada, pero con ganas de ti.

Hoy me he propuesto sincerarme, decirte lo que siento.

Como a diario, me he levantado a las 6.45 de la mañana. Somnolienta, voy hasta el baño, me lavo la cara y me doy una refrescante y buena ducha. Tras salir de ésta, me pongo una camisa negra con botones, un pantalón vaquero y me dirijo a la cocina.

Allí, como a diario, cojo mi tazón de flores, el brik de leche y el cartón de cereales. Casi de manera autómata, desayuno con la radio puesta en la que recibo una sorpresa. Una persona de mi entorno escribe un correo al programa que escucho durante el desayuno y el trayecto universitario en el tren y pide a los locutores que, sin revelar su identidad, me dediquen mi canción favorita “Call me maybe”, de Carly Rae Jepsen. Empiezo a sospechar quién ha hecho la llamada, puesto que hay muy pocas personas que saben mi peculiar lista de canciones favoritas.

Tras desayunar y recoger lo utilizado, pillo un abrigo de mi armario, recojo la bandolera de mi silla, compruebo que no me falta nada y marcho. Son las 7.20 de la mañana. Es más temprano que otros días, pero bueno, no pasa nada pienso mientras, en el ascensor, trato de desenredar los cascos de mi móvil.

Ya en la Estación de Metro de Fuencarral, no reconozco ninguna cara de las que allí se encuentran. ¿Pensabas que todo el mundo va a salir a la vez que tú de casa? Alguien se acerca a mí y, como va tapado con una bufanda, no reconozco quién es.

-Hola, Adriana

-Vienes tan abrigado que no sabía quién eras. ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Las que tú quieras, pequeñaja

-¿Has sido tú el que me ha dedicado la canción en la radio?

-¿Qué canción?

-Vale, tú no has sido, así que estoy igual que antes.

Extrañado, me pregunta a qué me he referido con mi pregunta. Marcos es de las pocas personas que conoce mi lista de temas, y le comento que alguien me ha dedicado una de mis canciones y se lo he preguntado pensando que era él. Si no ha sido él, ha tenido que ser Richard. Cuando le vea, se lo pregunto.

El viaje en tren transcurre sin incidentes y, sonriente, pregunta porqué he cogido ese tren, que se le hace raro haberme encontrado, cuando nunca solemos ir juntos en el tren. Le explico que, como no tenía nada que hacer en casa, he salido pronto de allí.

A los pocos minutos, me llega un mensaje de texto al móvil. Es de Richard y me comenta que le busque en la cafetería cuando llegue a la facultad, que tiene que exponerme un par de dudas respecto al examen de Contabilidad que tenemos el viernes. Le respondo que llegaré más pronto que otros días, pero que se las resuelvo sin ningún problema.

Nos bajamos en la parada correspondiente a nuestro campus y me dirijo a la cafetería. Él me pregunta hacia dónde me dirijo, que voy en dirección a la cafetería y que soy de las pocas personas de clase que no suele acudir allí.

-Me ha pedido Richard que le resuelva un par de dudas.

-Bueno, ya sabes lo que pienso de él.

-No te preocupes. Espero que solo quiera eso.

Le sonrío y, nerviosa, acudo al punto de encuentro. Me está esperando en la puerta y, cuando me reúno con él, me pregunta si me ha gustado la sorpresa. Comento que me ha encantado y que, no sabía porqué, me suponía que la sorpresa era suya.

Nos sentamos y me expone las dudas que tiene. Se las resuelvo a la vez que pienso que esas dudas esconden algo más. Nada más terminar, comento que me voy a subir a clase, que quiero estar en la explicación de la última parte del tema que queda de Contabilidad.

Subimos juntos las escaleras, porque decide acompañarme hasta clase, aunque comenta que él no se va a quedar, que se baja a la Biblioteca a repasar el examen de Inglés. Ya en la puerta de clase, me da un beso en la mejilla y se va.

Marcos ha sido testigo del beso que me ha dado y comenta que no entiende cómo puede comportarse así.

-No seas así de duro.

-¿Por qué me pides que no lo sea?

-No es tan mala persona como piensas.

-Si no te digo yo que sea mala persona, solo que no soporto que sea así, que te coma los mocos y a los pocos minutos, ignore lo que le dices.

Le acaricio la cara y entramos en clase. Nos sentamos juntos, como solemos hacer a diario y, al poco de empezar la clase, descubro que me está agarrando la mano. Le miro y le sonrío en el mismo instante en el que me empiezo a montar películas, puesto que mucha gente que nos conoce, entre las que se encuentra mi gran amiga Belén, piensa que haríamos buena pareja.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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