Prometo no Olvidarme de Ti. Capítulo 36

Vamos andando hacia la piscina. Yo me encuentro un poquito enfadada, debido a que Dani se ha empeñado en llevar las provisiones de comida y bebida. Comenta que ha preparado dos bocadillos para cada uno, todo por si acaso nos entra el hambre a la hora de merendar.

A mitad de camino, digo que en su pueblo hace mucho calor, puesto que yo no estoy acostumbrada a “aguantar” treinta y muchos grados en los primeros días de Septiembre.

-¿Dejarás de protestar en algún momento?

-Dani, cariño, yo no protesto, solo comentaba el calor que hace aquí.

-¡Ya! Y yo, cariño, te digo que estás protestando. Pero bueno, haré lo de siempre, aguantar todo lo que digas, que no será poco.

-Me estás atacando, y sabes que tengo respuesta para todo.

Echa a reírse y dice adorarme cuando me pico con él, que le encantan mis “respuestas para todo” y comenta estar convencido de que nadie nos va a separar. Tras Dani decir eso, trato de no ausentarme, pero mi conciencia sigue obsesionada con las paranoias que me llevan acechando desde que he llegado a su pueblo.

 

-En ese instante, de camino hacia la piscina, narra Dani-

Desde que Elena ha llegado, la noto cambiada en algún sentido. La veo obsesionada con esas películas que se monta en la cabeza. Sí, la promesa que ellos me han hecho tiene su significado, llevo unos días quejándome de unos dolores de cabeza que no son normales. Se lo he comentado a mis padres y, tras hacer una visita al médico, nadie se explica a qué se deben esos dolores de cabeza. Creo que cada día que pasa les noto más fuertes, pero tengo la esperanza de que terminen remitiendo. Mi madre les achaca a los nervios de la visita de Elena. Puede que tenga razón, ya que nunca me ha pasado, pero creo que es algo más raro, ya que éstos cada día son algo más fuertes.

-Dani, te noto ausente –comenta ella-.

-Tranquila, no es nada. Solo pensaba.

-¿En qué? Porque, no sé cómo ni por qué, desde que te he dicho lo de que me estabas atacando, parece que te has “bajado” de este mundo.

-Nena, sabes que no es nada. Es lo mismo que te pasaba a ti anoche cuando pensabas en tus cosas.

-Si quieres, cuéntamelo. Yo te conté mi paranoia. Pero, si no quieres decirme nada, lo respeto.

No sé porqué, pero tengo miedo a que Elena se enfade si la cuento mis dolores de cabeza. Empiezo a montarme mi propia película sobre las posibles reacciones que puede tener ella si se lo cuento.

Reacción número 1: se lo toma tan tranquila, pidiéndome que me relaje, que seguro que se me pasa.

Reacción número 2: se enfada porque no se lo he contado y decide marcharse antes de tiempo, pero no la dejo porque una circunstancia fatal lo impide.

Reacción número 3: no se enfada ni pone caras raras, aunque, sin decirme nada, la comenta a mi madre si puede llevarla a la estación sin que yo me entere.

Tras valorar los pros y los contras de cada reacción, decido no contarla mis dolores de cabeza, no por miedo a que se enfade o que se vaya, si no por temor a que se quede y no quiera saber nada de mí.

Llegamos a la piscina y empezamos a darnos crema. Propone que me tumbe primero para echarme crema por la espalda, con masaje incluido. Al principio me niego, solo por picarla y que me diga que se enfada conmigo, pero, tras enfurruñarse un poco, decido tumbarme y que me dé el masaje. Mientras me da el masaje, trato de relajarme y pensar lo menos posible en mis dolores de cabeza y disfrutar de ella, a pesar de tener ese dolor de cabeza constante.

 

-En esa piscina de ese pueblo de Cáceres, narra Elena-

Le doy la crema con masaje incluido y durante éste, Dani se echa una pequeña cabezada. Cuando termino, me da un beso y comenta que le encantan mis masajes y éstos son lo que más ha echado de menos durante el mes que hemos estado separados.

-Es decir, a mi no me has echado de menos.

-A ver, no me has entendido, he extrañado tu presencia, es cierto, pero los masajes que das son tan buenos que nadie los da mejor que tú.

Le robo un pequeño beso y le pido que me dé el masaje correspondiente, que no piense que voy a quedarme sin masaje. Me tumbo y empieza a dármele, haciéndome cosquillas y, cada vez que me las hace, me quejo, pero me da igual, ya que me las sigue haciendo con más frecuencia.

-Dani, no seas así. Sabes que puedes darme el masaje sin hacerme cosquillas.

-Me encanta picarte, no sé de qué te sorprende.

-No es que me sorprenda, es que sabes que no me gusta. Así que ya sabes, sí quieres terminar de dármele sin que me levante, deja las cosquillas para otro momento.

-Bueno, vale, dejaré de hacerte cosquillas.

-Por la cuenta que te trae.

Termina de darme el masaje sin volver a hacerme cosquillas, porque, según él dice, odia que esté ausente y “enfadada” con él.

Tras el masaje, decidimos darnos un baño, con la intención de comer con el cuerpo fresquito. Yo soy la primera en tirarme, tratando, en la medida de lo posible, de que Dani haga lo mismo. Me pide calma, que necesita su tiempo para sumergirse. Comento que, durante el campamento, solía tirarse antes que yo. Empieza a reírse, diciendo que esos días eran distintos y que ahora es incapaz de sumergirse con rapidez.

-¿Te estás quedando conmigo?

-Para nada. ¿Por qué?

-Porque en un mes la gente no cambia tanto como lo has hecho tú. Esto tiene algo que ver con la promesa, ¿cierto?

-No, y lo sabes.

En ese instante, le salpico con todas mis fuerzas para que se meta con la mayor brevedad posible. Se mete y empieza a seguirme para intentar hacerme una aguadilla. Me abrazo a él para que no lo consiga, pero mis esfuerzos son en vano porque me hace cosquillas para que me suelte de su cuerpo y hace que me sumerja en el agua. Le doy un pequeño golpe en el brazo, con lo que consigo que se enfurruñe conmigo y empiece a seguirme para hacerme otra aguadilla.

A los pocos minutos, me impulso en el bordillo para salirme del agua. Me pregunta qué hago y le contesto que tanto hacer el tonto en el agua, ha hecho que me entre el hambre.

-¿No quieres quedarte un poco más?

-No me apetece, si te parece volvemos después de comer.

-Eso está por ver.

Sale detrás de mí, pero con una diferencia, que él se acerca hasta las escalerillas más próximas para salir, ya que dice que no le apetece hacer fuerza para salir impulsándose por el bordillo. El socorrista de la piscina nos ve y empieza a meterse con Dani diciéndole que nunca cambiará, que, a pesar de los dolores de cabeza que ha tenido a finales de agosto, sigue siendo el mismo chico travieso de siempre.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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