Prometo no Olvidarme de Ti. Capítulo 35

A pesar de lo que le digo, no le convenzo del todo, ya que comenta que, pase lo que pase, no se alejará de mí, que estará a mi lado, protegiéndome. Trato de pedirle que no diga eso, que no va a dejar de hablar conmigo, que nos queda mucho por hacer juntos.

-¿Y si eso ocurre? ¿Si no podemos estar juntos por más tiempo?

-Dani, por favor, no quiero que digas eso. Hazlo por mí, disfrutemos juntos, que para eso he venido.

-Lo haré por ti, pero solo porque me lo pides.

Se tumba en mi cama y me acurruco en su pecho, a la vez de que él empieza a juguetear con mi pelo. Al poco rato, dejo de juguetear con la mano que tiene libre y Dani, cuando se da cuenta, me acomoda en la cama, me da un beso y se va.

De pronto, Dani y yo estamos bajo la sombra de nuestro árbol, en el momento que Daniela le grita que se vaya con ella. Éste me mira, me da un beso y hace ademán de levantarse, pero yo, al querer que se quede conmigo, le agarro las manos para que no se vaya. Como decide quedarse a mi lado, Daniela se acerca a mí y me exige que le deje marchar, que Dani no quiere saber nada de mí, alegando que nunca conseguiré hacerle feliz. Sobresaltada, me despierto sin saber donde estoy. Trato de pensar como he acabado en esa cama, hasta que me doy cuenta de que estoy en Cáceres, en casa de Dani. Cuando consigo darme cuenta de donde estoy, me pongo a buscar el móvil con la intención de mirar la hora. Son las 4.15 de la madrugada, por lo que intento volver a dormirme. Tardo en conciliar el sueño, ya que el recuerdo del árbol, “nuestro” árbol, hace que las lágrimas aparezcan por mi cara.

Ya por la mañana, a eso de las 9.15, me levanto y voy lentamente hacia la habitación de Dani. Como le oigo tarareando una de nuestras canciones, llamo un par de veces a su puerta y abro.

-¡Qué madrugadora! ¿Has descansado bien?

-No mucho, la verdad. Es cierto que he tenido un mal sueño en el que, por no sé qué vez, aparecemos tú y yo en nuestro árbol.

-Y aparece Daniela, ¿me equivoco?

-Para nada. Ella aparece con la intención de que te vayas con ella.

-No te preocupes, solo es, como tú dices, un mal sueño.

Me acaricia la cara y me pide lo mismo que la noche anterior, que trate de disfrutar al máximo de su presencia. Comento que es lo que intento hacer, solo que, en ocasiones, me cuesta, puesto que sigo con la idea de que pasará algo que haga que nos separemos. Él cree que estoy obsesionada, que me estoy montando mi propia película sobre la promesa, que, aunque me ha explicado su significado, no me fío de sus palabras.

-¿Vamos a desayunar? –pregunto-. Tengo hambre.

-Vale, ya somos dos.

Me da un beso y vamos de la mano en dirección a la cocina, mirándonos y diciéndonos que nos queremos. Mientras desayunamos, le comento que no entraba en mis planes venir a verle y pasar unos días en su casa. Dani responde que esa idea le surgió de repente, que, a pesar de que no creía que en el campamento iba a conocer a alguien que le cambiase la vida, sus sentimientos hacia mí son tan fuertes que no podía permitir que no volviésemos a vernos en persona.

-Cambiando de tema, ¿qué hacemos hoy? ¿Te apetece ir a la piscina?

-Vale, el plan no está nada mal, pero, ¿qué vamos a llevar para comer?

-Creo que con unos bocadillos y unas botellas de agua para que no nos dé un “chungo”, es suficiente.

-Ahora les preparo, así que ya sabes, prepárate.

-Reconozco que me das miedo ahora que te vas a preparar la comida.

-¡No me tientes, que me la preparo solo para mí!

Le robo un beso acompañado de una sonrisa pícara y me dirijo, relativamente deprisa, hacia mi habitación con la intención de prepararme. En la maleta tengo tres bikinis y estoy dudando sobre cual ponerme. Termino decidiéndome por el morado, ya que recuerdo que ése es uno de sus colores preferidos, aparte de que es el que me he estado poniendo durante el verano y con el que tengo perfectamente definida la marca del bronceado que tanto dice gustarle. Me tomo mi tiempo para prepararme hasta que descubro que está apoyado en la puerta, mirándome embobado.

Se acerca a mí y me dice que el traje de baño me queda genial, a lo que respondo que su opinión no me resulta sorprendente, ya que estoy convencida de que le gusto hasta llevando puesto un saco de patatas. Se echa a reír y me mete prisa, ya que quiere encontrar un buen sitio en la piscina, alegando que a la gente de su pueblo, a pesar de estar en Septiembre, le encanta aprovechar los últimos resquicios del verano, la estación favorita de mucha gente.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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