Un día en la playa

Hola, fieles lectores, no sé si sabréis que a mí me encanta la playa. Pues os voy a mostrar un pequeño relato que he escrito hace un rato, tras relajarme después del día de playa.

 

Hoy, como un día normal, me he animado a ir a la playa. Me preparo algo de comer y, como no hace mucho calor, me he animado a ir andando con la intención de disfrutar de los bellos paisajes de mi adorada región, Cantabria. Tranquilamente, he bajado la cuesta de mi casa con la música puesta.

Ya en el centro, un compañero de clase, Alberto, se acerca a mí dándome un pequeño susto. Me saluda y me da dos besos. Tras preguntarle por su verano, me comenta que, después de hacer la preinscripción en la Universidad, le han admitido en la Carrera de Grado que él quiere hacer.

-No sabes cuánto me alegro. Tenías buena nota, sabía que entrarías a la primera.

-Estoy bastante contento con que me hayan admitido, aunque has de reconocer que esa nota me ha ayudado bastante. Y a ti, ¿te han cogido?

-A mí también me han cogido, así que ninguno de los dos estaremos solos el primer día.

-Me alegro mucho, Daniela.

Vamos andando tranquilamente, a la vez que hablamos y disfrutamos del camino. Nos ponemos a hablar del tiempo tan extraño que está haciendo durante lo poco que llevamos de verano. Trato de seguir su conversación, haciendo caso a lo que me dice e intentando contestar cosas que tengan que ver con el tema de conversación que estamos teniendo.

-Te estoy notando rara. Llevas un rato un tanto… ausente. ¿Te pasa algo?

-No, tranquilo, no es nada importante. La única “preocupación” que tengo es que sigo sin creerme que no vaya a estar sola en la Universidad.

-Y, aunque yo no estuviese en esa carrera, no iba a dejarte sola, porque de no haber conseguido entrar en el Grado en Económicas, se habría metido a hacer Grado en Administración y Dirección de Empresas.

-Aunque reconoce que no sería lo mismo. Pero bueno, me tendré que hacer a la idea de que es mejor conocer a alguien.

Estamos hablando de muchas cosas, la mayoría sin importancia. De repente, noto como su mano se acerca sospechosamente a la mía, llegando incluso a que su dedo roce la palma de mi mano. Según lo noto, le miro y le sonrío. Empiezo a pensar que me gustaría que me la agarrase y no me la soltase nunca. Llegamos a la playa de El Camello, que es donde suelo pasar los días en los que hace bueno.

-Bueno, aquí me quedo. Ya nos vemos otro día.

-Si quieres, puedes venirte a El Sardinero, no he quedado con nadie.

-Vale, voy contigo. Espera, que se lo digo a mi prima, y tiramos hacia La Primera.

Aviso a mi prima, no sin ésta chancearse de mí preguntándome si Alberto es algo más que mi amigo. La comento que esa noche la mando un mensaje privado en el Tuenti y la cuento. Empieza a reírse de tal manera que sospecho que no se va a quedar tranquila con lo que la cuente por la noche.

Ya en El Sardinero, buscamos un sitio para dejar las cosas. Me echa crema en la espalda dándome un masaje y haciéndome cosquillas hasta hartarse. Me enfado con él y le hago un pequeño chantaje para que me deje de hacer cosquillas. Termina con mi crema y le doy un pequeño masaje con su crema. Tras terminar con la crema, me dispongo a comer lo que me he traído. Alberto no entiende que traiga comida en tupperware.

-Prefiero venir con esto, ya que comer bocadillos a diario no me va mucho. Eso sí, aunque te moleste me da igual.

-No me molesta, solo que se me hace extraño. A ninguna persona de las que conozco le he visto traer tuppers a la playa.

-Dicen que siempre hay una primera vez para todo.

-Eso es cierto, también la hay para decir a la persona que te gusta lo mucho que la quieres.

-Ahí te doy la razón.

Con la misma, y sin dejarme terminar de comer, me agarra la cara con sus manos y me da un beso inesperado. Le pregunto a qué ha venido el beso y me dice que, después de mucho intentarlo, ha conseguido mostrar su sentimientos a la persona a la que quiere.

-¿Cómo?

-Sí, te quiero desde hace tiempo, pero no me he atrevido a decírtelo, a pesar de que lo he intentado.

-Yo también te quiero, Alberto, pero nunca me he imaginado que tú sintieses lo mismo.

-Pues ya lo sabes, quiero que estés a mi lado en todo momento.

-Para siempre, Alberto, ahora que te he conseguido, no quiero perderte.

Durante toda la tarde, estuvimos haciendo el tonto, sin separarnos en ningún momento. Promete hacerme feliz sin pensárselo dos veces. Intento que deje las palabras y que vaya a los hechos. Acepta que le diga lo que tiene que hacer, a pesar de que nunca le ha gustado.

-Este día ha sido el mejor de mi vida.

-Y el de la mía. Venga, sigamos disfrutando de la tarde.

-Te quiero, Daniela.

-Yo también, no quiero que esto termine.

-No tiene porqué pasar.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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2 respuestas a Un día en la playa

  1. ele eme efe dijo:

    Gracias por tu comentario!! Me encantado asi poder descubrir tu blog y leerte!! Un besito!!
    http://buscandoformaalasnubes.blogspot.com.es/2012/07/luna-de-miel-en-seychelles.html?showComment=1343683061074

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