Prometo no Olvidarme de Ti. Capítulo 34

Cuando me dice lo de su “cajita de recuerdos”, empiezo a plantearme varias paranoias.

Paranoia número 1: a Dani le han dicho que su vida se termina y ha querido que venga para aprovechar sus últimos días a mi lado.

Paranoia número 2: Dani no soporta la distancia que hay entre nosotros y, para evitar pasarlo mal, quiere venir a vivir conmigo y quiere comprobar cuál es nuestro nivel de convivencia.

Paranoia número 3: Dani se muda a otra ciudad y no se ha atrevido a decírmelo por teléfono y quiere decírmelo a la cara para conocer mi reacción.

En ese instante, éste me pregunta qué me pasa, que me encuentra ausente desde que hemos vuelto de su habitación.

-No te preocupes, pensaba en todo lo que hemos pasado desde que nos conocemos.

-Sé que no es eso, hay algo que te hace pensar que te he hecho venir por algún motivo en especial, que no te he dicho de venir solo porque estemos juntos.

-Vale, tienes razón. Desde que todos te hemos hecho la promesa, he empezado a pensar sobre la razón de que en este momento esté aquí, en tu casa.

Él me pregunta sobre lo que he pensado, que sea sincera y que no me corte con eso, ya que asegura no enfadarse con nada de lo que le diga. Empiezo a decirle que pienso que se va a ir a otra ciudad y que solo podremos saber el uno del otro cuando hablemos por el tuenti. Me dice que eso no es verdad o, al menos, sus padres no le han dicho nada.

-Dani, no soy tonta. Que nos hayas hecho prometerte una cosa a todos, ha de tener un significado.

-Sí, que no quiero que os olvidéis de mí ni de todo lo vivido en el campamento.

-Por favor, deja de mentir. No se te da bien.

-Piensa lo que quieras, pero no me voy a mudar de ciudad.

-Siento parecer borde, pero creo tener razón en lo de que va a pasar algo, aunque el que te mudes de ciudad haya sido un ejemplo tonto.

Me da un abrazo para que me tranquilice, puesto que ha habido algo que me ha hecho deprimirme un poco. Dani quiere que disfrute al máximo de su presencia y que, por ningún motivo, quiere que esté pensativa, intranquila o, simplemente, ausente.

Al cabo de un rato, decidimos acostarnos, a pesar de que quiero seguir un rato hablando con él. Me tumbo en su cama y se sienta a mi lado, no sin antes coger su “cajita de recuerdos”. Según éste se sienta en su cama, me incorporo y trato de fisgar algo de lo que tiene ahí dentro.

-¿Qué haces?

-Fisgar, ¿o no piensas dejarme?

-No, solo quiero que te la lleves en el caso de que me pase algo.

-Dani… No seas así, déjame ver las fotos que tienes, aunque no vea lo que tienes puesto detrás.

-Bueno, vale. La mayoría son fotos que nos hicimos durante el campamento.

-¿Sólo fotos? Creo que he visto una carta…

-No te la voy a dejar leer.

-En ningún momento te he pedido que me dejes leer la carta, solo quiero fisgar las fotos.

Me da un beso para evitar que me enfurruñe. Al poco rato de estar hablando, decide tumbarse en la cama y yo lo hago a su lado. Seguimos hablando un rato más hasta que, de pronto, tras hacerle una pregunta, no me contesta. Empiezo a asustarme poniéndome en lo peor. No puede aguantar mucho rato sin hablarme, ya que empieza a reírse y me comenta que le apetecía darme un susto.

-¿Tú eres consciente de lo que haces?

-Perfectamente. Quería saber tu reacción.

-Definitivamente, te odio.

-Nunca lo has hecho y jamás lo conseguirás.

-Olvídame. Ahora, me voy a dormir, no quiero que hoy me des más sustos.

-No tenía pensado hacerlo, pero bueno, seguro que estás cansada del viaje.

Me da un beso largo y salgo de su habitación, no sin antes preguntarme si recuerdo donde se encuentra la habitación en la que me voy a quedar. Giro mi cabeza y le sonrío mientras me alejo por el pasillo.

Ya en la cama, me ovillo hacia un lado y, cuando ya estoy a punto de coger el sueño, noto que la puerta se entreabre y alguien entra en la habitación. Ese alguien es Dani, que se sienta a mi lado, supongo que con la intención de verme dormir.

Le oigo susurrarme al oído que se ha dado cuenta de que me tiene que explicar el significado de la promesa que le he hecho, que no quiere que me ausente por nada, aunque dice encontrarse convencido de que el significado de la promesa hará que, en cierto modo, me enfade. Discretamente, trato de poner mi mano en sus piernas, intentando que piense que lo he hecho porque me muevo mientras duermo, aunque éste se da cuenta que estoy despierta y trata de preguntarme algo para que le responda.

-Vale, me has pillado. Estaba a punto de dormirme cuando has entrado, así que explícame el significado de la promesa.

-Espero que no te enfades, que trates, en la medida de lo posible, de entender el porqué de que me hayas tenido que hacer la promesa.

-Bueno, desembucha.

-A ver, reconozco que no sé cómo empezar. Sé que me vas a decir que por el principio, pero temo que te enfades.

-Dani, al grano. Que no pienso permitir que estés toda la noche aquí, hablando conmigo, ya que te recuerdo que hoy he llegado de un viaje largo.

Él dice que tiene cierto temor a lo que pueda pasar al día siguiente, ya que conoce casos de estar un día hablando con una persona tan normal y, de pronto, al día siguiente, enterarse de que ha sufrido un accidente o, por desgracia, nos deja sin avisar. Le comento que eso no va a pasar, que no quiero que me deje, que quiero disfrutar de su amistad más de lo que he disfrutado a su lado durante el campamento.

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Acerca de Elena Ramos.

Soy una chica amante de la escritura y de la lectura. Me gusta conocer gente con la que compartir mis gustos
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